El anuncio llegó con la solemnidad de las grandes decisiones: a partir de ahora, solo las mujeres biológicas podrán participar en disciplinas femeninas. La resolución, comunicada desde la sede en la localidad suiza de Lausana, marca un giro drástico en la política de inclusión deportiva que el propio COI había defendido durante la última década.
La medida llega tras un largo periodo de controversia, en el que varias federaciones —desde la natación a la halterofilia— habían adoptado normas restrictivas hacia las deportistas trans. El nuevo criterio unifica ese enfoque y lo eleva a norma olímpica, acabando con años de interpretaciones dispares entre federaciones internacionales.
Durante años, el deporte ha sido el campo de batalla donde se enfrentan la igualdad de oportunidades y la equidad biológica. Casos mediáticos como el de la atleta sudafricana Caster Semenya o el de la nadadora Lia Thomas dividieron a atletas, expertos y aficionados.
Uno de los nombres que más ha marcado el debate reciente es el de Imane Khelif, la boxeadora argelina que compitió en la categoría de 66 kg en los Juegos de París 2024. Aunque medios y redes difundieron masivamente que se trataba de una atleta transgénero, el COI y varios análisis periodísticos desmentían esa versión: según el expediente olímpico, Khelif es mujer biológica y siempre ha competido en categorías femeninas.
En el ring, su rendimiento fue espectacular: ganó todas sus peleas en París y se alzó con la medalla de oro en boxeo femenino, convirtiéndose en la primera argelina que logra el oro olímpico en esta disciplina.
El caso de Khelif se convirtió en símbolo de la tensión entre la vigilancia hormonal, la "feminidad" percibida y la seguridad en la competición, forzando al COI a revisar desde abajo los criterios de elegibilidad.
Con esta decisión, el COI defiende que la biología debe prevalecer sobre la identidad de género en la alta competición. Según el comunicado, el objetivo es "mantener la justicia deportiva y la integridad de las competiciones".
La respuesta no se hizo esperar. Asociaciones de atletas celebraron la medida como una victoria por la "limpieza" en la competición, mientras que colectivos LGTBI la calificaron de "retroceso histórico" en materia de derechos e inclusión.
Algunos deportistas temen que la decisión genere un vacío regulatorio para quienes no encajan en las categorías tradicionales.
Más allá del debate ético, el impacto será tangible. Las federaciones tendrán que revisar sus reglamentos y ajustar criterios de clasificación, lo que podría dejar fuera a atletas que ya han competido al máximo nivel.
El COI, por su parte, se enfrenta al reto de gestionar las consecuencias políticas y mediáticas de una medida que, aunque busca preservar la igualdad competitiva, amenaza con abrir una nueva era de divisiones dentro del deporte mundial.