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Mumbrú lleva a Alemania hasta el título europeo

Alemania, vigente campeona del mundo, se coronó por segunda vez en su historia como reina de Europa tras vencer en Riga a Turquía (83-88) tras un enfrentamiento muy igualado en el que supo gestionar mejor los instantes finales con la aportación decisiva del talentoso base Dennis Schroder, elegido mejor jugador del torneo.

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Madrid |

Mumbrú lleva a Alemania hasta el título europeo | EFE

El estímulo de ganar por primera vez el torneo en su historia, donde el mejor logro hasta la fecha era la plata como anfitriones en el 2001, hizo que los turcos salieran desatados. Fluidos en el lanzamiento exterior, deseosos de intentar marcar el ritmo del partido, saltaron a escena con un parcial de 13-2 elaborado por tres de sus puntales; Shane Larkin, Cedi Osman y Alperen Sengun. No se intimidó un rival que tiene por costumbre no perder la calma en ninguna situación, virtud que acompaña a los que, con motivos suficientes, confían mucho en sí mismos. Por ello no tardó demasiado en equilibrar el marcador gracias a Isaac Bonga, secundario de lujo que llegó con el botiquín para suturar la herida con siete puntos seguidos dentro de un parcial de 1-12. Sin nadie capaz de despegarse, a pesar de que Alemania dominaba claramente el rebote y repartía más asistencias, se firmó una tregua que acompañó hasta el final del primer cuarto (22-24, m.10).

Volvió mejor al parqué el equipo de Álex Mumbrú, pero un parcial de 8-0 de los de blanco les agarró cuando intentaban alzar el vuelo. Y entonces llegó Sengun. El pívot otomano de los Houston Rockets, que en este Europeo ha osado sentarse en la mesa de Doncic, Jokic o Giannis Antetokounmpo, entró en trance para clavar doce puntos seguidos. Le siguieron Osman y Adem Bona, dejando el resultado al descanso en 46-40 para los suyos. En dos minutos y medio desde la salida de los vestuarios, con un 3-10, los alemanes ya habían contrarrestado la desventaja y navegaban de nuevo parejos a su oponente. La dinámica no se alteró ni siquiera cuando un robo de Larkin a Tristan Da Silva, seguido de un triple de Osman, a esas alturas ya con 20 puntos, devolvió el +6.

Dos triples -apartado en el que firmaron 5 de 8 en el tercer acto-, uno del propio Da Silva y otro de Johannes Thiemann, que además remató con un palmeo posterior, no solo anularon la desventaja sino que le dieron la vuelta al resultado. La consecuencia es que, a la media hora, todo estaba casi como al principio (67-66, m.30). Sin embargo la sensación era que los hombres clave de Turquía estaban funcionando mejor que los de Alemania. Sengun, Bona y Osman; autores de todos los puntos de su equipo durante los 13 minutos posteriores al descanso; eran un quebradero de cabeza, especialmente el primero, que a pesar de acumular tres personales al filo del descanso seguía bailando en la pintura mientras sumaba más de 20 puntos con uno y medio jugado del cuarto decisivo.

Ni con esas temblaron los alemanes. De nuevo con dos triples, uno de Andreas Obst y otro de Isaac Bonga, se pusieron al frente en un momento delicado, a menos de tres y medio para la conclusión. Kenan Sipahi, también desde fuera, apagó el incendio y a falta de dos minutos, ambos estaban igualados a 79. Larkin, con dos libres y una penetración, dejó en nada el triple de Daniel Theis para poner a los suyos uno arriba a falta de uno y medio. El contexto reclamaba héroes y ese papel lo asumió gustoso, con su proverbial sangre fría, Dennis Schroder. Una entrada a canasta y un tiro de media distancia, con un fallo bajo aro de Sengun entre medias, impulsó a los suyos hasta los tres de renta favorable. No contento con eso capturó el rebote posterior al triple con el que buscaba Sengun el empate, rascando dos tiros libres que no falló para rematar la faena y prolongar la edad de oro del baloncesto alemán, que ya dominaba el mundo y ahora hace lo propio con su continente, sin haber perdido ni un solo partido en todo el torneo.

Álex Mumbrú, el español que defiende el legado alemán

La selección alemana ha logrado en Riga el título de campeona de Europa y con ello también su técnico, el español Álex Mumbrú, que llegó en el mes de agosto del año pasado para recoger la excelente herencia de dejada por Gordon Herbert y que ha culminado de manera inmejorable su primer torneo. El éxito de Mumbrú queda en los libros de historia ya solo por el mero hecho de salir campeón. Pero tiene cabida en un par de capítulos más; pues es el primer entrenador nacido en España que gana un Eurobasket después de que los cuatro títulos de 'La Familia' fueran de la mano del italiano Sergio Scariolo, y también como uno de los pocos que lo levanta como jugador y luego en la banda.

Y todo ello en circunstancias muy particulares, porque las cámaras no han podido mostrarle tanto como suelen hacer con todos aquellos que ocupan su posición al pasarse la mitad del torneo alejado de las pistas y la restante a la sombra en un segundo plano mientras daba la cara su ayudante Alan Ibrahimagic. Detrás de ello no ha habido voluntad propia, sino una infección aguda que le llevó a estar hospitalizado en la ciudad finlandesa de Tampere, donde el equipo disputó la primera fase, y posteriormente a alejarse de la frenética actividad que entraña hacerse cargo de una pizarra durante los partidos.

A pesar de ello Alemania ha sido capaz de dar una brillante versión de sí misma; quedándose a las puertas de los cien puntos de media (99.9), y siendo el segundo con mejor porcentaje de tiro de campo (51.7%), el segundo más reboteador (39.7), el segundo más taponador (4.1), y el segundo que menos balones ha perdido (10 por partido). Esas estadísticas no son sino el reflejo de un trabajo muy bien hecho que ha llevado a los germanos al mejor momento de su historia. Así, tras ser medallistas de bronce en la edición anterior fueron capaces de proclamarse campeones del mundo en el 2023 y de acabar cuartos en los Juegos Olímpicos de París 2024. Esa 'patata caliente', por lo elevado de las expectativas, fue la que recogió Mumbrú. Y en su primera puesta en escena en una competición ha demostrado que, cuanto menos, puede mantener el nivel.

A sus 46 años y en su estreno con un equipo nacional, tras pasar por el Bilbao Basket y el Valencia Basket, el catalán ha hecho creer a los que dudaban dentro de una competición en la que los favoritos se han ido para casa en cuanto han dado ligeras muestras de relajación. Con pleno de victorias, ganando todos los partidos hasta los cuartos de final de 19 puntos o más, y exhibiendo un excelente baloncesto colectivo en contraposición a selecciones que se apoyaban sobre las espaldas de titanes como Luka Doncic o Alperen Sengun; puede irse con la cabeza alta y una visión optimista para lo que viene.