La edad de oro de la historieta española se inició en una época en la que la radio tenía restricciones y el cine se limitaba a los sábados. En este contexto, la industria del tebeo floreció, publicando héroes y aventureros que aún perviven en la memoria colectiva. Personajes como Roberto Alcázar y Pedrín, El Capitán Trueno, y, especialmente, El Guerrero del Antifaz, se convirtieron en fenómenos de masas. En su momento cumbre, el cómic de Manuel Gago llegó a vender 200.000 ejemplares y se mantuvo en los quioscos durante 22 años, demostrando el poder de estas historias para conectar con el público.
Hubo un tiempo en que no existían los conceptos de "cómic" o "novela gráfica"; simplemente se le llamaba "tebeo". Era un género que funcionaba como un amigo que se pasaba de mano en mano hasta desgastarse, formando parte de la infancia de generaciones enteras.
El mercado actual del cómic vive una etapa de gran efervescencia. Sin embargo, surge la pregunta de si es un "boom" o un "atasco", dada la inmensa cantidad de novedades que llegan a las librerías cada año. Los cómics españoles, europeos y americanos, si se encontraran en un bar, se distinguirían por su carácter distintivo: el español, anclado en su tradición de autores, el europeo, con un enfoque más autoral y el americano, dominado por los grandes géneros de superhéroes y la producción industrial. El reto actual del cómic español es mantener su identidad y conectar con nuevos lectores en un mercado global saturado.