lobo al acecho

Los jóvenes Z volverán al mamotreto, y a expresiones de las buenas. Aún hay esperanza más allá de los augurios de la OCDE.

Aullado de otra manera: no es cuestión de nostalgia sino de lo que siempre se ha dicho: sentir la vida real antes que la virtual. Esto es: desvirtualizar su propia generación para encontrarle las virtudes al mundo real, es decir al que pesa como un mamotreto.

ondacero.es

Madrid |

Aunque pueda parecer extraño… El día en el que más cerca estamos de rozar el pasado desde la 2 guerra mundial, llevar el futuro en la mano empieza su cuenta atrás: la pérdida de encanto.

He acechado atentamente a las novedades preotoñales y a la presentación del nuevo teléfono de Tim Cook.

Se promete un teléfono que casi flota y que lleva el futuro incorporado… La palmatoria nueva de Apple promete una ligereza que fue contrastada en la brújula de Latorre con la evolución del tamaño de estos terminales a lo largo del tiempo. Y se hizo en términos muy recomendables mientras Ignacio Rodríguez Burgos daba las primicias.

"Cuanto más mamotreto es: Mejor."

Frente a los que crecimos con el mamotreto, los actuales nativos digitales que empiezan a dar un paso para atrás y prefieren la vida en camioneta en vez de en metro supersónico según Gad3.

Cada vez más jóvenes de la generación Z (los nacidos entre 1996 y 2012) sorprenden al recuperar costumbres de sus abuelos. Prefieren planes diurnos, el ocio al aire libre y la autenticidad.

Y ahí está. Los jóvenes Z volverán al mamotreto, y a expresiones de las buenas. Aún hay esperanza más allá de los augurios de la OCDE. Empieza a notarse que esta generación recupera tradiciones de sus abuelos y de las pandillas.

Hoy atisbo. Hay un atisbo de LO DE ANTES. De lo bueno de lo de antes. Redescubrir el arte de vivir como entonces pero con todo lo que se sabe ahora. Un lujo que empieza a sustituir a los lujos que no se pueden permitir por ser la generación embudo de desempleo.

Aullado de otra manera: no es cuestión de nostalgia sino de lo que siempre se ha dicho: sentir la vida real antes que la virtual. Esto es: desvirtualizar su propia generación para encontrarle las virtudes al mundo real, es decir al que pesa como un mamotreto.