Madrid |
Hace una semana, los vecinos de Urda y los pueblos de alrededor dejaron sus trabajos desde primera hora y corrieron a ayudar, a colaborar, a hacer lo que las fuerzas de seguridad les indicaron, tras conocer lo ocurrido en el accidente ferroviario.
Dos de las historias que más conmovieron llevaron un mismo nombre, el de Antonio, y dos profesiones muy diferentes. Por un lado, Antonio Acedo, el maquinista que con solo 36 años intentó hasta el último momento frenar el AVE y evitar la catástrofe. De familia vinculada al sector ferroviario, su abuelo trabajó en Renfe y su padre también fue maquinista. Un legado que él decidió continuar.
Y, por otro, Antonio García, el farmacéutico de Urda que fue de los primeros en llegar al lugar del suceso y atendió como pudo a las víctimas.
Entre todos los oficios y profesiones que destacan en este tipo de situaciones hay una especialmente complicada, la de aquellos que se encargan de las labores de rescate. Los bomberos son los primeros en actuar en estos casos, en evaluar los riesgos, establecer protocolos de actuación y entrar, por ejemplo, en los vagones para encontrar a posibles víctimas atrapadas.
Una de las personas que desempeñó esta labor en los trenes afectados fue Joaquín Acedo. Poco después de conocer la noticia se puso en marcha junto a su compañero Álvaro y se trasladaron desde Tomelloso hasta Urda para colaborar. "A pesar de los años que he trabajado en esto, lo que vimos desbordaba muchas situaciones. Era un escenario bastante complicado", explica.
Joaquín es bombero jubilado y pertenece al Grupo Balear de rescate y ayuda humanitaria. Ha colaborado en situaciones tan complicadas como los terremotos de Marruecos, Turquía o Venezuela, en la DANA de Valencia, el incendio de este verano en el Tiemblo, en Ávila… y siempre está disponible para la siguiente misión.
Ya era su vocación antes de jubilarse y ahora continúa defendiéndola y ayudando a todo aquel que lo necesita. "Cuando tienes vocación, estás hasta el último minuto intentando ayudar", señala.
Ser bombero de rescate implica trabajar en escenarios muy complejos, tomar decisiones en segundos y estar coordinados en todo momento. Lo hacen entre el humo, el ruido, la incertidumbre y, muchas veces, el dolor de quienes esperan noticias.