Los Hermanos Torres: "Nuestras técnicas se suman, y detrás tenemos un gran equipo que nos ayudan a transmitir nuestras ideas"
Las entrevistas de Jaime Cantizano a actores, cantantes, científicos... hablamos con Los Hermanos Torres: Los gemelos con tres estrellas Michelin
Hay caminos que no terminan cuando uno se baja de la bicicleta. Para Sergio y Javier Torres, los hermanos Torres, la cocina y el ciclismo forman parte del mismo recorrido: una manera de mirar el mundo con calma, de observar el paisaje y de convertir lo cotidiano en inspiración.
Cada día atraviesan Collserola sobre dos ruedas para llegar a su restaurante y, entre curvas y senderos, recogen hierbas, flores y aromas que más tarde acabarán en sus platos. Pedalean igual que cocinan: buscando autenticidad, naturaleza y libertad.
Y en el origen de todo aparece siempre el mismo nombre: Catalina, su abuela. Ella les enseñó a amar la cocina mucho antes de las estrellas Michelin, de la televisión o de los grandes restaurantes.
Cocinera humilde llegada desde Jaén a la Barcelona de la posguerra, convirtió la escasez en creatividad y los guisos sencillos en memoria familiar. Los llamaba “mis cielos”, y esa expresión acabó dando nombre a su primer restaurante.
Hoy, décadas después, los hermanos Torres siguen cocinando con esa mezcla de emoción, esfuerzo y raíces que aprendieron a su lado, mientras encuentran sobre la bicicleta la misma sensación de libertad que buscan cada día entre fogones.
Con una herencia de su abuela, que les transmitió su conocimiento y su confianza: "Ella lo que hacía era ir a comprar al mercado. Y claro, como nuestros padres trabajaban, nosotros íbamos con ella. Y veíamos cómo compraba, cómo regateaba o cómo cocinaba, que era su pasión: cocinar durante todo el día, ella cocinaba para hacer dos fiestas al día y uno era la comida y lo otro, y la otra era la cena. Y en una mesa sin televisión, eso sí, con radio. Nuestra abuela escuchaba mucho Elena Francis y los toros porque era muy amante del toreo y bueno, y ahí nosotros de pequeñitos pues fue nuestro mundo. Ver la cocina y ver cómo era feliz. Le apasionaba cocinar y hacernos felices."
Una historia familiar de la que han cerrado ahora el círculo: "Nuestros padres dijeron que querían que nos quedáramos con el bar. Pero nosotros dijimos que no, que queríamos hacer alta gastronomía. Y entonces vendieron el bar y es verdad... Es como volver un poco a los orígenes. Siempre nos hemos quedado con ese gusanillo. Hemos crecido en un bar y es un poco ese homenaje que dice Sergio pues al mercado, a la abuela Catalina, a los bares, a ese caos tan maravilloso que rodea a todo ese mundo. Y lo hemos conseguido. La verdad es que estamos muy felices."