Detrás de las cifras hay vidas, historias, vivencias y miles de recuerdos.
Detrás de las 13 víctimas mortales y del terreno calcinado por el fuego, más de siete mil hectáreas, hay memoria.
Hay días enteros sin dormir, mucha tristeza y desolación. Y también esperanza por recuperar lo que aún se puede recuperar del paisaje en negro que, con el paso del tiempo, recobrará su color original.
El verde de la higuera que sigue en pie en mitad de las cenizas. Hay lágrimas de alcaldes que han dado un ejemplo de coordinación y humanidad. Entregados a sus vecinos desde el primer momento, para evitar lo peor. Y para coordinar la ayuda, y ayudar y consolar, cuando llega lo peor y el fuego envuelve el paisaje en Los Gallardos, en Garrucha, en Antas, en Bédar, en Lubrín.
Poco a poco… Almería se pone en marcha de nuevo. Se refresca el terreno para evitar que los puntos calientes se enciendan otra vez por el calor.
Los vecinos vuelven a sus casas, van regresando poco a poco, para buscar lo que dejaron atrás cuando salieron de forma apresurada, con la imagen del antes guardada en su retina, enfrentándose a partir de ahora con el después con el que se encontrarán.
Sintiéndose afortunados, al fin y al cabo, porque pueden regresar.
Lo harán gracias al trabajo de muchos... De agentes de la Guardia Civil como Raul, como Rodrigo que se quedan con el lado bueno que una tragedia como esta deja en el poso de cada cual.