Estreno hoja reflexiva como ayer Infantino su Mundial. No podrá saltar de estadio en estadio como hizo en Qatar, porque las distancias entre recintos y fronteras son tan enormes… como los importes de las localidades.
Hace mucho que asumo, diario, que lo de deporte y negocio no se puede disociar, como estornudar y cerrar los ojos, aunque lo del 'precio dinámico' me parece un esnobismo aberrante que echa a los menos pudientes de los espectáculos, esté Messi, Pedri, Bud Bunny o los acróbatas del circo soleado en mitad de un escenario. Eso no es oferta y demanda. Eso es apología del elitismo sin ligero rubor en la mejilla.
Lo de deporte y negocio no se puede disociar
Infantino argumenta que no son reyes del mundo los "fifos" y que por eso tampoco han podido proteger al mejor árbitro de África retenido en el aeropuerto de Miami y deportado después tras más de 15 horas de interrogatorio. ¿El delito prospectivo? Ser somalí. Tener pasaporte maldito. Omar Artan es un daño colateral que solo dejará de hacer una cosa: cumplir su sueño de ejercer en una Copa del Mundo.
El brasileño Sampaio lo hizo con el duelo inaugural que los mexicanos ganaron con comodidad. Insulso de juego y sabroso en el ensayo de esas normas estéticas que a veces funcionan: ¡cómo salen y entran ahora los jugadores en los cambios! Que rabia da que, a veces, una amenaza de sanción valga más que un manojo de palabras.
Y por puro interés, diario, te relato un par de sensaciones sobre los nuestros: sigue la calma real, la ausencia de líos, la nadería en el debate. Eso nos funciona de lujo como Selección, pero al gremio periodístico, nos mata. Como siga la mar tan en calma… tendremos que mirar a Mourinho y a la previsión del día en el que empezará a liarla. Te voy contando.