Prometo que voy a mirar detenidamente el próximo informe PISA. Estoy preocupado por los jóvenes tras lo de ayer. A jirones terminó el Clásico con semi-reyerta tumultuaria de tipos talentosos en pantalón corto retándose a partirse no sé que parte. Mouriñizó el partido un Lamine Yamal gamberreando en la previa sobre si el Madrid roba y encima se queja, como un aficionado fogoso más con poca capacidad reflexiva. Entre coleguis, se nos suelta la lengua.
Se escuchan en Barcelona frases tipo "tiene 18 años", "es normal que se equivoque", "son pecados de juventud". Pues seguro que es verdad… pero si a estos clichés le sumas que eres jugador de referencia del Barça y que tu equipo cae ante su máximo rival y que tú te vas con una actuación que roza lo intrascendente… el revanchismo se te pega como la humedad marinera. Las bravuconadas en este juego siempre terminan pasando factura.
Otro jovenzuelo como Vinicius también se llevó su foco, primero con un muy buen rendimiento, desbordando, asistiendo y dándole un vértigo al balón como pocos están capacitados para hacerlo, pero luego lo cambiaron y se incendió delante de 80 mil personas. Gritándole al aire lo injusto que es su entrenador con él. Una pataleta televisada de una estrella consentida al que será muy difícil reeducar.
La rivalidad entre ambas entidades está tan en máximos, que cada bando defiende que el suyo es menos culpable que el de en frente. ¡No apelan a sus inocencias! Solo se conforman con argumentar que las fechorías propias son más pasables que las ajenas. Muy cutre todo si esta es la moraleja del gran duelo del fútbol español.
Perdió el Barça y creo que también lo hizo la Selección. Ver a Carvajal con sus canas chinchando a Yamal por su derrape… es ya una herida cuya profundidad habrá que averiguar.