Latorre, sobre el choque del Supremo con el Constitucional: "Primera vez que el Código Penal se reformará a medida del delincuente"
El director informativo de Más de uno expone en su monólogo el insólito choque institucional entre el mencionado organismo y el Tribunal Constitucional por el indulto a los delitos de malversación de los socios del procés.
Madrid |
El Tribunal Constitucional se ha convertido en el centro de la vida política en España. Tanto que ha condicionado incluso la configuración electoral de los partidos. Hoy ya está perfectamente asumido que la campaña es al Senado es, en realidad una campaña al Tribunal Constitucional.
Que si, como dice el tópico, los Globo de Oro son la antesala de los Óscar… El control del Senado es la antesala del control del Tribunal Constitucional. Y si esto es así, es porque el Constitucional ha mutado para convertirse en lo que no era ni debería ser.
Lo más perverso de esta mutación es lo que ha provocado el choque con el Supremo. Esto es verdad que suena árido pero es mucho más importante que otras cosas que fingimos importantes.
Primero les cuento lo del choque entre el Supremo y el Constitucional y luego cómo se traslada esto al Senado. El Supremo ha tenido que hacer lo que no quería hacer, que es aplicar la amnistía a los delitos de corrupción de los dirigentes del procés. Porque corrupción es gastarte el dinero de los demás en caprichos que nada tienen que ver con el fin para el que lo has recaudado. Ya sea comprarte un Ferrari o inventarte una república. De hecho, peor es inventarte la república porque eso requiere la comisión de otros delitos como el de sedición. Digamos que es como comprarte el Ferrari con el dinero de otro y luego estamparlo contra la delegación del gobierno.
Estas cosas las dirime el Supremo porque es la cúpula del Poder Judicial. No hay más. Es el máximo órgano jurisdiccional. Y esto es lo crucial. El Máximo Órgano Jurisdiccional.
Cómo Pedro Sánchez necesitaba el voto de los independentistas para ser presidente del Gobierno decidió pagar su apoyo a cambio de impunidad. Eso fueron los indultos primero y la amnistía después, y entre medias la reforma del Código Penal para rebajar el delito de malversación y eliminar el delito de sedición. Será la primera vez en la joven democracia española en que el Código Penal se reforma a la medida del delincuente. Es más con el concurso activo del delincuente.
El Supremo ha acatado la decisión de amnistiar también la malversación que cometieron los líderes del procés. Y los huidos empiezan a regresar a España porque se levantan las órdenes de detención. Volverá hoy Puig, mañana lo hará Comín, pronto Puigdemont. El independentismo ha celebrado su victoria sobre la represión.
Están eufóricos, claro, Oriol Junqueras y Jordi Turull. Pero esto ya es lo de menos porque hay en juego cosas realmente importante.
El Supremo ha querido dejar escritas en un auto duras críticas al Constitucional, tan duras que después de leerlas uno sólo puede pensar en la necesidad de alicatar las instituciones del Estado porque la arquitectura institucional de este país ha quedado hecha unos zorros después del mandato de Sánchez.
Les leo lo que dice el Supremo. El auto denuncia que la "innecesaria grandilocuencia" de la sentencia del Constitucional revela "el deseo de adornar un razonamiento invasivo del ámbito jurisdiccional que corresponde al Tribunal Supremo". Y cuando hablan de "mutación" que está desdibujando el diseño de la Carta Magna se refiere a la conversión del Constitucional en una instancia revisora de las decisiones del Supremo.
Esto ya lo venimos denunciando desde hace tiempo. De hecho fue especialmente escandalosa la revisión que el Constitucional hizo de las condenas del desfalco de los ERE. Al Constitucional lo llamamos tribunal como llamamos tribunal a unos profesores reunidos para evaluar una oposición.
En el Constitucional hay jueces y los hay que no son jueces, que son catedráticos, por ejemplo. A todos los ha nombrado el poder político. A todos. No puede convertirse en un tribunal de casación del Supremo porque eso pervierte la separación de poderes. No puede convertirse en órgano jurisdiccional porque no puede juzgar los delitos cometidos, por ejemplo, por quien les nombró o por sus socios.
Esto ya era así. Pero es que además ningún Gobierno había llegado tan lejos en su colonización del Constitucional porque este colocó nada menos que a un ministro de Justicia como magistrado y nada menos que a un alto cargo de la Moncloa como magistrada del Constitucional y maniobró para que su presidente fuera nada menos que Candido Conde Pumpido, perfecto exponente de la justicia militante: Lo que Tezanos es a la sociología, Conde Pumpido lo es a la Justicia.
Conde Pumpido hablaba hace unas horas en un acto con procuradores.
Al respecto, hoy puede que se redima, o que intente redimirse, porque el Constitucional estudia el derecho de voto de quienes sea acogieron a la instrucción política mal llamada ley de nietos y puede que el Constitucional se niegue a admitir siquiera a trámite el asunto. Sería un postrero rapto de dignidad. Una exhibición de autonomía in extremis.
En cualquier caso, que estemos hablando de ello ya indica la importancia que ha adquirido el Constitucional y el poder que adquiere quien lo controle. Al final, esta es la segunda gran incógnita tras las elecciones. La primera es quién será el presidente y la segunda si aprovechará todo lo que el mandato de Sánchez ha puesto a su disposición, si utilizara todo el poder a su disposición después de que se hayan destruido tantas convenciones democráticas. Porque si quisiera podría gobernar como Calígula.
Si hoy estamos hablando del Senado es por el Constitucional. Nunca pareció importar demasiado el Senado pero hoy esta en el centro de la batalla electoral, ¿por qué? Porque una mayoría suficiente permite nombrar a magistrados del Constitucional sin necesidad de llegar a acuerdos. Por eso Sánchez decidió reproducir el muro en el Senado, hacer allí explicita la polarización y concurrir en bloques con el Frente Amplio. Consagrar la política de bloques.
Ahora es cuando el PP y Vox tienen que decidir si hacen lo mismo, si asumen ese desafío. ¿Yendo en coalición, como Sánchez? No, eso ya está descartado. Sería una estrategia más sutil. Vox no presentaría a sus candidatos en 41 circunscripciones para concentras el voto y a cambio el PP le cedería el nombramiento de senadores de designación autonómica. ¿Se hará? No duden de que se hará. Porque dirán que es mucho lo que hay en juego y porque dirán fue Sánchez quien decidió consagrar la política de bloques.