Opinión

Monólogo de Alsina: "¿Romperá Sánchez del todo con Israel?"

Carlos Alsina analiza la postura del Gobierno de España respecto a la masacre que Israel está llevando a cabo en Palestina, el conflicto diplomático que ha desatado y su repercusión en la política nacional.

Carlos Alsina

Madrid |

Había una vez una vicepresidenta de gobierno de España que, en vísperas de una manifestación por el pueblo palestino en Madrid, informó a sus gobernados del inminente viaje que iba a realizar a Cisjordania. El viaje estaba cerrado y su motivo, también: una exigencia, al gobierno de Israel. El alto el fuego en Gaza. Presión sobre Netanyahu. Que, en realidad, era presión sobre Pedro Sánchez. A quien su vicepresidenta segunda veía reservón, o paradito, a la hora de tomar medidas para doblarle el pulso a Netanyahu y obligarle a devolver los tanques a sus cuarteles.

Tenemos que hacer más fue el lema que empezó a entonar entonces la vicepresidenta Díaz y que, hasta hoy, no ha dejado de entonar. Sánchez ya había estado, para entonces, en Israel, reunido con Netanyahu y cantándole a la cara las cuarenta. Y había estado en Egipto, denunciando la opresión israelí sobre la población de Gaza. Pero a Sumar le parecía que las palabras estaban bien pero hacían falta hechos. Decisiones.

Un discurso más duro, que incluyera expresiones como 'desde el río hasta el mar' y la palabra genocidio. Y también le parecía a Sumar que, habiendo unas elecciones europeas a la vuelta de tres meses, la bandera palestina debía ser enarbolada con más entusiasmo. Por Yolanda Díaz, se entiende.

Lo que ocurrió es que el viaje repetidamente anuncio nunca se produjo. Y que la vicepresidenta, de perdidos al río (o al mar), usó la peor justificación posible: estar ocupada haciendo campaña.

Año y medio después de anunciar el viaje, Yolanda Díaz no solo no ha pisado Cisjordania sino que ahora lo tiene aún más difícil. El gobierno de Israel le ha prohibido la entrada porque la considera culpable de arrastrar a su jefe, el presidente, al anti sionismo institucionalizado. Y por decir que Israel es genocida. Digamos que, en esto de la prohibición, Israel llega tarde porque Sánchez ya le tenía prohibido el viaje desde mucho antes. Por eso nunca se hizo.

Lo que pasa es que el gobierno israelí, en coherencia, a quien tendría que prohibir la entrada es a Sánchez. Al cabo de muchos meses evitando -él y Albares- calificar la opresión israelí en Gaza como genocidio (por aquello de que el Tribunal Penal Internacional reserva esa categoría para la pretensión expresa de exterminio), el presidente dio ese paso el pasado mes de julio en el Congreso -dos veces lo llamó así, genocidio- y se reafirmó ayer.

No es cosa de Díaz, o de Rego y Urtasun. Es el presidente del gobierno quien imputa Israel un genocidio. Y es su homólogo Netanyahu quien le tacha a él de antisemita, antisionista y apóstolo de Hamás. La operación israelí que empezó hace casi dos años, la toma del control de Gaza al precio que sea llevándose por delante la vida de los ciudadanos con la coartada de que nunca se termina de desmantelar del todo Hamás es una aberración, por muy amenazado que se sienta (o esté) el Estado de Israel.

Hace meses hizo este cálculo un responsable militar israelí, lo contamos aquí: por cada muerto que milita en Hamás, siete palestinos no lo hacen, pero son eliminados igual. Esta misma manada ha decretado el Ejército la evacuación total de la ciudad de Gaza. Fuera civiles. Que es la forma de justificarse cuando luego alguno caiga: estaban avisados.

El gobierno de Israel reincide en una distorsión antigua y muy manoseada: todo aquel que critica la opresión israelí sobre la población de Gaza está con Hamás y es antisemita. No es cierto. Nunca lo ha sido. Es una manipulación simple, e interesada, que evita entrar en el fondo de aquello que a Israel se le critica. En contra de lo que sostiene el gobierno Netanyahu, ningún ministro del gobierno de España ha justificado nunca la matanza que ejecutó Hamás en octubre de 2023 -mil doscientos muertos y más de doscientos secuestrados-.

Todo aquel que critica la opresión israelí sobre la población de Gaza está con Hamás y es antisemita, no es cierto, nunca lo ha sido

Y en contra de lo que sostiene el gobierno Netanyahu, el presidente del gobierno de España no ha mostrado signo alguno de antisemitismo. Si acaso, lo que ha mostrado Sánchez son signos, unos cuantos, de quererse enormemente a sí mismo, lo cual tampoco es ni una sorpresa ni un delito. Pero no es lo mismo. Condenar la actuación del Ejército de Israel en Gaza y del gobierno que lo dirige no es antisemitismo, es algo que se permiten también hacer ---la libertad de opinión es lo que tiene--- algunos judíos ciudadanos del Estado de Israel.

Sánchez tuvo la mala suerte de que coincidiera su declaración de ayer con un atentado de Hamás en Jerusalén. Hay cosas que no son culpa de uno. Por ejemplo, esto: que los terroristas de Hamás celebren a la vez tu declaración institucional y haber conseguido asesinar a unos cuantos judíos, un ciudadano español entre ellos. Celebrar asesinatos solo es responsabilidad de quien lo hace. La coincidencia temporal, en todo caso, resulta incómoda.

El presidente, como gusta de decir él, está en el lado correcto en esta historia. El lado de la denuncia y repudio de la opresión israelí en Gaza. Pero se le nota demasiado el interés en rentabilizar políticamente esa bandera. No solo porque el compromiso de reconocer el Estado palestino lo asumió en 2015 y pasó sus primeros seis años de gobernante sin hacerlo, también por la actuación calculada que viene protagonizando a la hora de anunciar decisiones de su gobierno. La prueba, ayer mismo, anunciando a primera hora de la mañana una declaración en la Moncloa -sin periodistas, por supuesto- como si algo inesperado hubiera sucedido que llevara a adelantar la comunicación de medidas que se aprueban hoy en el Consejo de Ministros.

Y no, nada distinto había ocurrido. Era pura estrategia para ganar presencia en los medios. Como lo es invocar urgencia para aprobar hoy un decreto que reforme la ley y permita el embargo de armas a Israel: poca urgencia si hay partidos que se lo vienen reclamando desde hace meses. Y luego está el autoelogio permanente. El empeño en reivindicarse como pionero en la presión a Netanyahu y el reconocimiento al Estado palestino.

El presidente puede presumir de haber cambiado la posición de España respecto de este asunto, sin duda. Y de haberlo hecho apartándose de la posición oficial, calculadamente tibia, de la Unión Europea. Pero hasta ahí llega su condición de precursor. En contra de lo que dijo ayer, ni él ha sido el primer gobernante en reconocer el Estado palestino, ni tampoco el primero europeo. El Estado Palestino lo habían reconocido ciento cuarenta países antes que nosotros. Suecia, que es Europa, diez años antes que nosotros. Y Polonia, Hungría, Rumanía, los países que fueron Unión Soviética, desde el 88.

El Estado Palestino lo habían reconocido ciento cuarenta países antes que nosotros

Cuando uno se esfuerza tanto en elogiarse a sí mismo y adornarse en la soledad de los discursos sin preguntas, diluye la fuerza del compromiso en la duda de cuánto tiene de principios humanitarios y cuánto de cálculo de opinión pública.

Hoy el Gobierno, a través de su portavoz, tiene la oportunidad de responder una pregunta. Si el Estado de Israel (el Estado, no solo su gobierno) es, según nuestro presidente, genocida; si el gobierno apuesta no solo por el embargo al comercio de armas, sino por liquidar el acuerdo de asociación de la

Unión Europea con Israel y levantar un cordón sanitario a todo lo israelí, vuelta ciclista y Eurovisión incluidos, por qué no rompe del todo con ese gobierno genocida. Yolanda Díaz, la vicepresidenta que no viaja, lo defendió ayer en La Sexta.

Defina usted régimen. Pero dado que Díaz ha ido varios meses por delante de Sánchez en la retórica y en la exigencia de medidas, la pregunta obligada esta mañana es: ¿romperá Sánchez las relaciones diplomáticas con Israel? O, llegado a este punto de choque total, esa ruptura, ¿de qué depende?