Monólogo de Alsina: "Opino lo que Pedro"
Carlos Alsina reflexiona en su monólogo sobre las contradicciones en el discurso de Pedro Sánchez y cómo los ministros le siguen el juego, sin cuestionar ni una palabra.
Madrid |
Déjenme que les cuente una historia. (Es muy corta, ya verán). Había una vez un hipnotizador muy famoso, buenísimo en lo suyo, que llenaba los teatros en los que actuaba y deslumbraba al público con su habilidad para hacer que las personas cayeran en trance. El profesor Petrus era su nombre artístico. Aparecía en el escenario envuelto en una túnica holgada (debajo de la cual vestía vaquero pitillo, pero todo el mundo lo ignoraba).
Una noche, en el coqueto teatro-circo abarrotado de una capital de provincia española, el profesor Petrus pidió voluntarios para ser hipnotizados. Estaba allí un grupo de amigos jóvenes, diez, más o menos, serían, que llevaban tomando cañas desde media tarde y por aquello de darle emoción a la noche levantaron todos la mano y se levantaron juntos, los diez, para subir al escenario.
El famoso hipnotizador los distribuyó por el estrado, sentó a cada uno en una silla y les hizo saber lo que ocurriría luego. 'Ahora cerraréis los ojos' ---los cerraron antes de que acabara la frase--- 'y cuando cuente hasta tres chasquearé los dedos y sentiréis un sueño profundo; profundo; tan profundo que vuestras cabezas caerán hacia delante'. 'Uno, dos, tres'. Las diez cabezas se vencieron al tiempo y el público dejó escapar un murmullo de sorpresa. 'Dormís profundamente', dijo el profesor Petrus, 'muy profundamente'.
Pero entonces, a una de las jóvenes le dio un tirón en el cuello y subió la cabeza sin darse cuenta mientras se llevaba la mano a la zona dolorida. El público, defraudado, exclamó: '¡Está despierta!' Y el profesor, improvisando, dijo: 'Cierra los ojos, mujer, y duérmete de nuevo'. Y ella bajó la cabeza, los ojos cerrados y guardó silencio. 'Dormís los diez profundamente', retomó el hipnotizador, pero entonces la joven sintió un calambre en una pierna, la estiró y se llevó la mano al gemelo. 'Está despierta', gritó de nuevo el público.
El profesor se dirigió al auditorio y, señalándola, dijo: 'Está claro que esta mujer nos sabotea. Abandone, por favor, el escenario'. Lo hizo ella, mientras el público aplaudía su salida. Y permanecieron sus nueve amigos, todos dormidos y dispuestos a hacer lo que el artista les fuera pidiendo. La función, olvidado el traspié, fue, como cada noche, un gran éxito.
Cuando ya todos muy despiertos abandonaban la sala, la joven les preguntó a sus amigos: '¿De verdad estabais en trance?' Y uno tras otro le dieron la misma respuesta: 'Ah, no, para nada'. '¿No estabais hipnotizados?' 'No, no, qué va'. '¿Y entonces?' 'Bueno, es que nos daba apuro que se notara. Forma parte del juego, ¿no?'
Hay presidentes artistas que disfrutan, más que ninguna otra cosa, de actuar ante un público cautivo
Hay artistas que no requieren de esfuerzo para meterse al público en el bolsillo. Al público lo tienen ganado de antemano porque sin artista ni hay función ni hay espectáculo. Hay presidentes artistas que disfrutan, más que ninguna otra cosa, de actuar ante un público cautivo, como Cervantes en Argel.
Agarras, qué te digo yo, a ciento y pico diputados y senadores que te deben a ti la silla, los encierras en una sala del Congreso y les colocas tu repertorio completo a sabiendas de que ninguno se va a mover de allí y que te van a aplaudir cantes la canción que cantes y aunque le cambies, sobre la marcha, la letra.
A nuestro presidente solista se le ve suelto en estos actos, risueño, carcajeante incluso, lo mismo en esos mítines en los que profetiza, sin creérselo ni él mismo, que María Jesús Montero ganará Andalucía o que Óscar López gobernará en Madrid, que en los acústicos que se marca ante sus elegidos en el Congreso.
No necesita podio el presidente para proclamar sus virtudes y colgarse él mismo las medallas
No necesita podio el presidente para proclamar sus virtudes y colgarse él mismo las medallas. Exitazo. Aforo completo, cartel de no hay entradas, y ovación tras ovación. Su público cautivo atiende cada día a lo que diga el presidente para hacer suya, de manera inmediata, cualquier postura que él adopte. La que sea. Hace tiempo que sobran los debates internos y las deliberaciones previas.
- Si Sánchez dice que no hay por qué presentar Presupuestos porque ya aprobó unos en 2022 y con eso tira hasta 2027, salen en coro los ministros a repetir la monserga de que los nuevos Presupuestos no hacen falta y sólo se presentan cuando uno tiene seguro que los gana.
- Si Sánchez dice que dejar que del Sáhara se ocupe ya Marruecos, sale el coro gubernamental a predicar que es lo justo y necesario.
- Si Sánchez dice que es el Tribunal Penal Internacional quien debe decir si lo de Gaza es un genocidio, sale la tropa de ministros y diputados a decir a los periodistas que no son ellos quienes deben calificar lo que sucede en Gaza.
Ah, pero si Sánchez amanece un día masticando la palabra, ge-no-ci-dio, recreándose en el valor de pronunciarla, entonces todos saben que eso es lo que toca ahora: no dejarán pasar un micrófono sin decir ge-no-ci-dio y le reprocharán a quien no les imite que le tengan miedo a las palabras.
Viniendo de un gobierno que a la impunidad de Puigdemont le llama reencuentro...
Por qué no llaman a las cosas por su nombre, dice el coro gubernativo. Hombre, viniendo de un gobierno que a la impunidad de Puigdemont le llama reencuentro y al concierto económico para Cataluña, financiación singular de la España plural, no sé yo si es el más autorizado para aleccionar sobre denominaciones.
El presidente solista cosecha estos días aplausos por haber dado su palabra de que presentará unos Presupuestos a las Cortes, bendito sea. Estamos a dieciséis de septiembre, quedan catorce días de plazo constitucional y aún no ha presentado ni el techo de gasto, pero confiemos en que esta vez no cambie de opinión y facilite el debate.
Hoy el Consejo de Ministros actualiza las previsiones económicas y eleva la del PIB. Si mejora la estimación, es buena noticia. Extraordinaria, dice el presidente, que nunca regatea en el autoelogio y que, para ser tan extraordinaria la noticia, dejó sin concretar cuál será la estimación nueva. ¿Del 2,6 a cuánto? Ah, no tengan prisa. Primero se califica la noticia, extraordinaria, y luego ya se facilita. Hoy sabremos.
Primero se califica la noticia, extraordinaria, y luego ya se facilita
Todo será que, mejorada y todo, no alcance el 3,2% de crecimiento del año pasado. Es decir, que siendo crecimiento sea más flojo que hace un año. Desaceleración, que dicen los técnicos. Crecer, crecemos. Pero este año un poco menos que el anterior y el siguiente un poco menos que este. Y sin llegar a empatar con el 4% de Rajoy en 2015, o el de Zapatero en 2006, o el 5% y pico de Aznar en el 2000.
Si Sánchez lo hubiera anunciado así, 'quiero daros la extraordinaria noticia de que este año creceremos menos que el pasado pero más que el próximo', la ovación de los asistentes habría sido la misma. No porque estén hipnotizados, que no lo están; no porque estén abducidos, que tampoco lo están. Es porque forma parte del juego.
El presidente de RTVE, en perfecta sincronía con el gobierno que lo fichó, propondrá hoy a los consejeros de la Corporación hacer saber a la UER que o levanta un cordón sanitario a la televisión pública israelí, o no habrá ni canción ni artista que represente a Televisión Española en el Festival de Eurovisión. Que lo sepan.
Lo propondrá José Pablo a la manera en que el gobierno hace sus propuestas, sabiendo de antemano cuál va a ser el resultado. Diez a cinco ---no hay consejero sin conexión directa con un partido político---; diez a cinco y ultimátum aprobado. Que lo sepa la UER: o Israel, o nosotros. Perdón, o la televisión israelí o la televisión española.
Eurovisión no es una competición deportiva, pero sirve para acreditar la sincronía entre la Corporación y la Moncloa
Se entiende que no es sólo que no concurse José Pablo, es que también renunciaría a transmitirlo, ¿o no? Y se entiende que la televisión israelí es un instrumento al servicio de Netanyahu para blanquearse, mientras que la televisión española es un modelo de independencia respecto del gobierno y el servicio público. No confundan, oiga, no confundan.
En rigor, si el presidente de la Corporación, y los consejeros gubernamentales, creen que hay que repudiar todo lo que huela a Israel, lo que tendrían que hacer hoy mismo es sacar a Televisión Española no del concurso, sino de la UER. Unión Europea de Radiodifusión, que es la organización que comparte con la televisión israelí y otras sesenta, creo.
Eurovisión no es una competición deportiva, pero sirve para acreditar la sincronía entre la Corporación y la Moncloa. No participa el Estado de Israel como tal estado, pero sigue sirviendo. Ya tuvo la oportunidad TVE de abandonar el concurso este año y no lo hizo. Quizá porque los principios que ahora se invocan siempre están en consonancia con el paso que marca el presidente solista.
Por qué ha tardado el presidente dos años en hacerse esta pregunta. Ya que pone el presidente los dos asuntos en el mismo plano, ni ha habido grandes protestas ni movilizaciones populares contra Putin ni parece que el gobierno las haya echado de menos. Es más, dentro del gobierno se ha escuchado a un sector justificar la actuación de Putin alegando que fue la Otan quien anduvo provocando al pobre ruso.
Por qué el gobierno censura a Trump (y hace bien) por avalar las salvajadas del gobierno israelí en Gaza, pero mima su relación con el régimen chino, padrino de Putin y avalista de la invasión de Ucrania. ¿Ahí también estamos en el lado correcto de la Historia, haciéndole la pelota al chino? ¿O ahí pesa más la conveniencia, perdón, la diplomacia?