Monólogo de Alsina: "Embarullar y confrontar, todo es empezar"
Carlos Alsina reflexiona acerca de la Memoria de la Fiscalía y sobre que las pulseras para maltratadores fallaron, así como de la visita del canciller alemán a Pedro Sánchez.
Madrid |
Déjenme que les cuente una historia. (Es muy corta, ya verán).
Había una vez un escritor de enorme éxito cuya capacidad para publicar hasta cuatro títulos cada año asombraba a sus colegas y entusiasmaba a sus lectores. Publicaba una novela en primavera, un ensayo en otoño, un poemario en invierno y una guía de viajes en verano. Y de las cuatro hacía promoción. Era un habitual de los platós y los estudios de radio.
Una mañana de abril, próxima al Día del Libro, entrevistaron al autor en un programa de radio parecido a este para hablar de su nueva novela, una historia de intriga con escenas vibrantes y giros inesperados. Le preguntó el periodista, empeñado en demostrar que se la había leído: "Esta escena del capítulo quinto, cuando su detective va caminando por el centro del bulevar y le sale, bueno, ya sabe, este otro personaje tan divertido, ¿es una forma de anticipar al lector, sin avisarle, el desenlace?"
Guardó un incómodo silencio el novelista que al presentador se le hizo eterno. "¿Te encuentras bien?", dijo. "¿Podría repetirme la pregunta?", pidió el entrevistado. "Sí, claro, la escena del capítulo cinco en la que el personaje…""¿Qué personaje?, perdone, interrumpió el escritor, "¿a qué personaje se refiere?" "Sí, hombre, cuando el detective va caminando y le sale al paso esta persona… ¿No sabe de lo que le hablo?" "Es que no recuerdo bien la escena, perdóneme, no estoy seguro". "Pero si la ha escrito usted". "Ya, pero no la he leído. Tengo tantas cosas en la cabeza que no recuerdo lo que puse".
El momento fue tan incómodo que el periodista despidió a su entrevistado usando el viejo de comodín de "ay, qué pena, estaría conversando con usted toda la mañana, pero me he quedado sin tiempo" y disculpó como pudo al novelista porque la editorial que publicaba su obra era, a la vez, patrocinadora de su programa de radio.
Un oyente envió una nota de voz con mala leche: "Conocen la broma envenenada que hacían sus coetáneos sobre Alejandro Dumas, ¿verdad? Ha publicado tantos libros, decían, que es imposible que nadie los haya leído todos, ni siquiera él mismo".
La Memoria de la Fiscalía y las pulseras para maltratadores
Álvaro García Ortiz no pasa por ser un autor de éxito. Aunque publica cada año, apenas tiene lectores. Álvaro García Ortiz es el fiscal general del Estado mientras un tribunal no lo aparte del cargo o hasta que él mismo, en un arrebato de lucidez sobrevenida, se decida a coger la puerta sabiéndose procesado. El jefe de los fiscales editó en agosto, como está mandado, su obra de cada año, un tocho de mil seiscientas páginas con un título bien poco atractivo. Se llama "Memoria Anual de la Fiscalía", tiene letra pequeña y tapas coloradas.
El autor entregó un ejemplar a su mentor, presidente de Gobierno, Pedro Sánchez, hace ahora quince días. Hicieron un posado algo ortopédico sosteniendo el libro a cuatro manos. Nadie esperaba, es evidente, ni que Sánchez se leyera aquello -no es conocido el presidente, ya lo siento, por su inclinación a los libros- ni que se lo leyera, en realidad, nadie. Como si fuera Alejandro Dumas, ni siquiera quién lo había escrito.
En la mañana de ayer -lo contamos aquí- generó notable revuelo un párrafo contenido en la Memoria anual de la Fiscalía, página 620, en el que se afirma que ha habido gran cantidad de sobreseimientos y absoluciones en instrucciones o juicios por violencia sobre la mujer debido a la imposibilidad de probar que los agresores había violado la orden de alejamiento en las fechas anteriores al veinte de marzo de 2024.
Y más en concreto, que las fiscalías de Madrid, Granada, Tenerife y Gironahabían advertido a la Fiscalía General, y esta a la Delegación de Gobierno, de la imposibilidad de obtener esas pruebas por el fallo producido en el sistema informático de seguimiento. La frase "potencial desprotección de las víctimas" aparece en el texto, tal como aparece también la expresión "gran cantidad de fallos absolutorios".
"Las fiscalías de Madrid, Granada, Tenerife y Girona habían advertido a la Fiscalía General"
La gravedad de lo que ahí se refleja -información perdida para siempre que habría servido para hacer justicia- desencadenó una tormenta política que obligó al Gobierno a aclarar que las pulseras nunca dejaron de funcionar, tampoco en aquellos meses, y que hoy ya todo funciona con normalidad, registro de ubicaciones incluido. Aclaración muy pertinente porque el temor de miles de mujeres al tener noticia de este fallo era que la pulsera colocada a su agresor no la protegiera ya de nada.
No era eso, no era eso. Pero la actuación más sorprendente fue la de la Fiscalía General del Estado, que habiendo sido ella quien expresamente recoge la avería que se produjo en el registro de datos y el efecto que tuvo en investigaciones y en juicios, emitió un comunicado para matizarse a sí misma, reducir el alcance de las absoluciones a lo que ahora resulta ser "un número mínimo" (de nuevo, sin concretar el número) y afirmar, en contra de lo que dice su propia Memoria Anual, que la mayoría de los casos se retomaron una vez pudieron recuperarse los datos.
Ocurre que en la Memoria Anual lo que se dice es que "se tiene constancia de que la situación no ha quedado resuelta y que, consultado el centro correspondiente, ha respondido que desconoce cuándo podría estar solventado". O el fiscal general presentó una memoria que no estaba actualizada, o en su fiscalía acaban de enterarse de casos que daban por sobreseídos, resulta que fueron reactivados.
A la oposición le faltó tiempo para mezclar churras con merinas, evocar el bochornoso episodio de la ley del solo sí es sí e imputar al Gobierno responsabilidad criminal por haber abandonado a su suerte a mujeres amenazadas.
"El fallo es la recuperación de datos sobre la ubicación de los individuos o sobre la alerta que saltó en el teléfono de la víctima"
No es este país para matices ni es esta oposición de la que esperar que se centre en los hechos en lugar de embarullarlo todo. No hay relación alguna entre el hiriente efecto que tuvo la chapuza legislativa del solo sí es sí con este fallo no premeditado que ha impedido, es verdad, proceder judicialmente contra algunos agresores, pero no ha supuesto, que se sepa, situación de peligro físico para mujer alguna.
El fallo es la recuperación de datos sobre la ubicación de los individuos o sobre la alerta que saltó en el teléfono de la víctima, no en el funcionamiento de la pulsera y el teléfono. El mismo texto que informa del fallo en la aportación de datos dice expresamente que "las fiscalías reconocen la indiscutible utilidad de los dispositivos telemáticos y que resulta incontestable que ninguna de las mujeres que han sido asesinadas lo portaba".
La oposición haría bien en ceñirse a lo ocurrido, que es lo bastante serio, en lugar de exagerar la nota y pretender que la ministra Redondo anda abriendo alegremente las celdas para poner depredadores sexuales en la calle. No era eso, no era eso. Y material hay para que oposición y Gobierno, Gobierno y oposición que tienen firmado juntos un pacto de Estado, atendieran a esto que también dice la Memoria de la Fiscalía: en localidades pequeñas, y en zonas rurales aisladas, la deficiente cobertura telefónica dificulta la eficacia del sistema, porque esa deficiente cobertura genera incidencias -pérdidas de señal que se interpretan como que la pulsera está fallando- y porque los técnicos tardan mucho tiempo en llegar hasta esas zonas aisladas para aclarar lo ocurrido y, en caso de avería, subsanarla.
"La oposición haría bien en ceñirse a lo ocurrido, que es lo bastante serio"
"Las fiscalías de Castellón y Pontevedra ponen de manifiesto múltiples fallos en los nuevos dispositivos y el nuevo proveedor del servicio, además de retrasos en la sustitución de unos dispositivos por otros". De esta parte de la Memoria anual, y de estas graves deficiencias, no he visto que la Fiscalía general haya corregido ni matizado nada.
Reunión de Sánchez y Merz
Estuvo el jefe del Gobierno alemán, que es del PP, en la Moncloa con Sánchez y hablaron de Gaza. El primer ministro español lo llama genocidio y el primer ministro alemán, no. El primer ministro español considera necesario reconocer el Estado palestino y el primer ministro alemán, no. El primer ministro español entiende que la actuación de Netanyahu en Gaza es una violación de los derechos humanos de libro y el primer ministro alemán, también. El primer ministro español ha anunciado el embargo de armas a Israel y el primer ministro alemán no es que lo haya anunciado, es que ya lo tiene en vigor.
Sabiendo todo eso, ambos comparecieron juntos anoche, en ambiente de concordia y sintonía, subrayaron cómo están de acuerdo en lo esencial y admitieron con normalidad sus diferencias (con normalidad quiere decir que ni se acusaron de ser cómplices de Netanyahu, porque no lo son, ni de ser cómplices de Hamás, porque tampoco lo son). Y se comprometieron a seguir trabajando juntos para detener la matanza en Gaza.
"Es el afán de polarizar, confrontando por confrontar"
El primer ministro alemán es del Partido Popular europeo y mantiene, respecto de Gaza, la misma postura que Feijóo, con quien se verá en Madrid esta mañana. Digamos que, de haber sido Feijóo quien estuviera con Sánchez ayer en la Moncloa habría podido protagonizar, si Sánchez se hubiera prestado, una escena idéntica a la de Merz: coincidencia en lo esencial respecto de Gaza, y diferencia respecto de la palabra genocidio o los efectos de reconocer ahora el Estado palestino.
Ambos podrían haber explicado sus diferencias y, sobre todo, sus coincidencias con naturalidad y espíritu constructivo, es decir, sin que el uno acusara al otro de indiferencia hacia una masacre ni el otro hubiera acusado al uno ser capaz de pactar, para mantenerse en el gobierno, con el mismísimo Netanyahu. Y esto demuestra que no es la posición respecto de Gaza lo que polariza la vida política española. Es el afán de polarizar, confrontando por confrontar.