OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Los hombres-fraude del presidente"

Carlos Alsina reflexiona sobre el último escándalo que afecta a unos de los dirigentes del PSOE cercanos a Pedro Sánchez, Paco Salazar, a quien varias mujeres han acusado de comentarios obscenos, abuso de poder y acoso sexual.

Carlos Alsina

Madrid |

El verano avanza. En flor, ya, la lavanda; en marcha, el Tour; celebrándose ya los sanfermines. Un día más siempre es un día menos para lo que haya de venir. Seis personas coincidieron el sábado, sin haber hablado entre ellas, en enviarme un mensaje muy parecido, recordando una declaración que hizo aquí Pedro Sánchez en junio de 2023. La declaración es esta y el mensaje, ahora se lo digo.

El mensaje de esas seis personas era: ahora se entiende mejor, viendo los disgustos que se lleva el presidente con sus amigos. El sábado amaneció el PSOE leyendo en uno de los medios que más aprecia, ElDiario.es, que el recién anunciado adjunto a la secretaría de organización, llamado a desinfectar la oficina en la que hicieron carrera Ábalos, Cerdán y Koldo, había sido señalado por dos mujeres -una, trabajadora de la Moncloa, otra, voluntaria en el partido- por abuso de poder, acoso sexual y comentarios obscenos. O como decía la crónica citando a la segunda de estas mujeres, por comportarse como un ‘baboso’.

Una hora antes de empezar el famoso comité federal que iba a servir para anunciar borrón y cuenta nueva, autoexigencia total, quiénes son esos Ábalos y Cerdán de los que usted me habla, la gran cita del sanchismo -con algún antisanchista a modo de rareza y destinatario de los dardos del sector hegemónico-, la gran cita del sanchismo quedó malherida, tocada, como dicen que está el secretario general, manchada con la misma roña que exudan las conversaciones de Ábalos y Koldo: la concepción de la mujer como mercancía, como objeto o como presa, la grosería y la prepotencia.

Resulta que el feminismo de algunos de los hombres del presidente -no de todos, felizmente- siempre fue un fraude. Feminismo de ocasión, fingido, oportunista. Como fue falsa la apelación a la honradez en la vida pública y el compromiso contra las prácticas corruptas. Sánchez estuvo rodeado de hombres-fraude. Es un milagro que él no se contagiara. Un milagro que él fuera feminista de verdad y su respeto a la mujer le impidiera celebrar los comentarios machirulos que, sin duda, debieron de hacer, también en su presencia, estos hombres tan de su confianza.

Resulta que el feminismo de algunos de los hombres del presidente siempre fue un fraude

El presunto acoso, y abuso de poder, de Paco Salazar sobre una mujer no se produjo en un rincón recóndito de la sede socialista de Ferraz, tan ajena, ¿verdad?, a la labor diaria del presidente. Se produjo en la Moncloa, en el entorno laboral del presidente y sin que nadie, empezando por él, alcanzaran a tener noticia de él. ¿Nadie supo nada hasta el sábado? ¿O quién lo supo lo dejó pasar? ¿Acaso no existen en la Moncloa los mecanismos que han adoptado instituciones y empresas para facilitar que la mujer acosada pueda librarse del acoso y ver a su acosador apartado?

El comité federal resultó fallido porque no hubo, al final, ni conejo ni chistera. Al velatorio por el difunto innombrable -o sea, Cerdán- se añadió el velatorio inesperado por quien había sido escogido por el líder supremo para incinerarle, Salazar. La prédica del secretario general, reclamándose como imprescindible para salvar a España del gobierno de las derechas solo acredita la convicción que él tiene, y con él la plana mayor de su partido, de que si hoy hablaran los españoles el Gobierno de coalición caería. Y llegaría Feijóo, solo o en compañía de otros.

El comité federal resultó fallido porque no hubo, al final, ni conejo ni chistera

De entre los ciento veinte mil militantes de su partido, el secretario general fue a elegir para que se ocupara de gestionar el partido a los dos únicos que estaban podridos, presuntamente. Solo había dos y a los dos los encumbró. Ya es tener mal ojo. O un imán para atraer corruptos y machistas.

Al despertar del comité federal, Servinábar seguía allí. Antxón Alonso seguía allí. El compadre de Cerdán que hoy declara en el Supremo como presunto corruptor. Sigue la peregrinación de empresarios de la construcción que pagaron mordidas, presuntamente, no para que en Ferraz les pusieran un busto, sino para obtener trato de favor en las adjudicaciones de obra pública.

Al despertar del comité federal, Servinábar seguía allí. Antxón Alonso seguía allí.

No repartían dinero entre Ábalos y Cerdán por tener un cargo orgánico, lo hacían por la mano que tenían en las decisiones del Gobierno. Por más que el secretario general socialista se empeñe en acotar el escándalo al partido, el escándalo afecta al corazón mismo del gobierno progresista que llegó para limpiar la administración de mordidas y nepotismo.

Lo decía El País en su editorial de ayer: 'Ganar tiempo no equivale a ganar crédito. Su tibia respuesta refleja que se resiste a ser consciente de la gravedad del momento. El poder omnímodo de que ha disfrutado en el partido hace que recaiga sobre él la responsabilidad política última'. Se entiende que esa es la responsabilidad que en absoluto ha asumido.

Unanimidad total en el PP

Al cónclave entró como Papa y salió como Papa, Feijóo. Nadie ha contribuido más a erradicar las dudas que en otros momentos generó su liderazgo que Santos Cerdán. El laberinto en que se han metido el gobierno y el PSOE por despreciar las sospechas sobre el capataz de Pedro Sánchez hasta que emergió todo en un informe de la UCO ha permitido al PP celebrar un congreso más apacible y de mayor exaltación del líder de lo que nunca cupo imaginar.

Al cónclave entró como Papa y salió como Papa, Feijóo.

A quien se le va a ocurrir ahora, viendo al sanchismo en decadencia y la posibilidad de las urnas cada vez más cerca, ponerse a discutir internamente las virtudes y defectos de Feijóo, la precisa ubicación ideológica del PP o su disposición al coqueteo con otras fuerzas políticas, llámese Vox, con quien ya consumó, o llámese Junts, con quien anda aún en los preliminares.

Dijo Feijóo que él quiere gobernar solo y hubo quien lo quiso interpretar como un compromiso. El compromiso de que nunca hará vicepresidente a Santiago Abascal. En rigor, y una vez más, Feijóo se limitó a expresar un deseo. Quiere gobernar él solo. Hombre, ya. Y quién no. También Sánchez quiso gobernar solo, hasta repitió elecciones en el empeño de conseguirlo, y acabó rindiéndose a Pablo Iglesias y compartiendo todo aquello que había prometido no compartir.

No se trata de lo que uno quiera, se trata de qué estaría dispuesto a hacer llegado el caso. Por ejemplo, si estaría dispuesto a renunciar al Gobierno si el precio es casarse con Vox. Como estuvo dispuesto a renunciar al Gobierno -o eso dijo- cuando el precio era amnistiar a Puigdemont. Dos años después del gran gatillazo -ganar las elecciones, pero quedarse en la oposición- Feijóo hace planes, o vuelve a hacerlos, para el día que gobierne. Si en 2023 había dudas de que llegara vivo a 2027, hoy ha dejado de haberlas. Ahora la duda es si quien llega vivo es Sánchez.