La dura crítica de Alsina a las sospechas de Feijóo contra al ley de Nietos: "Presumir que son todos sanchistas es puro entretenimiento veraniego"
El director de Más de uno ha puesto en evidencia la hipocresía del líder popular que hace tres años defendía que debían optar a la nacionalidad no solo los descendientes de exiliados sino también los que migraron por razones económicas.
Madrid |
Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. Le preguntó la madre, verdaderamente harta, a su hijo adolescente: "¿Cuándo vas a ordenar de una vez tu cuarto?" Respondió el hijo con una sucesión de onomatopeyas -brrr aggg ummm- propias del idioma pubescente.
En el cerebro de la madre se activó el traductor automático (adolescente-español, español-adolescente) y entendió que el hijo le había dicho: no seas cagaprisas, madre, ya lo haré mañana que estoy viendo la repetición del partido inaugural del mundial). Explotó la madre, aún más verdaderamente harta que hace seis líneas.
Le dijo al chico: "¿Pero se puede saber por qué dejas para mañana lo que puedes hacer hoy, Juanma?" Y entonces habló el joven en exquisito castellano: "Para que se note que no me apetece nada hacerlo". Y añadió: "¿No ves que si lo hago a la primera va a parecer que me gusta?".
Juan Manuel Moreno, presidente en funciones de la Junta de Andalucía que lo va a seguir siendo, perdió ayer su primera votación de investidura y perderá mañana la segunda por haber dejado para otro día lo que ya podía haber hecho hoy. En términos de alta política que todo el mundo endiente: tragar.
Desde la noche del diecisiete de mayo, noche de urnas, hace seis semanas y media Juanma Moreno sabe que tiene hasta finales de agosto para sacar adelante lo suyo. Y que puede haber tantas votaciones como quepan en ese holgado calendario. Sabe, también, que al final del camino siempre está Vox y que el peaje de Vox lo acabará pagando. O sea, tragando.
Sabe, también, que al final del camino siempre está Vox
Ha elegido no hacerlo a la primera porque si lo hace a la primera va a parecer que le gusta tragar. Que se note lo a disgusto que lo hace, lo mucho que le cuesta: la prioridad nacional, la satanización de los menores inmigrantes, la inversión cero en centros de acogida, la deportación de los sin papeles.
Que se note lo desagradable que será para él tener un consejero de Vox, aunque sea un consejero de cartón, o de felpa, sin competencias, sin despacho y sin cartera. Pero consejero. Se acabará sacrificando el presidente de los andaluces y pagará a disgusto los peajes de Vox invocando lo importante que es la estabilidad y lo terriblemente inconveniente que sería ir a unas elecciones de nuevo. Y acabará pasando por caja como hicieron todos sus colegas para darse el gusto de seguir gobernando su comunidad.
Acabará pasando por caja como hicieron todos sus colegas
Ocurre que sus colegas, Guardiola, Azcón y Mañueco -ya encamados con Vox y consumada la coyunda- tuvieron coartada para diferir sus cesiones al costalero de extrema derecha: tenían que esperar a que se celebraran las elecciones en los siguientes territorios para no complicarle la vida a sus candidatos.
Pero después de las andaluzas ya no quedan más elecciones hasta mayo del 27. Y ponerse estrecho con Vox habría tenido algún sentido cuando Feijóo aún predicaba que nunca metería a Abascal en su gobierno porque su populismo era dinamita, pero ahora que Feijóo ya ejerce de hermano mayor de una pareja de hecho, ahora que el PP ya ha abrazado la prioridad nacional, el no más menas, el abajo la regularización, el fuera el pacto verde europeo y ahora también la campaña contra una ley que no existe, la ley de nietos, y contra la amenaza fantasma de los nuevos españoles creados a imagen y semejanza de Sánchez, y por Sánchez, en el extranjero para neutralizar a los nuevos votantes (residentes como dios manda) de derechas, ahora que el PP ha abrazado con ardor y vehemencia tantas banderas de Vox es natural que dentro del partido se pregunten a qué espera Juanma Moreno. Ya no es que se pague peaje, es que se celebra.
En un remake de tentaciones pasadas, y a no se sabe cuántos meses de las elecciones generales, Feijóo ha exhumado la siembra de sospechas sobre la limpieza del proceso. Si en 2023 lo presentó como una lógica preocupación por la custodia del voto por correo (luego ganó y ya no cuestionó nada), ahora lo presenta como una lógica preocupación por el incremento de los votantes dando nacionalidad a quienes no la tenían.
Obsérvese que el PP justifica siempre sus sospechas, o se las justifica, invocando lo razonable que es poner bajo sospecha el sistema. El método es inapelable: cómo no va uno a sospechar si él mismo alienta las sospechas.
El fervor con el que se ha sumado Feijóo a la denuncia de una ley inexistente, bautizada como ley de nietos, tiene perplejo al mismísimo Vox, que es quien lleva sembrando insidias sobre este asunto desde hace meses y que con razón celebra ahora que el PP, chupando rueda, descubra lo peligroso que es otorgar la nacionalidad española al nieto de un español al que se privó de su nacionalidad porque se fue al exilio habiendo perdido una guerra.
Hasta dónde vamos a llegar. Es probable que así como Rajoy descubrió en una entrevista radiofónica -llevaba cuatro años gobernando el país- que español no es quien nace en España sino quien tiene padre o madre española nazca donde nazca, algunos políticos hayan descubierto ahora que los nietos de emigrantes que nunca dejaron de ser españoles son tan españoles como yo aunque jamás hayan puesto un pie en España. Fraga nunca lo perdió de vista, por eso iba a hacer campaña en América entre los gallegos emigrados y sus hijos que, aun no habiendo puesto nunca un pie en Ourense, votaban como el que más en las autonómicas.
El PP que denuncia ahora la avalancha intolerable de nuevos votantes que trae consigo la ley de la Memoria Democrática (la de nietos ya hemos dicho que no existe) denunciaba hace tres años cómo la ley se quedaba corta. Fue Feijóo, discípulo en esto de Fraga, a predicarlo a la Argentina y han tenido a bien recordarlo algunos ministros.
Qué era eso de que sólo pudieran obtener la nacionalidad los hijos de exiliados por el franquismo o quienes hubieran salido de España entre el 36 y el 55; debían eliminarse los plazos y ofrecérsela también a aquéllos cuyos padres se hubieran ido por motivos económicos.
La fijación del PP con la ley de Memoria Democrática le llevó en 2023 a declaraciones como ésta: el problema no era dar muchas o pocas nacionalidades, sino el criterio ideológico, decía, para darlas. El criterio que se le quedaba corto a Feijóo porque un derecho civil, como lo llamó él, deben poder disfrutarlo todos los descendientes de españoles que marcharon a otro país fuera cual fuera su causa.
Fue su respuesta a la campaña del PSOE en la Argentina que asustaba a los hijos y los nietos con la llegada al poder de un Feijóo que había prometido derogar la ley de Memoria Democrática. Tres años después, la dirigencia del PP dedica sus mejores esfuerzos en estas últimas horas en explicar la diferencia entre una ley como la que ellos proponen y una disposición octava como la que ya rige -encomiable contribución a la disquisición jurídica de sus gobernados- y en divulgar cuál es la diferencia entre un derecho civil y una instrucción de la directora de Seguridad Jurídica.
Pero la pregunta sin contestar sigue siendo: con esta ley que propone el PP, y que ésta sí se llamaría, supongo, ley de nietos, ¿los nuevos españoles potenciales no serían incluso más que estos que ahora le parecen muchos? Eliminando el requisito de haber abandonado España entre el 36 y el 55 y permitiendo que accedan a la nacionalidad los nietos de quienes la perdieron por emigrar para ganarse el pan, ¿cuántos nuevos votantes calcula el PP que podría haber? No vaya a ser que aún fueran más de dos millones y medio.
Y en ese caso, ¿cabe llamarlo también ingeniería electoral? ¿O cuando el PP crea nuevos nacionales es un acto de justicia -y derecho civil- pero cuando los crea el gobierno es pucherazo? Y si Juanma Moreno va a acabar abrazado a Vox, ¿a qué tantos mohines, a estas alturas ya tan anticuados?
Nacer en Estados Unidos
Nacer en España no te convierte en ciudadano español. Nacer en Estados Unidos sí te convierte en ciudadano estadounidense. La Constitución establece que goza de la ciudadanía y sus derechos toda persona nacida libre en territorio estadounidense. No sólo los hijos de estadounidenses -como en España ocurre con los españoles-, sino los hijos de cualquier persona que hayan nacido en los Estados Unidos de América.
Donald Trump, embarcado -él, sí- en la tarea de impedir que el censo electoral crezca con nuevos ciudadanos hijos de la inmigración irregular, pensó que el poder de que disfruta el presidente alcanza a interpretar a su aire la Constitución y privar a los nacidos de sus derechos civiles.
El Tribunal Supremo le ha dicho que va a ser que no. El mundo habrá cambiado, y lo estará cambiando Trump, pero la Constitución permanece y los derechos de los estadounidenses, también. Los derechos de los recién nacidos. Ya puede el presidente pregonar que su país es bobo por ser el único en censar como nuevo americano al bebé hijo de inmigrantes irregulares que ni es el único país ni es sinónimo de ser tonto.
El mundo habrá cambiado, y lo estará cambiando Trump, pero la Constitución permanece
La sentencia no ha sido unánime, hay dos votos discrepantes. Y a ellos se agarra, como hace nuestro gobierno aquí cuando los hay, para enrocarse en su posición y quitarle peso a la resolución judicial. Pero la resolución es clara. Todo el que nazca en los Estados Unidos tiene derecho a crecer, a formarse, a expresarse en libertad y, por supuesto, cumplida la mayoría de edad a votar.
Presumir que los nietos de exiliados españoles son todos sanchistas es un puro entretenimiento veraniego
Presumir que los hijos de irregulares votarán todos al Partido Demócrata es hablar por hablar. Presumir que los nietos de exiliados españoles son todos sanchistas y acudirán en tromba a arruinarle el sueño a las derechas es un puro entretenimiento veraniego.
La ley de Memoria Democrática ya estaba en vigor en julio de 2023. De los dos millones trescientos mil españoles en el extranjero sólo votaron 200.000. El PP ganó de calle. 66.000 para él, 50.000 para el PSOE. En Galicia y Madrid sacó el doble que el PSOE en ambas comunidades. No se recuerda que Feijóo pidiera el var para revisar cuántos de esos votos eran de nietos recién nacionalizados.