OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Achicando agua con un cubo de playa"

Carlos Alsina analiza en su monólogo la delicada situación del capitán del barco socialista y del Gobierno, Pedro Sánchez, quien trata de salvar su nave del naufragio al que le abocan los casos de corrupción.

Carlos Alsina

Madrid |

Martes en capilla. El Gobierno terminará hoy de tomarle las medidas al casco con el que comparecerá mañana el presidente en el Congreso para aguantar la lluvia de piedras e intentar salir no más descalabrado de lo que entra. El capitán, achicando agua con un cubo de playa mientras al barco se le siguen abriendo vías de agua.

El capitán, achicando agua con un cubo de playa mientras al barco se le siguen abriendo vías de agua

Ocurre que raramente los capitanes de barco que han logrado sortear situaciones agónicas han pasado a la historia. La gente de quien se acuerda es del capitán del Titanic, del del Costa Concordia, del del Prestige. La gente se acuerda de Ahab, el capitán obsesionado con Moby Dick que sembró de agujeros la cubierta del Pequod para aguantar de pie las embestidas encajando en la tabla su pata de palo. Y que arrastró en él a su tripulación hasta hundir en barco en el fondo del mar.

No es fácil. Hay que entender que no es fácil presentarse en el Congreso con un paquete recién pintado de medidas contra la corrupción cuando llevas siete años gobernando España y once años gobernando tu partido. Cómo es que todo esto no se me había ocurrido hasta ahora. Más aún cuando llegaste al Gobierno al rebufo de la corrupción de la Gürtel -corrupción del PP- y prometiste ya entonces poner en pie todas las medidas necesarias para erradicar la corrupción de la administración pública.

A los dos meses de llegar, ya estaba Ábalos franqueándole la puerta del ministerio de Transportes a Víctor de Aldama, de la mano de Koldo, que cumplía ya tres años de intimidad política y comercial con el constructor encubierto Santos Cerdán. No es fácil convencer al personal de que siete años después de aquello, y solo porque la UCO ha destapado el pastel, ahora sí. Ahora sí que sí.

Los grupos parlamentarios se preparan para descargar sobre el gobierno rayos y truenos. Sobre todo, los grupos que hicieron presidente a Sánchez y que mañana sobreactuarán en la hondísima indignación que les invade aprovechando que, al terminar el pleno parlamentario, no hay que votar nada. Hay barra libre. Es decir, que el pleno del desahogo no incluye una cuestión de confianza. Desde ayer, y gracias al ministro López, los oyentes de este programa ya saben por qué el presidente no quiere presentarla.

Eso es. Pues porque no. Los socios que votarían sí a la continuidad del presidente le agradecen que no les haga retratarse y Sánchez se niega a presentarla, no vaya a ser que la pierda. ¿Y cómo la perdería? Pues si Podemos, que no para de recordarnos que ya no es bloque gubernamental, sino oposición a Sumar, bajara el pulgar. El caso PSOE, dice Pablo Fernández, de Podemos, en sintonía (en esto, sí) con la oposición de derechas.

Fue meritorio el esfuerzo de la nueva portavoz del Partido Socialista, señora Mínguez, de convencer al personal, en contra de todos los medios de comunicación, de que el PSOE ha salido muy reforzado de su comité federal fallido (Salazar mediante), mientras que el PP ha salido involucionado. Oye, como diría Pilar Alegría, es interpretable. O como diría López, es opinable.

No, si ilusionado se le ve. Tremendamente ilusionado. En realidad, y con permiso de la nueva portavoz, no fue el partido el que le dijo a Sánchez que es el capitán. Fue Sánchez quien se lo dijo a sí mismo y a los demás. Primero, en aquella comparecencia luctuosa en Ferraz de pómulos marcados y abatimiento doliente.

Y lo repitió después en el comité federal del sábado para dejar claro, antes de cualquier debate, que el capitán es él y ha decidido que no se mueve. Soy el capitán y no me muevo. ¿Qué os parece, sanchistas míos? Que eres el capitán y no te muevas. Qué soltura la que acredita ya la nueva portavoz encadenando elogios a quien la ha nombrado. Y porque no estaba Almodóvar, que si no añade las cosas físicas que él le pediría a 'Mr. Handsome'.

El poder masculino del PSOE

El comité federal feminista consistió en que varias mujeres del partido reclamaron, antes de que empezara, el extrañamiento total de Paco Salazar por su presunto acoso, y abuso de poder, a una (o varias) de sus subordinadas.

El comité federal feminista consistió en que Adriana Lastra achacó a su partido que el poder siga siendo masculino y que los cargos que desempeñan las mujeres sean más testimoniales que otra cosa: una vicesecretaria general, por ejemplo, que apenas tiene atribuciones porque quien las tiene es el secretario de organización, hombre de confianza del secretario general, también hombre.

El comité federal feminista consistió en que Salazar se quitó de en medio, Sánchez ni mencionó el asunto en su discurso y, pasada 48 horas, empezaron a salir ministros, hombres, a decir la buena opinión que tuvieron siempre de Salazar y cómo jamás escucharon a nadie -ninguna mujer, se entiende- quejarse de él sino todo lo contrario.

López, aquí, Puente en TVE, afirmando que nunca nadie jamás les dijo nada malo sobre Salazar. López añadió que nunca hubo denuncia alguna en el canal anónimo. Y Puente añadió que si alguien lo supo y lo calló, es un impresentable. Tomemos nota de ambas afirmaciones y guardémoslas un tiempo. Por si acaso llegara a saberse que alguna queja sí existió y por si acaso tuviera nombre quién sabiendo de su existencia, eligió mirar para otro lado. Un impresentable.

Cruce de estocadas entre Puente y Page

Del comité federal exitoso del que salió un PSOE reforzado -dios conserve la vista a los portavoces oficiales- queda, por lo demás, la ausencia de queja alguna por la grabación y difusión del debate a puerta cerrada (nadie se quejó esta vez de las filtraciones, propias) y queda la gresca entre el más entusiasta de los mosqueteros de Sánchez, ministro de incidencias en los transportes Óscar Puente, y el más notorio de los críticos del presidente, barón en soledad García Page.

No sé, ministro, si acaso el talante democrático nulo será negarle a la minoría su derecho a enmendar a la totalidad la dirección que lleva su partido. Que uno gane de calle las primarias, como hizo Sánchez hace ya ocho años, no significa que la disidencia haya de permanecer para siempre callada.

El PP descarta el cordón sanitario a Vox

A las nueve de la mañana estará aquí el nuevo secretario general del PP, Miguel Tellado. Ungido por el líder supremo de su partido -en el PP también hay uno que decide quién entra y quién sale- como nuevo hombre fuerte, o fortísimo, de la organización que sueña con alcanzar de una vez el gobierno y sin depender de Abascal, es hombre que quiere deportar a los ciudadanos de origen extranjero que viven y trabajan en España porque el pueblo español está en riesgo de sucumbir ante la invasión de los bárbaros.

Tellado justificó ayer por qué nunca habrá cordón sanitario de su partido a Vox. Es un interesante argumento que sirve para no hacer cordones sanitarios a nadie: todo partido tiene votantes y, salvo que el señor Tellado diga luego lo contrario, todos ellos merecen algún respeto. O no, luego se lo preguntamos.

La noticia que ayer dio el PP es que se compromete a no compartir nunca jamás el Gobierno con Vox. Antes repetición electoral que hacer vicepresidente a Abascal o ministro portavoz a Herman Terstch. Es un compromiso relevante, muy relevante, aunque solo sea porque fue justo ese compromiso el que eludió Feijóo en la campaña electoral de 2023, mientras Mazón se encamaba con Vox en Valencia sin ni siquiera pensárselo. Lo que pasa es que, para ser un compromiso tan serio, Tellado lo dejó para después de la rueda de prensa y solo cuando los micrófonos se habían apagado. Porque en abierto lo único que expresó fue un deseo.

La comunicación política, transparente, directa, era esto. En público digo una cosa y luego ya, en privado, te explico lo que debes interpretar que estaba diciendo. Teoría y práctica del enredo.