Alsina pide "humildad" a Sánchez a la hora de predicar el fin del tiempo de la derecha: "Más acto de fe que diagnóstico"
El presentador de Más de uno ha analizado la resaca del presidente del Gobierno después de su fin de semana de cumbre internacional en el que ha proclamado junto a los líderes de la izquierda mundial el éxito de su proyecto.
Madrid |
Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. La de hoy es corta de verdad. Puede que sea una de las historias más corta en toda la historia de las historias cortas. Empata con Monterroso. Si la suya del dinosaurio tiene siete palabras, esta también. Y dice así: 'Cuando despertó, Lula ya no estaba allí'. Fin.
Como alcanzarán a adivinar todos ustedes, bebedores insaciables de la actualidad política de cada día -fines de semana incluidos-, esta viene a ser la historia de un jefe de gobierno de loables aspiraciones planetarias, que después de haber echado el viernes y el sábado disfrutando de la fiesta de celebración organizada por él mismo a mayor gloria de sus posiciones políticas y, por tanto, de él mismo, dejándose ensalzar por presidentes americanos de izquierdas, que si Sheinbaum, que si Petro, que si ex Boric, por alcaldes de ciudades con rascacielos, como Mamdani (que es Manuela Carmena en Nueva York), después de haber recibido de Lula el trono inmaterial de rey de las esencias izquierdistas (Sánchez, consagrado, ha dicho su gobierno, siempre sobrio e imparcial cuando de su jefe se trata), es la historia, digo, de un jefe de gobierno que después de haber pasado dos días levitando y codeándose con sus amigos extranjeros, despierta el domingo en Gibraleón y solo tiene a su lado a María Jesús Montero.
Carne de su carne. Presidenta de su club de fans, meritoria escudera y persona elegida por él mismo como escudo humano del sanchismo en las elecciones andaluzas. Nadie podrá decir que Montero carece de discurso -al revés, de discurso está sobrada, y de subordinadas- pero admitamos que no es Lula.
Eso es, o se llame Maduro, o se llame Mohamed VI o se llame Xi Jinping. A la hora de discriminar poderosos, injusticias y derechos humanos, digamos que el presidente es selectivo. Y audaz, porque requiere de una enorme audacia plantarse en Barcelona en una cumbre internacional de defensa de la democracia recién llegado de otro gustoso viaje a la China y sin que uno solo de los presentes te haga ver la contradicción que supone erigirte en adalid de la democracia frente a quienes la coartan, la repudian, la detestan teniendo como mejor amigo al autócrata chino.
Pero chico, el anfitrión era Sánchez, los asistentes eran sus colegas -los amigos de Peter- y un amigo no acude a la fiesta de exaltación del otro para tocarle allí las narices ni ponerse pejiguero con su afinidad asiática. Ahora que el Papa se arruga y hace saber a los periodistas que en modo alguno estaba, ni está en su ánimo, confrontar con Donald Trump, hace bien el jefe de gobierno español en exprimir su momento como pope del anti trumpismo sin nombrar a Trump, que tiene tanto mérito como lo de la China, por lo menos.
Y si Abascal se organizó aquello de los Patriots para ser visto como el hombre de la internacional ultraderechista en el sur de Europa, hace bien Sánchez en organizarse esto e Barcelona aunque solo sea para que alguien se acuerde de que preside la Internacional Socialista, bien es verdad que en horas bajas en la Europa donde él reside.
Cómo de dura será la sequía izquierdista en Europa que el invitado alemán más poderoso en la cumbre es el viceprimer ministro del gobierno alemán, es decir, el número dos de un gobierno de coalición que en realidad preside el PP, o sea, Merz, el amigo de Feijóo.
Hay que tener moral para predicar en Barcelona que a las derechas se les acaba su tiempo cuando en España, a la luz de las encuestas, a quien se le acaba el tiempo es a Sánchez. A un año y pico de las generales, la media de los sondeos dice que carecerá de opciones para ser investido. Puede que sea más acto de fe que diagnóstico esto de que las derechas están acabadas.
Hay que tener moral para predicar en Barcelona que a las derechas se les acaba su tiempo cuando en España, a la luz de las encuestas, a quien se le acaba el tiempo es a Sánchez
Y hay que tener aún más moral para ir a predicar eso mismo a Andalucía. Donde Juanma Moreno lleva gobernando la comunidad autónoma el mismo tiempo que él lleva gobernando España. Hace cuatro años los votantes premiaron sus políticas con una mayoría absoluta, hoy la única duda es si volverá a tenerla o se quedará a punto. Hace tres años los votantes castigaron a Sánchez con una derrota electoral de la que solo Puigdemont pudo rescatarle.
En Andalucía, con el gobierno central ejerciendo de oposición, la aspiración del PSOE no pasa de mantener los treinta escaños que ahora tiene y evitar que María Jesús Montero haga historia como la candidata socialista menos apoyada de toda la historia. Un poco de humildad al hacer diagnósticos sobre quién despega y quién languidece ayudaría a tomarse en serio los mítines. Los mítines andaluces y los mítines planetarios.
Regularización y pacto en Extremadura
Desde hoy las oficinas de Extranjería y Seguridad Social atienden a los ciudadanos que viviendo ya en España y trabajando ya en España quieran conseguir los papeles que les permitan seguir haciéndolo, pero legalmente. Sin el temor a una deportación que raramente se produce, pero que no deja de ser un temor que hace difícil vivir tranquilo, y saliendo de la economía sumergida y los cobros en negro.
Con el apoyo de las patronales, asociaciones de ayuda a los sin papeles y la jerarquía de la Iglesia, se pone en marcha la regularización extraordinaria que nunca sabremos si habría tenido el apoyo del Parlamento porque el gobierno eligió la vía de orillarlo y actuar por decreto.
Más de medio millón de ciudadanos, que están aquí (muchos de ellos desde hace años) y que habrán de acreditar que han permanecido aquí al menos cinco meses, tienen a su alcance desde hoy eso que tantas veces reclamaron las ONG los últimos años: una ventanilla en la que poder legalizar su situación y obtener su permiso de trabajo. Para seguir trabajando. Y para cotizar.
Coincide este comienzo de las citas presenciales con la digestión del pacto para el gobierno de coalición en Extremadura, remake del que ya se firmó hace tres años y anticipo de los que se van a firmar en Aragón y Castilla y León. Por iniciativa de Vox, asumida por el PP, pasan a ser consideradas nocivas las asociaciones que atienden a inmigrantes sin papeles; no podrán recibir ayudas públicas ni suscribir convenios con el gobierno extremeño. Incluida Cáritas, organización de la Iglesia Católica cuyo trabajo tantas veces elogió el PP y en cuyos informes basó algunas de sus críticas más justificadas al gobierno central. Pero eso de ayudar a inmigrantes irregulares, como que no. Pecado grave para el gobierno de coalición extremeño, casi mortal.
Pecado grave para el gobierno de coalición extremeño, casi mortal.
Hoy la dirección nacional del PP podrá explicar qué significa la prioridad nacional que aparece en el pacto de gobierno cuando se habla de acceso a prestaciones públicas, vivienda protegida y alquiler social. Y si está en esto con María Guardiola, que lo ha suscrito sin problemas, o con Díaz Ayuso, que ha dicho que es ilegal.
Y si la prioridad nacional no contradice clamorosamente aquel documento marco que alumbró Génova y que prometía que no habría desigualdades por razón de origen. Y si prioridad nacional significa que las ayudas públicas a empresas se reservarán para empresas españolas y no, por ejemplo, para multinacionales chinas.
El viernes el PP celebraba la gran boda extremeña. Porque da estabilidad y porque es lo que los electores demandaban, suspiraban por ello. El sábado ya estaba Juanma Moreno pidiendo a sus electores que le den, por dios, la mayoría absoluta para no tener que sentarse a negociar, otra vez, con Vox. Ese partido que, según Génova, huye de gestionar porque no sabe y cuando gestiona, gestiona fatal. Este es el nuevo mensaje principal en la campaña de Moreno: no permitáis, por dios, que acabe siendo vuestro María Guardiola.