Alsina ironiza sobre la explicación de la ministra Montero del nuevo modelo de financiación autonómica: "La parte financiante de la primera parte"
El director de Más de uno ha tratado de desenredar la exposición que ha dado la ministra de Hacienda para tratar de justificar el funcionamiento del principio de ordinalidad anunciado por Junqueras tras su reunión con Pedro Sánchez.
Madrid |
Una de las historias más graciosas que se ha visto en el cine fue idea de un escritor que protagonizó él mismo, una historia que pareció por completo de gracia. El escritor en cuestión se llamaba McGuinness, James McGuiness. Era de origen irlandés (por supuesto) y se había empleado en la Metro Goldwing Mayer en Hollywood como guionista.
En calidad de tal fue citado por el senador McCarthy (1947) para que testificara contra colegas suyos sospechosos de comunismo, como Dalton Trumbo. Lo hizo, alegando compromiso con la patria y contra la subversión. Y arrastró, el resto de su vida (tampoco vivió ya mucho, tres años) la etiqueta, merecida, de delator y colaboracionista.
Quince años antes se le había ocurrido a McGuiness esta historia para una comedia: un negociante bastante caradura se entromete en el proyecto de un mecenas para fundar una compañía de ópera y embarca rumbo a Nueva York a un tenor al que ha contratado en Milán confundiéndole con otro y a la joven cantante de la que este se ha prendado. En el barco, naturalmente, hay camarotes, y eso hace posible una famosa escena en la que no para de entrar gente.
O sea, la escena del camarote. Que junto con 'y dos huevos duros' y la del contrato menguante son lo más recordado -mucho más que el argumento- de 'Una noche en la ópera'. El contrato en cuestión es para llevar al tenor Lasparri a Nueva York y Groucho cree estar negociándolo con su representante, que es Chico y que, en realidad, no sabe leer. De ahí sale 'la parte contratante de la primera parte', encarnación máxima, desde entonces, de una formulación farragosa que, cuanto más avanza, menos se entiende.
Sin duda, sí, siempre. La vicepresidenta primera del gobierno de España despejó el viernes todas las dudas que había, ¿verdad?, sobre el modelo de reparto del dinero que ella propone a los gobiernos autonómicos y al Congreso en una comparecencia no apta para no iniciados en al que la nivelación horizontal, la vertical, el statu quo, el dinamismo económico y la población ajustada se fundieron en un potaje solo digerible por especialistas que, a decir de la vicepresidenta se condensa en tres mensajes:
- Su propuesta es la mejor de las posibles, por la generosidad que demuestra el gobierno al renunciar a gestionar él veinte mil millones de euros.
- No hay agravio territorial alguno porque todas las comunidades recibirían más dinero aunque algunas mejoraran su caja bastante más que otras.
- Y… Feijóo es un piernas.
¿Ves? Esto sí se le entiende. El agravio territorial lo alienta la derecha, dice el Gobierno, no los nacionalistas e independentistas que han hecho del agravio su principal bandera desde hace un siglo, más o menos. Dios no llamó por el camino de la oratoria a la ministra Montero, ciertamente, pero habrá que agradecerle el esfuerzo por explicar al personal que lo que ella misma, con Junqueras, da en llamar principio de proporcionalidad ahora resulta que no es un principio. Principio de ordinalidad según Junqueras, como ya explicamos el viernes, es que una comunidad ocupe el mismo puesto en el ránking en aportación al conjunto y en lo que recibe de este: si eres la tercera en aportación, no puedes ser la cuarta en lo que recibes.
Hasta ahora se entendía que, al ser un principio, no una excepción particular (dice el gobierno) y al poder todos los gobiernos autonómicos reclamar para sí las mismas condiciones que se le reconocen a Cataluña podrían todas las comunidades ricas (las otras no lo van a pedir) mantener su posición en el ranking: si eres la primera en aportar, eres la primera en recibir. Pero no, queridos amigos, el principio empieza y termina en Oriol Junqueras y Salvador Illa. "¿Hay principio o no ha principio?", le preguntó la prensa a la madre de la criatura.
El principio empieza y termina en Oriol Junqueras y Salvador Illa
Varias reuniones en secreto entre Sánchez y Junqueras
Si unas sí, pero otras no, ¿qué clase de principio es este? Por fin se entiende por qué lo llaman financiación singular. Más singularidad que esta (un principio que sólo se le garantiza a uno) no cabe. Añádase que La Vanguardia reveló ayer, como si tal cosa, que la reunión presencial de Sánchez con Junqueras la semana pasada, que todos creímos que era la primera (y nadie desmintió que lo fuera) en realidad era una más de las varias que han tenido los últimos meses en secreto y tendremos ya sobradamente demostrado que otra cosa no, pero este es el gobierno de la equidad y la transparencia.
El modelo que ha diseñado Montero, o Junqueras, o quien haya sido (tanto monta, monta tanto) refuta aquello de que iba a ser el gobierno catalán quien decidiera arbitrariamente cuánto debe aportar al conjunto del Estado. Hay criterios objetivos. Discutibles, como todo, pero no arbitrarios.
Y rebate que Cataluña vaya a salirse del régimen común. Tiene razón la vicepresidenta cuando anima al PP a razonar con cierto grado de precisión, y ahora que ya son públicos los criterios, en qué coincide (que algo habrá) y en qué discrepa. Ayer contaba El Mundo que Feijóo afinará su propio modelo (bienvenido sea) un día de estos y en un cónclave de barones en Aragón.
En Aragón, para despejar cualquier duda de por qué se hace: para la campaña electoral, no porque haya mucho interés en debatir si la población está bien ajustada y si en Baleares debe regir la ordinalidad o no hace falta. La crítica de Montero al gobierno Rajoy por no haber actualizado él este modelo es pertinente y es justa.
Aunque ha debido de hacérsele tan corto su tiempo de ministra a la ministra que no ha caído en la cuenta de que ella lleva en Hacienda más tiempo del que pasó Rajoy en la Moncloa y hasta ahora no se le ha conocido una propuesta (y la de ahora ha llegado a instancias de Esquerra).
Sánchez ha ganado a Rajoy en demora. O en dejadez. Celebremos que el ministerio de Hacienda vuelva a la actividad al cumplir ya tres años sin presentar proyecto de Presupuestos al Congreso y con una responsable que parece más ocupada en hacer oposición al gobierno andaluz y organizarse actos de autopromoción los viernes en Andalucía que en cumplir el mandato constitucional que tiene de permitir que las Cortes fiscalicen su principal (e inexistente, de momento) proyecto.
No es solo el efecto perverso que tiene que se permita aparecer como ideólogo del modelo a un independentista que hace oposición en Cataluña, es que la autora de la propuesta que, según ella misma, beneficia a Andalucía por encima de cualquier otra comunidad autónoma resulta ser la candidata del gobierno a la presidencia andaluza.
Solo el hecho de tener intereses propios, y partidistas, en una región concreta debería haber animado a la ministra a dejar que sea otra, u otro, quien diseñe, presente y defienda este modelo. Es decir, a elegir ya si quiere ser la competidora de Moreno por el poder andaluz o la recaudadora y repartidora del dinero de los contribuyentes entre todos los gobiernos autonómicos. Una vez más, y como santo y seña del actual gobierno, la pretensión de hacer pasar por normal una soberana anomalía.
Los ministros de guardia hacen saber -lo contaba ayer El País- que el debate sobre la financiación singularísima, protagonismo de Junqueras incluido (Junqueras, citas secretas se entiende que no en un caserío), le vienen al gobierno de perlas. Vuelven los clásicos dominicales: pase lo que pase, le pase lo que le pase, los ministros de guardia interpretan que siempre benecifia al gobierno.
Mejor que se hable de financiación autonómica, dicen, que de Ábalos y Koldo. Claro que antes de Navidad el mensaje era: la corrupción está amortizada, a Sánchez no le hacen daño ni Ábalos ni Koldo. Siempre a favor de sí mismos. Vuelve el conocido estribillo de que Sánchez recupera la iniciativa y marca la agenda.
Como cuando Gaza, como cuando el aborto, como cuando el fiscal general. Será por banderas que cohesionan y movilizan tanto, pero tanto, a la izquierda que luego llega Extremadura y el PSOE se deja catorce puntos y llegan nuevas encuestas que atribuyen a la derecha más del 50% del voto en España y colocan a Vox disputándole ya al PSOE, que no al PP, la segunda plaza en algunas provincias. Todo en orden. Jordi Sevilla ha hecho un manifiesto para azuzar el debate interno en el partido. Imagino a Óscar Puente con el tuit ya redactado y presto a dispararlo en cuanto el manifiesto vea la luz esta mañana.
Después de la parte contratante de la primera parte lo que viene es la reunión de los gobiernos autonómicos con Hacienda esta misma semana. Montero con las consejeras de Hacienda (y algún consejero, que también lo hay) tratando de convencerlas de que esta propuesta es una bendición, el maná del dinero que el gobierno hace llover sobre su tierra.