Alsina exige explicaciones al Gobierno por la tardanza en la llegada de los servicios de emergencia al Alvia: "¿Cuándo supo la guardia civil que eran dos trenes?"
El director de Más de uno ha señalado el desconocimiento de los primeros agentes que llegaron al lugar del accidente sobre la existencia del segundo tren, hasta que fueron avisados por sus propios viajeros.
Madrid |
La historia de esta desgraciada semana, irreparable para más de cuarenta familias, aún no ha terminado de escribirse. La semana en que cuarenta y dos familias tuvieron que encajar el hecho irreversible de la muerte. Las familias de las cuarenta y cinco víctimas mortales de Adamuz (una de ellas, la de Punta Umbría, con cuatro muertos), y la familia del maquinista en prácticas, sevillano de origen, fallecido en el Cercanías de Cataluña.
Esta es una historia que no acaba hasta que un juzgado -o un tribunal-establezca la causa de los siniestros y la responsabilidad, posible, de las administraciones. Lo que sí ha terminado, acabó ayer, es el tiempo de angustia que han tenido que pasar las familias antes de recibir los restos mortales de sus fallecidos y poder regresar a casa con ellos para honrarlos y darles sepultura. En ocho días se oficiará la ceremonia de Estado en Huelva. Antes se están oficiando las ceremonias familiares, íntimas, de duelo y despedida.
La historia no termina hasta no establecer los porqués, las lecciones que quepa extraer y el si pudo haberse hecho algo, o debió haberse hecho, que impidiera que la desgracia se consumara. En el caso del Cercanías de Cataluña no hay duda sobre qué provocó la destrucción de la cabina, el desmoronamiento de un muro de contención que no debería haber cedido.
La historia no termina hasta no establecer los porqués
En el caso de Adamuz, aún no hay causa establecida, pero sí una posibilidad innegable, como diría el ministro, que a la luz de los elementos ya reunidos prima por encima de las otras: el raíl derecho se rompió al paso del Iryo, saltó un tramo de cuarenta centímetros, la rueda de un vagón perdió apoyo y el resto del convoy descarriló e invadió la vía contigua.
Una sacudida como esa, al perder pie, o al salir despedido un trozo del raíl, habría sido sentida, en el interior del quinto vagón, como un fortísimo golpe en los bajos. Compatible con esta descripción que nos hizo ayer un pasajero de ese coche del Iryo, el cinco.
Que se desgaje de un raíl de acero un tramo de ese tamaño tiene poco que ver con los baches que los maquinistas detectan, y de los que avisan a Adif, en las líneas de alta velocidad. Como ocurre en las carreteras, un bache es un punto de la vía en el que, fruto del desgaste, hay un ligero desnivel que hace que el vehículo vibre. Lo aconsejable, hasta que sea reparado, es moderar la velocidad en ese punto.
Esto es lo que vienen reclamando los maquinistas y que Adif atiende ahora con más interés que antes: limita, como hemos visto esta semana, la velocidad en los tramos con baches y procede a repararlos de madrugada. Pero lo de Adamuz -que se rompa un trozo del raíl- es otra cosa. No es un bache sino socavón.
No es un bache sino socavón
Es como si, mientras un camión circula por la autovía, un socavón se tragara el asfalto mientras el camión está pasando. De golpe, no hay raíl bajo la rueda. A doscientos por hora y con otro tren viniendo por la vía contigua en sentido contrario.
Algo así, en efecto, es tan inusual, tan anómalo y tan grave (están las consecuencias a la vista) que obliga, caso de confirmarse, a afinar aún más la investigación. Para establecer no ya la causa del descarrilamiento, que sería esta, sino la causa de que el carril, de acero, perdiera un trozo. Y ahí las hipótesis son defecto de fabricación, defecto de soldadura. Fatiga del material, sí, pero tratándose de un material tan reciente (apenas ocho meses), esa fatiga sería fruto de una fabricación o una colocación defectuosa.
Es comprensible el vértigo que este escenario genera para los técnicos de Adif porque obligaría a preguntarse si ese mismo defecto puede existir en otros puntos de la vía y cuál es el instrumento para detectarlo a tiempo, visto que en Adamuz las revisiones y los test de seguridad habituales no alcanzaron a detectarlo.
Cómo saber que un trozo de vía puede saltar de sus soldaduras si los sistemas que hasta ahora se han utilizado no permitieron saberlo en Adamuz. El vértigo va mucho más allá de la responsabilidad política que habría de pagar quien ha gestionado la renovación de ese tramo de la vía. Que es el Gobierno de España.
La reacción del accidente
Reconstruir el accidente y reconstruir la reacción de Adif al accidente. Cómo y cuándo se alerta a los servicios de emergencia para que acudan. La llamada del maquinista del Iryo a Atocha activa el envío de ayuda a este tren.
Hay, a la vez, llamadas de viajeros al 112. Lo que sigue sin aclarar Adif es en qué momento Atocha detectó que el Alvia también había resultado siniestrado y en qué momento alerta a los servicios de emergencia. En este punto, el Gobierno tiene un problema. En su propia cronología de los hechos, difundida ayer por la Moncloa, se dice que el descarrilamiento del Iryo se confirma a las ocho menos diez de la tarde, pero que el Alvia es localizado por la patrulla de la guardia civil a las ocho y cuarto.
Y esta patrulla son los guardias de Adamuz que han llegado primero hasta el Iryo y que solo descubren que hay un segundo tren siniestrado cuando un pasajero del Alvia, caminando por las vías, llega hasta donde están ellos atendiendo a los heridos y les pregunta por qué no van las ambulancias a donde está el tren accidentado.
A este viajero le pareció que transcurrió más de una hora hasta que en el Iryo se supo que había otro tren descarrilado. El registro horario del 061 en Andalucía refleja que el primer equipo médico llega al Iryo a las ocho y el primero que llega al Alvia es a las ocho y media, como contó su director ayer en La Brújula de Andalucía.
Sobre lo que no hay discrepancia es que la primera noticia sobre el otro tren la tienen por el pasajero del Alvia que ha llegado andando hasta el Iryo y se lo ha contado a los guardias civiles, no porque desde Atocha se advirtiera de que eran dos los escenarios del desastre. Ayer hablaron los dos guardias de Adamuz y confirmaron que hasta que no apareció este viajero no supieron nada de un Alvia.
¿Cuándo supo la guardia civil que eran dos trenes? Según estos agentes, cuando avisó un viajero, ocho y cuarto de la tarde (ha pasado media hora desde el descarrilamiento). Hasta ese momento, no ha habido ayuda médica a los pasajeros del Alvia. Al ministro Grande Marlaska se le preguntó ayer, repetida y nítidamente, si desde Adif se avisó a la Guardia Civil de que eran dos los trenes. Y de su respuesta (o resistencia a dar respuesta) se concluye que no lo hizo.
Esta parte de la historia también habrá de investigarse para establecer si hubo error o negligencia y para corregir lo que proceda, en Atocha, con el fin de que una situación como esta no pueda repetirse: dos trenes descarrilados del que los servicios de emergencia solo tienen constancia de uno. Habrá de investigarse. Y, sin esperar a ello, alguna explicación debería dar el Gobierno. Para aclarar este aspecto no requiere de complejas pruebas de laboratorio.