Monólogo de Alsina

Alsina destaca "la convicción y la ignorancia" de Rajoy ante el juez: "No supo nada, pero da por hecho que todo fue legal"

El presentador de Más de uno ha analizado las declaraciones como testigo del expresidente del Gobierno en el juicio de la Kitchen, así como las de Cospedal, exnúmero dos del PP, quien restó peso a sus encuentros con Villarejo.

Carlos Alsina

Madrid |

Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. Luis Alegre cayó en la cuenta un buen día -muy, muy bueno gracias a la caída-, cayó en la cuenta de que hay tranvías que uno no puede dejar pasar como si tal cosa. Se llegó hasta David Trueba, fino observador de la belleza tener años a tu espalda y la cabeza en su sitio para poder contarlos, y le propuso liar a Manuel Vicent para que se dejara entrevistar durante horas, con una cámara delante, en casa. Corrijo: entrevistar no es la palabra. Para que se dejara conversar durante horas, convirtiéndole en el Gary Cooper de una película con el reparto más breve de la historia: sólo salen él y su memoria acompañados de una antología de episodios y reflexiones divertidas.

Nueve horas después de echarse a conversar los tres, y una vez que fue editado el material para dejarlo en una duración cinematográfica más canónica -hora y media-, lo que les ha salido a Trueba, a Alegre y a Vicent es la historia oral de la vida, venturas, desventuras, sucedidos, azares y temores de un autor -cronista, columnista, novelista y valencianista- que compartió con Del Pozo, además de vecindad y tertulia y sucedidos, la condición de tímido muy sociable que hace humor y hace literatura en cuanto pronuncia cuatro palabras seguidas y sin necesidad de pretenderlo.

Dice Vicent en esta película conversacional, de la que hablaremos en La Cultureta a las once, que entre sus inquietudes nunca ha estado pasar a la posteridad y que lo que uno escribe se pudre. Perdura en la memoria de los demás no la persona sino el personaje. Lo que uno ha escrito casi siempre caduca. Y es quien viene de fuera, y viene con la nariz limpia, quien percibe el mal olor que se respira en algunos sitios.

El nombre que más se repite en los periódicos de esta mañana es el de una persona convertida en personaje cuyo legendario olfato político nunca le permitió detectar lo mal que, a su alrededor, olía. No es Sánchez. Por una vez no es Sánchez, aunque podría serlo por el larguísimo periodo que, según él, residió en Babia.

El personaje del que más se habla es un presidente de gobierno que vio publicado, contra su voluntad, el microrrelato con mayor repercusión popular de nuestra historia reciente. Su caso viene a ser la excepción a la caducidad de la literatura breve, porque el suyo es un microrrelato que no caduca. Y por el que se le preguntó ayer en un juicio.

El "Luis, sé fuerte" fue un éxito editorial desde el primer minuto y pasó a la posteridad en cuanto fue publicado. Por El Mundo. En rigor, eran dos SMS distintos, de Rajoy a Bárcenas. Uno en el que le decía: "Sé fuerte, mañana te llamaré, un abrazo". Y otro, un año antes, en el que dice "nada es fácil, hacemos lo que podemos".

El "hacemos lo que podemos", según Rajoy, siempre fue apócrifo. Él no reconoce haberlo escrito. Porque en el pantallazo que fue difundido solo estaban sus presuntas respuestas, pero no lo que a él le decía Bárcenas, quejoso de que Cospedal le dejara vendido y no le respaldara ante la prensa.

Este autor de SMS llamado Rajoy escribía como una adolescente de ahora, sin una coma en su sitio y sin una tilde. Demostrando que basta con conocer el contexto para que incluso lo que está pésimamente redactado se entienda perfectamente. Y el contexto era una investigación judicial sobre la Gürtel y sobre la financiación del PP de la que el tesorero confiaba en salir airoso gracias a que su partido disponía en aquel momento de los resortes de poder del gobierno. Incluida la presión sobre la fiscalía e incluido el Ministerio del Interior.

Con el tiempo, el autor-presidente Rajoy se fue convirtiendo en personaje. A base de pronunciar frases de tebeo de Ibáñez y de hacer creer que él, como gobernante, solo se ocupó en realidad de que la economía española saliera a flote y de que Puigdemont no se llevara por delante España. Del resto, chico, es que nunca estuvo muy encima de nada.

La convicción y la ignorancia -las dos a la vez- como estrategia defensiva. No supo nada de la presunta operación para hacerse con los pendrive de Bárcenas colocándole un topo tutelado por Villarejo. Pero sin haber sabido nunca ni cómo se pergeñó aquello ni de quién partió la idea -y sin haber movido nunca un dedo para averiguarlo- da por hecho que todo fue legal, faltaría más. En qué cabeza cabe que un ministro o un secretario de Estado o un director operativo de la policía vayan a vulnerar la ley para salvarle el trasero al partido del Gobierno.

El personaje que se fue construyendo Rajoy es este que recurre al humor como diluyente de las graves responsabilidades que llegó a tener como gobernante. No necesariamente delictivas, pero responsabilidades. A Rosalía le envió Rajoy también un SMS (Rosalía no la artista sino la esposa de Bárcenas). Con esta frase de aroma sanchista porque habla de resistencia: "Al final", escribió el presidente-autor, "al final la vida es resistir y que alguien te ayude".

El personaje que se fue construyendo Rajoy es este que recurre al humor como diluyente de las graves responsabilidades

La capataza de Génova

Eso debió de pensar Cospedal, capataz en Génova y encargada de sofocar el incendio interno que se había desatado con los papeles del tesorero y la investigación sobre la caja B del partido. Que al final la vida es resistir y tener a alguien que te ayude a saber qué hay de verdad en las amenazas que hace llegar el tesorero caído.

Y si hubo alguien, en la historia policial y cloaquera de España, dispuesto siempre a ayudar para eliminar problemas, ese fue el comisario Villarejo, a quien Cospedal abrió las puertas del partido (bueno, la del garaje) convencida, seguro, de que todo lo que hacía él también era legal.

Villarejo ya era un elemento tóxico, de largo recorrido tóxico, y suficientemente conocido en el Ministerio del Interior y, por oposición, en el CNI como para creer que el partido del gobierno carecía de referencias sobre a qué se dedicaba, y qué servicios ofrecía, el comisario empresario.

La jornada cumbre del juicio Kitchen dio para lo que dio. Solo lo que todo el mundo esperaba y nada nuevo que pueda cambiar, a estas alturas, el curso de la historia. Rajoy, con Cospedal y los demás, hicieron historia en España al convertirse en el primer gobierno derribado por una moción de censura.

Puente jurista

Por cierto, empieza a parecer autoparodia que el ministro Puente, cada vez que opina sobre causas judiciales se defina a sí mismo como jurista. O sea, que es abogado que ejerció durante un tiempo y que tiende a generar la falsa idea de que todos los juristas tienen el mismo criterio que él sobre las causas y los casos.

En ocasiones, veo jueces de derechas que discriminan. El ministro-jurista ya no solo hace pronósticos sobre cómo acabarán los casos que hoy se investigan, sino que hace hipótesis sobre cómo serían las cosas si las cosas fueran distintas. Para que nadie se despiste, Pedro Sánchez no ha sido ni imputado ni procesado nunca.

En ocasiones, veo jueces de derechas que discriminan

Y si alguien ha defendido este último año que el máximo responsable de un partido y el presidente del gobierno puede vivir en Babia mientras sus subalternos, en el partido y en el gobierno, incurren en comportamientos presuntamente delictivos, o sea, presuntamente se corrompen, si alguien viene defendiendo la doctrina del pobrecito presidente a por uvas traicionado por sus hombres de confianza es, precisamente, el PSOE y son, precisamente, los ministros del PSOE. Cómo iba a saber el presidente que su ministro de Fomento y el famoso Koldo que intercedía por sus amigos ante medio Gobierno, iban a estar metidos en nada raro.