Alsina critica la posición "equidistante" de Sánchez respecto a Irán: "Le conviene recalcular sus mensajes"
El director de Más de uno ha alertado sobre el peligro de que España pase de ser un país crítico, a parecer menos comprensivo con los socios que con un potencial enemigo como el país persa.
Madrid |
Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. No consta que fabricara jamás una jaima pero ése era su apellido: hacedor de tiendas de campaña. Y hacer, es verdad que hizo un montón de cosas, pero no tiendas.
¿Qué tienen en común -pregunto esta mañana- la cara oculta de la luna, Camarón de la Isla y las ecuaciones de primer grado? Tiempo, como si fuera un concurso. La luna, Camarón y las ecuaciones. La respuesta es: "¡no estamos para juegos, Alsina, vaya usted al grano". Bien, la respuesta es el fabricante de tiendas de campaña. La luna tiene un cráter que lleva el nombre de un astrónomo persa. Camarón le prestó su voz a un poeta persa.
Y que llamemos equis a la incógnita de una ecuación se debe a un matemático persa. Y el poeta, el matemático y el astrónomo (y el filósofo, y el jurista, y el historiador) eran una misma persona: Omar Jaiam, una de las mentes más brillantes y más completas que ha dado la ciudad de Nishapur, hace mil años, en Persia (hoy noreste de Irán).
En España, como en el resto de Europa y en América, su nombre evoca, sobre todo, literatura. "Dejo a Platero en el prado alto", escribió Juan Ramón, "y yo me echo bajo un pino, lleno de pájaros que no se van, a leer a Omar Jaiam". Es a partir de sus escritos como se ha reconstruido su personalidad: el curioso que picotea en todas las disciplinas, el pensador tolerante que disfruta de los pequeños placeres de la vida, el escéptico que desconfía de quienes llevan su fe demasiado lejos. Sus cuartetos, los Rubaiyat, los tradujo al inglés el mismo hispanista, Fitzgerald, que tradujo a Calderón. Y de ellos, el preferido de Christofer Hitchens, descreído entre los descreídos, era éste que dice:
"¿He de creer que dios hizo que las vides dieran fruto y, al mismo tiempo, nos prohibió beber? Los hombres hablan del cielo y del infierno, pero no hay más cielo y más infierno que éstos en los que vivimos. ¿De verdad creéis que dios iba a revelar sus secretos a un hatajo de fanáticos cerrados de mente y me lo iba a negar a mí? Creed lo que queráis pero no recéis, porque plegarias como las vuestras no hay nadie, allí arriba, que quiera escucharlas".
Mil años después, con Irán gobernado, aún, con mano de hierro por un grupo de clérigos fanatizados que aquí llamamos régimen de los ayatolás, releer a un crítico del fanatismo como Jaiam aún inspira a quienes se llevan jugando el pellejo en aquel país desde hace años, muchos años.
Aunque hoy quizá lo que toca es recordar que entre sus muchos saberes incluyó el poeta el estudio del tiempo, de cómo medimos el paso del tiempo y de los días. Suya fue la corrección del calendario persa, más preciso que el Gregoriano y que sitúa el comienzo de cada año en torno al 21 de marzo, cuando aquí celebramos el comienzo de la primavera.
Menos de veinte días quedan. El año nuevo es la limpieza, el poner a punto el hogar para reunir a la familia y purificarse saltando sobre hogueras. Una suerte de Nochevieja y noche de San Juan juntas. Dejar atrás la oscuridad del invierno y renacer con la luz enterrando las cenizas como se entierra el infortunio. Menos de veinte días quedan.
Ha dicho Donald Trump que no hay límite de tiempo. Que las bombas seguirán cayendo sobre Irán el tiempo que sea necesario. Entiéndase, el tiempo que él crea, o decida, necesario porque es su estricta voluntad lo que inició el ataque y lo que establecerá cuánto dura. La noche anterior había dicho que el régimen iraní, o lo que queda de él, ya baja la cabeza y se ofrece a negociar.
Pero va a ser que se precipitó Trump en su autocomplacencia porque quince horas después estaba amenazando con redoblar los bombardeos, avisando de que aún no ha llegado lo peor y admitiendo la posibilidad de que termine enviando tropas terrestres, las famosas botas sobre el terreno que acaban trayendo consigo los féretros cubiertos con la bandera estadounidense que aviones militares repatrían desde el frente.
"Esto no va a ser como Iraq", dijo ayer la Casa Blanca con la misma convicción con que había dicho que el régimen iraní ya boqueaba. Naturalmente, de los civiles que ya están siendo enterrados en Irán ni Trump ni sus portavoces ven necesario decir ni media palabra. Son daños secundarios, vidas corrientes que, por ello, son perfectamente prescindibles.
Para estos iraníes que ya no viven nunca llegará el día de la libertad. No habrá nadie, allí arriba, que escuche sus plegarias. Los demás iraníes, o al menos una gran parte de ellos, quiere pensar que las bombas que caen en sus ciudades son el peaje por el que hay que pasar para enterrar décadas de represión, de fanatismo en el poder y de intolerancia. Y años -estos últimos años- de precariedad económica, precios disparados y disparos contra quienes osaron protestar en las calles.
Hoy ya saben que ni siquiera en la mente orgullosa, y simplificadora, de Donald Trump la guerra va a ser cuestión de apenas unos días. Hoy ya saben que el clima bélico, misiles que llegan, misiles que salen, cada vez más naciones afectadas y dispuestas a ir a la guerra contra su país, amenaza con durar, como poco, varios meses. En la jerga del Pentágono, 'campaña prolongada'.
Ni siquiera en la mente orgullosa, y simplificadora, de Donald Trump la guerra va a ser cuestión de apenas unos días
El fuego iraní ha alcanzado ya los Emiratos Árabes, Arabia Saudí, Catar, Barhein y Kuwait. También el Líbano, donde hay tropas españolas, y también Chipre, donde hay una base británica. Rutte, el chico holandés que le baila el agua a Trump en la OTAN, ha ensalzado de nuevo el ataque estadounidense añadiendo que la OTAN, como tal OTAN, no está concernida ni tiene plan alguno respecto de este conflicto. Que significa que si el Reino Unido, o Francia, o Alemania prestan su colaboración a Estados Unidos es cosa suya, no de la OTAN. El escenario que nadie se atreve a plantearse es qué ocurre si el fuego iraní alcanza a los efectivos de la OTAN en Iraq, o en Turquía.
España va al choque con Trump
Que el Gobierno de España vaya al choque con Trump, a estas alturas tiene poco de novedad o de noticia. No necesita Sánchez que tiemble Oriente Medio para desmarcarse de cualquiera cosa que haga Trump, lo que ocurre es que en este caso, a diferencia de Venezuela, no sólo se ha desmarcado sino que cabe decir que ha obstaculizado, en lo que ha podido, el plan estadounidense.
En lo que podía era negar el uso de las bases de utilización conjunta para repostar aquí o participar, desde aquí, en el ataque a Irán. Avala al Gobierno que ésta es una acción unilateral de Trump y su compadre Netanyahu, sin amparo legal, pero sitúa España no ya en el sector crítico a la intervención sino en la oposición activa.
Y así como el primer día -o el segundo- tenía sentido poner el foco en el bombardeo estadounidense y mencionar, un poco de pasada, lo perverso que es el régimen iraní, ahora que entramos ya en el cuarto día, que la guerra se va a prolongar semanas y que es Irán quien ha asumido el papel de atacante contra naciones que no le habían tocado un pelo -ahí está Chipre- y de saboteador del comercio internacional -ahí está el cierre de Ormuz- le conviene al Gobierno recalcular sus mensajes porque la legalidad internacional la están violando todos, Estados Unidos, Israel e Irán, y porque dentro de la Unión Europea es en la respuesta bélica de Irán contra naciones amigas en lo que están poniendo el acento las dos potencias continentales, Francia y Alemania.
Una cosa es ser sector crítico y otra aparecer como menos comprensivo con los socios que con un potencial enemigo. Sánchez, recalculando, manifestó ayer su condena a todos los ataques que ha realizado Irán, incluido el que lanzó contra Israel desde primera hora. "La violencia sólo genera más violencia", escribió nuestro presidente, tirando de una frase seguramente manida, en un tuit (uno de sus tuits) en la red de un tecno oligarca.
Una cosa es ser sector crítico y otra aparecer como menos comprensivo con los socios que con un potencial enemigo
Para estar incendiado Oriente Medio, tener a treinta mil españoles atrapados en Dubai y en Abu Dabi -el rey Juan Carlos no cuenta como atrapado-, para tener soldados en el Líbano y para tener bases de utilización conjunta en España, el presidente no ha encontrado aún el momento para dirigirse con cierta solemnidad a los españoles y exponerles, ante la gravedad del momento, dónde estamos. Tanto goya, tanto Mobile y tanto mitin, pero para dirigirse al país el presidente no tiene tiempo.