Alsina critica el bloqueo de la Mesa del Congreso al debate sobre el adelanto electoral: "No hay votación porque Sánchez la tiene perdida"
El director de Más de uno ha señalado como el presidente del Gobierno no quiere ver que la sociedad española, representada en el Parlamento, le está pidiendo que ponga urnas para poder expresarse.
Madrid |
Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. Es la historia de un escritor que teclea en su máquina de escribir…cuando escucha a su vecina de abajo canturrear tocando la guitarra.
El escritor es el actor George Peppard, veintidós años antes de ser Hannibal Smith en 'El equipo A'; y la joven que canta es Audrey Hepburn doce años después de haber debutado como actriz de televisión. La canción, que a diferencia del guion y los actores se llevó un Oscar. estuvo a punto de ser eliminada del montaje final porque a los productores les pareció un pegote sin pies ni cabeza.
Saltaba a la vista que Audrey Hepburn no contaba entre sus talentos con el de la música, pero Blake Edwards se había empeñado tanto en que no fuera doblada por una cantante de verdad que al compositor, Mancini, le pidieron que creara un tema a la medida de ella, o sea, que en lugar de cantar casi susurrara.
Le salió una nana. La nana que más veces sonó, calculo yo, en 'Polvo de estrellas'. 'Moon River', la canción, acabó siendo reproducida durante décadas en todo el mundo mucho más que la película, 'Desayuno con diamantes'. Una canción a la medida de quienes adoran las joyas pero no están acostumbrados a cantar.
No es comedia sino drama, en efecto, que habiendo gobernado un país siete años, con tus aciertos que perduran y tus fracasos que a punto estuvieron de llevar España a la quiebra, habiendo liderado un partido político doce años y habiendo regresado del cementerio político al que ese mismo partido te condenó -exhumado vivo- para erigirte en padre inspirador de quien hoy gobierna, no es comedia sino drama que tu legado acabe siendo un joyero. La alhajera que dicen en Venezuela.
Es comprensible el estado de abatimiento de Zapatero y su familia, de Zapatero y su familia política. La primera, porque el trago de verse en los papeles como trincona, aprovechada o defraudadora lo es, un trago, incluso cuando eres culpable (más aún si predicas tu inocencia).
La segunda, la extensa familia política del Partido Socialista porque teme haber estado tratando todos estos años con un falsario, un impostor que presumía de no ambicionar ni la gloria ni los bienes materiales y ofrecía como prueba que nunca había creado una sociedad, que se ganaba la vida como autónomo y cuyo patrimonio neto -lo dijo aquí- era inferior a los setecientos mil euros.
Casi un mes después de que su despacho fuera registrado por la UDEF, el ex presidente Zapatero tiene hoy la oportunidad de responder a las preguntas del juez que investiga a su amigo Julio Martínez por tráfico de influencias y blanqueo de capitales en el rescate de Plus Ultra. Es a raíz de esta investigación por lo que ha sido citado Zapatero con abogado para informarle de lo que hay y ofrecerle la ocasión de explicar cosas: su papel en Análisis Relevante, sus gestiones (que él niega) para Plus Ultra, sus actividades en Venezuela y esto de las joyas. Ay, las joyas.
Ay, las joyas
El mismo día del registro (y la imputación), Zapatero grabó un vídeo en el que anunciaba que atendería a los medios de comunicación; luego no lo hizo. No ha habido, en estos veintiocho días, una declaración suya de viva voz confirmando o desmintiendo que las joyas sean suyas.
Escogió a una suerte de portavoz, Luis Arroyo, que sostuvo que eran regalos y herencias de la madre, la suegra y una tía, sin aclarar si son propiedad de Zapatero, de su esposa, o de los dos, y aclarando que como mucho valdrían cincuenta mil euros. La tasación oficial elevó la cuantía a más de un millón trescientos mil.
Eso, y el hecho de que aún no esté establecida la procedencia de cada joya, ha hecho que el juez abra una investigación sobre el origen del patrimonio y su tributación a Hacienda. Es decir, si son regalos y herencias, como sostuvo el portavoz, y qué pertenece a cada uno de los cónyuges por si alguno de ellos, o los dos, tuvieran entonces un patrimonio superior al umbral que la ley declara exento de declarar.
Es decir, si Zapatero, hipótesis, ha eludido no ya el impuesto de patrimonio que Ayuso bonifica en Madrid sino el impuesto a las grandes fortunas que Sánchez se inventó alegando que en Madrid los ricos no tributaban por lo que en verdad tienen.
Miguel Sebastián, ex ministro de Zapatero, en su afán por salvar al amigo de la quema le ha metido en otro problema. Ha contado que es habitual que en los viajes a Arabia Saudí los ministros reciban joyas como regalos. Pero también, que es decisión de cada quedárselos para sí o entregarlos a Patrimonio del Estado. Y si uno se los queda, mostrando bastante más apego a lo material de lo que tenía predicado, se trata de un incremento de patrimonio propio incuestionable.
Y haber defraudado a Hacienda por encima de los 120.000 euros en un ejercicio fiscal es un delito. Aunque haya prescrito, en el momento en que se hizo (o mejor, que no se hizo, la declaración) fue un delito. Entre el joyero y la elusión fiscal, se le está quedado al PSOE un faro moral con tantas contraindicaciones que no sería raro que lo enterraran de nuevo.
Un faro moral con tantas contraindicaciones que no sería raro que lo enterraran de nuevo
Perder una cuestión de confianza
Igual que una moción de censura se puede ganar aun perdiéndola, una cuestión de confianza se puede perder aun no presentándola. Hubo una vez que el afamado estratega Carles Puigdemont i Casamajó ideó una jugada audaz para recordarle a Sánchez a quién debe a legislatura. Anunció una moción en el Congreso para instar al presidente a someterse a una cuestión de confianza. ¿Cómo era aquello del si noooo que dijo usted, Carles?
El PSOE, tan firme siempre en sus convicciones, empezó diciendo que aquello iba contra la separación de poderes y la Constitución, poca broma, pero acabó tragando con que se tramitara la moción en un hermoso gesto de distensión (o rendición) y al final fue Junts quien reculó por la intercesión del verificador Galindo ¿a instancias de quién? De Zapatero, el nuevo mejor amigo de Waterloo. Ni un charco al que dejar de tirarse de cabeza el ex presidente.
Que el gobierno pasara en días de proclamar lo ilícito que era que el Parlamento instara al presidente a presentar la cuestión de confianza a proclamar, con idéntico aplomo, lo saludable que era que el Parlamento pudiera debatir cualquier cosa no sorprendió a nadie porque, en este Gobierno, los cambios de posición son como las rayas de la cebra, su seña de identidad.
Junts y el PP coincidiendo
Ahora Junts ha vuelto a sacar de su chistera otra jugada audaz añadiéndole un texto de cosecha propia a otro del PP para que el Parlamento debatiera y votaba si se instaba al presidente a disolverles a todos y convocar elecciones generales. Junts y el PP coincidiendo en un objetivo y un instrumento, pero qué me estás contando.
Naturalmente que la potestad de convocar elecciones sólo la tiene el presidente del Gobierno, eso lo sabe hasta Patxi López. Pero en ningún lugar está escrito que los diputados no puedan debatir la conveniencia de que el presidente lo haga. De hecho, tampoco hace falta mucho debate porque las posiciones están expresadas: hay mayoría a favor de la convocatoria electoral.
Lo que ayer sucedió es que a la mayoría gubernamental en la mesa del Congreso le llegó la instrucción de Moncloa de impedir a toda costa que semejante debate y votación pudieran producirse en el Hemiciclo. Y al utilizar su peso para abortar la iniciativa vinieron el PSOE y Sumar (o sea, el gobierno) a confirmar que el presidente sabe que ha perdido la confianza de la Cámara.
No hay votación porque Sánchez la tiene perdida. Y al admitir que la tiene perdida admite que la mayoría del Congreso le ha retirado ya su confianza. Sólo hay un matiz, por supuesto, que diferencia asumir que tienes perdida la cuestión de confianza a presentarla y perderla.
Y es que, en este segundo caso, tu obligación legal es convocar elecciones (no te queda otra) y en el primero, aun sabiendo que el Parlamento ya no te quiere puedes seguir fingiendo que no te das por enterado y haciendo de tu capa un sayo. Después de todo, este es el presidente que nunca se enteraba de nada: ni de Ábalos, ni de Koldo, ni de Cerdán, ni de Leire, ni de Zapatero, ni de Delcy. Ahora tampoco quiere enterarse de que la sociedad española, representada en el Parlamento, le está pidiendo que ponga urnas para poder expresarse.