Monólogo de Alsina

Alsina comenta el "vistoso acto de autopromoción inmobiliaria" del Gobierno: "A falta de otras banderas, la vivienda"

El director de Más de uno ha analizado la nueva propuesta del Ejecutivo en materia de vivienda, que rechaza uno de los socios al mismo tiempo que genera simpatía dentro de la derecha.

Carlos Alsina

Madrid |

Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. Estaban unos viejos viendo una obra -"esa zanja tendría que ser más profunda", "el mortero se le ha quedado flojo", "ese nivel, chico, que te está quedando la pared torcida"-, estaban los viejos echando la mañana mirando obras cuando uno de ellos levantó la cabeza, miró a su izquierda, y vio a lo lejos un pelotón de coches oficiales de los que se bajaba una multitud de personas trajeadas que se ponían chalecos reflectantes y cascos en la cabeza.

"Mirad esos", dijo uno de los jubilados. La tropa recién llegada, ordenada, perfectamente disciplinada, iba encabezada por un hombre alto y extremadamente delgado que se detuvo en la marca que le indicaron sus asesores, puso cara de estar francamente interesado y dedicó los siguientes minutos, acompañado en silencio por la legión de subalternos que lo acompañaban, a contemplar cómo una excavadora con brazo extensible y pinza hidráulica de la compañía AG Demoliciones iba destruyendo la pared de un edificio.

"¡Oh, qué espectáculo!", exclamó el jubilado. "¿El qué?", preguntó uno de sus amigos, "¿la excavadora?" "No, hombre, los aficionados". "Aficionados, no, diletantes", dijo otro, que había leído esa mañana la tribuna de Pérez Reverte y sentía el impulso de precisar en la elección de las palabras. "No pequéis de soberbia", dijo uno, "tampoco nosotros somos profesionales". "De la construcción, no", repuso el primero, "pero de mirar obras, sí, que somos jubilados". Qué espectáculo.

El primero de los viejos afinó entonces la mirada -sufría de presbicia, pero de lejos tenía vista de lince- y dijo: "Pero bueno, si es Sánchez""¿Qué Sánchez?""¿Qué Sánchez va a ser?, pues Pedro". "Eso es que ya lo han jubilado a él", apuntó uno moderadito, fingiendo que a él, ni frío ni calor lo que le pasara al presidente. "¿Cómo lo van a jubilar, hombre, si a Feijóo no le alcanza para la moción de censura?", replicó el más versado en aritmética parlamentaria porque había dado clase de cálculo a un diputado de provincias.

"Y si no esta jubilado qué va a hacer aquí, babeando con una excavadora, eso es que Jordi Sevilla lo ha tumbado con el manifiesto, ese". Ahí se le escapó una carcajada al tercer viejo, que era muy de Óscar Puente aunque lo disimulaba en aras de la concordia jubileta. Echaron el resto de la mañana los tres viejos fabulando sobre lo que habría disfrutado Sevilla si la excavadora de brazo largo fuera su recién fundada corriente interna y el edificio de Campamento que estaba derruyendo la excavadora fuera el edificio del sanchismo.

Claro que cayeron en la cuenta de que, entonces, tanto Sánchez como los tres ministros y medio que le secundaban, embelesados, en la contemplación de una obra, habrían de estar dentro, y no fuera, del campamento sitiado. Y ahí dejaron de imaginar porque no les pareció agradable la imagen de tres ministros y medio entre escombros.

Fue la imagen del día. Veinte años después. El presidente del Gobierno, con tres ministros, un delegado del Gobierno y una legión de afines y de operarios, viendo demoler un edificio. Dices: ni siquiera levantar, tirarlo. Bueno, para construir un barrio nuevo primero hay que tirar abajo los edificios que tenía ahí Defensa.

Antena 3, en una contribución edificante a la memoria reciente, rescató las imágenes de un acto calcado a este con Zapatero de presidente y Bono con casco viendo tirar un edificio igualito al de este lunes. Quizá los cascos se heredan, como las carteras ministeriales: traspaso de carteras y traspaso de cascos para ver obras.

Pero oye, lo disfrutaron la ministra del ramo, Isabel Sumar-no-me-quiere Rodríguez, el ministro de Presidencia y Relaciones con las Obras, Félix Bolaños, el ministro para la transición madrileña Óscar a-por-Ayuso López y el medio ministro, y delegado del gobierno para la demolición de Sol, Fran Martín Aguirre.

Los cuatro -más el presidente, cinco- persuadidos de que el encarecimiento de la vivienda en el país que gobiernan desde hace siete años y medio tiene a la sociedad consternada y a los jóvenes, descreídos. Y los cinco, comprometidos con la construcción de pisos, siempre que sean pisos progresistas edificados en el lado correcto de la Historia. A falta de otras banderas, la vivienda.

Que Gaza estuvo muy bien, el aborto pareció movilizar, lo del fiscal general había removido como nunca las conciencias progresistas y Trump es el villano perfecto para hacer despertar a la izquierda en España pero, al final, aquí lo que defrauda y lo que indigna es lo que cuesta pagarse la casa. Bien visto.

Comprometidos con la construcción de pisos, siempre que sean pisos progresistas edificados en el lado correcto de la Historia

Total, que el gobierno se organizó un vistoso acto de autopromoción inmobiliaria en el que el presidente, naturalmente, hizo un discurso porque no hay visita presidencial sin discurso ni acto sin propaganda. Y ahí dijo Sánchez: vamos a desplegar. Con ele. No, despegar, no, desplegar.

Vamos a desplegar, ¿quiénes? Pues el Gobierno, claro, que quien habla es el presidente. Es verdad que luego salió Sumar, que también era Gobierno, ¿no?, a decir que ni de broma, que con ellos no cuente, que dónde se habrá visto esto de subvencionar con más dinero a los malditos rentistas, que por ahí no pasa ni Yolanda, ni Bustinduy, ni Urtasun, ni Sira Rego aunque los cuatro, por supuesto, seguirán habitando la gran casa del Gobierno porque tampoco están para emanciparse, criaturas, con un 6% del voto y nueve escaños dónde vas a ir sin el PSOE.

Tampoco están para emanciparse

Entiéndase que cada vez que el presidente (sin presupuestos y sin mayoría parlamentaria) menciona estos días la palabra urgencia (estas medidas son urgentes) lo hace para justificar que las apruebe por decreto, es decir, sin pasar primero por el Parlamento. Tendrá que pasar después, para la convalidación, y por eso el anuncio queda bastante diluido al añadirle que es solo una propuesta abierta a la negociación con los socios. Esta es la tuya, Yolanda.

Ocurre con esta medida (o propuesta de medida) que refrescó ayer el presidente que está en sintonía con las recetas de su derecha y está en disonancia con las recetas de su izquierda. La medida ya la había esbozado la ministra hace meses, pero ayer Sánchez remató. Se trata de que el inquilino siga pagando lo mismo, no le suban la renta, pero el casero ingrese un poco más a cuenta del Estado. O sea, bonificaciones fiscales.

Lo que usted, casero, habría añadido a sus ingresos al subir el alquiler a su inquilino, se lo perdona el Estado de su tributación (y así sigue viendo aumentados sus ingresos) pero el inquilino no sufre subida alguna. A Sumar la idea le repugna porque supone premiar fiscalmente a quien renuncia a cobrarle más al inquilino (pero sabiendo que a lo que no renuncia es a tener más dinero).

El PP aplaude a Sánchez

Y ocurre con la medida que quien sí se la aplaude a Sánchez es el PP, en concreto el alcalde de Campamento, o sea, Madrid, José Luis antiSánchez Martínez Almeida.

Sus socios no se lo van a aceptar, pero da igual porque el Consejo de Ministros, si Sánchez se lo propone, aprueba esta y cualquier otra medida por mucho que le desagrade a Sumar. De modo que la pregunta que habría de responder Almeida no es sobre los socios de izquierda que tiene Sánchez, sino sobre su propio partido. Es decir, en caso de que esta medida en concreto llegue al Congreso de los Diputados, se entiende que el PP la apoyará con entusiasmo, ¿no?, si es lo mismo que ellos recetan.

Por una vez Sánchez acierta, Alberto. Entiéndeme, Sánchez lleva gobernando España siete años y medio y la vivienda está inaccesible, pero es que el PP gobierna Madrid desde hace treinta y cinco y si algún sitio se ha vuelto inaccesible la vivienda, es Madrid. En las imágenes de hace veinte años viendo obras en Campamento que ayer exhumó Antena 3 sale Gallardón, que era el Almeida de entonces, alcalde de Madrid y de Campamento. Qué espectáculo.

Siempre será mejor, en todo caso, ver gobernantes debatiendo sobre vivienda que haciendo vídeos ligeros con recomendaciones literarias en TikTok, digo yo. Bienvenido ser el debate sobre cualquier cosa, como dijo ayer el PSOE al ser preguntado por el manifiesto de Jordi Sevilla y sus apóstoles anónimos: San Ignacio, San Eduardo, San Juan, San Emiliano. Mucho más inteligente esta reacción de la monolítica dirección de Ferraz que los tuits llamando traidores o desleales o petardos a quienes discrepan.

La disidencia, en tiempos de Sánchez, era el lado correcto de la Historia. En los tiempos, digo, en los que Ferraz (el aparato) era susanista y el disidente por execelencia era Pedro. Lástima que emborronara tan elegante reacción, la portavoz ocasional del PSOE, Enma López, al lanzarse de cabeza a la fraternal insidia.

No tiene claro si el cambio de rumbo que propone Jordi Sevilla es para no subir las pensiones o el salario mínimo. No lo tiene claro. Pues léete el manifiesto, ¿no?, que tampoco es tanto trabajo, mujer, son nueve folios.