Antes, las noticias del inicio del verano las copaban los atascos en carreteras; ahora, las vías de tren. ¿Qué está pasando en los trenes? ¿Por qué se multiplican incidencias y demoras? La operación salida empezó ayer parada.
15.000 afectados en un solo día por retrasos e incidencias en el ferrocarril. La peor parte se la llevaron los viajeros atrapados en Villaseca de la Sagra, en Toledo. Más de 300 pasajeros pasaron 14 horas en el interior de los vagones, sin comida ni bebida, en medio del campo, en plena ola de calor, con el aire acondicionado, funcionando a ratos y sin información oficial. Las estaciones, mientras tanto, colapsadas de viajeros varados.
Las explicaciones oficiales escasean, al igual que los planes de contingencia para atender a los atrapados. Esta vez, entre tanto tren estropeado, no ha salido el ministro de Transportes (el imputado no, el otro) a decir que quizá hay sabotaje. Nos ahorran las excusas, pero también las explicaciones. Y al menos, el victimismo ferroviario.
No nos están atacando, nos están abandonando. España se ha convertido en la última década en uno de los países que menos invierte en infraestructuras de Europa. Y claro, la red envejece, y se estropea todo el rato.
Entre lo que habrá que revisar, además de las catenarias, están las expresiones sobre trenes. Alguien que "está como un tren" era, hasta ahora, atractivo. Pero como esto siga así, muchas frases van a quedar obsoletas. "Ir como un tren" también: hasta ahora significaba avanzar con energía. Pero al ritmo actual, podría pasar a significar envejecer mal y detenerse a mitad de camino.
Aun así, el tren sigue siendo una gran fuente de metáforas. Qué mejor imagen de una legislatura paralizada, sin presupuestos y bloqueada por la corrupción, que un tren detenido en mitad de la nada, lleno de gente que mira por la ventana esperando a que pase algo que los saque de ahí.
Cuando aumentan tanto las averías, se enfada la gente de todas las ideologías.