Marta García Aller: "Cuantos más cargos dependen del que gobierna, más riesgo hay de corrupción"
Marta García Aller analiza las 15 medidas del plan de anticorrupción del Gobierno, que resultan insatisfactorias para varios analistas, puesto que no terminan de atacar el problema de fondo del sistema español.
Para luchar contra la corrupción, el presidente Sánchez propuso 15 medidas en el Congreso. Ninguna fue que el responsable de nombrar a los corruptos lo pague con el cargo. Ni tira la toalla, ni de la manta.
Le he estado preguntando a expertos en corrupción, a corruptos no, a académicos que han estudiado cómo prevenirla, qué les parecen las medidas de Sánchez contra la corrupción. Y de las 15 medidas coinciden en que algunas, dicen, no están mal. La mayoría no sirve para nada. Y algunas son incluso contraproducentes.
Extender la metodología de los fondos Next Generation puede ser útil (claro, que más útil habría sido crearla hace cinco años). Aumentar las penas y los trámites administrativos en las empresas, no. De las 15 medidas, muchas solo hacen bulto. Una encuesta del CIS sobre corrupción, por ejemplo, no parece que sirva para mucho. Ni crear otra agencia de integridad pública. De hecho, España ya tiene más agencias que ningún otro país occidental con órganos centrales de control de la administración pública, tanto central como autonómica. No es ahí donde está el problema.
Me lo explicaba ayer Víctor Lapuente, catedrático en la Universidad de Gotemburgo, que desde hace años estudia la corrupción. Su conclusión no es que en España seamos más corruptos que los nórdicos, sino que aquí hay más cargos de designación a dedo. Y menos transparencia.
Si España está en el puesto 46 de lucha contra la corrupción en el índice de Amnistía Internacional, por debajo de países como Chile, Estonia y Botsuana, es porque el futuro laboral de muchos de los que deciden los contratos, ya sea en un ministerio o en una diputación, depende más de un partido que de técnicos independientes.
Cuantos más cargos dependen del que gobierna, más riesgo hay de corrupción, porque más riesgo hay de que se sientan impunes o teman perder su trabajo si denuncian alguna irregularidad. Falta independencia y transparencia, sobra burocracia y clientelismo. Los partidos lo ven claro cuando están en la oposición, pero luego llegan al poder y les viene mal cambiarlo.
¿Moraleja?
Ni el presidente tira la toalla, ni su plan anticorrupción da la talla.