Su transformación comenzó en 1998, cuando un bote con refugiados kurdos a bordo se quedó varado en una playa cercana.
El entonces alcalde Domenico Lucano vio una oportunidad después de que sus antiguos habitantes se mudaran al norte de Italia en busca de trabajo. Lucano les propuso que se quedaran en el pueblo y se instalaran en las casas que había abandonadas, "en esta caso sí era posible dar una respuesta transmitiendo un mensaje de humanidad, dando una solución alternativa".
Desde entonces, la llegada de inmigrantes a Italia ha sido incesante, sólo en 2016 lo han hecho 100.000. Unos 450 de ellos procedentes de 20 países viven en Riace, lo que supone aproximadamente un cuarto de la población del municipio. Algunos niños son de Etiopía pero han crecido allí y hablan italiano con fluidez, además de inglés y su lengua nativa. La financiación local ha estimulado la apertura de talleres artesanales donde pueden ganar un sueldo en comercios que estaban condenados al fracaso. Los recuerdos hechos a mano se venden a los turistas.
Hay algunos problemas culturales, por supuesto. No todos los ciudadanos que viven allí están "modo de bienvenida" dicen desde Protección Civil. Y no todos los inmigrantes se han asentado con facilidad. Pero para muchos, Riace es un refugio seguro.