Verónica Sanz convierte el poder, el clasismo y el dinero en el motor de su debut literario con Gente bien
La presentadora y periodista publica su primera novela, una historia ambientada en el Madrid más aspiracional y turbio, donde cuatro mujeres de clase alta, la ambición, la apariencia y el poder económico marcan el pulso del relato.
Verónica Sanz ha dado el salto a la ficción con Gente bien, una novela que nace de su mirada periodística hacia el rastro del dinero, las desigualdades y las tramas de poder. En su conversación con Rafa Latorre en La Brújula, la autora explicó que no quería escribir un tratado ni un ensayo, sino una historia de personajes reconocibles, con un universo de privilegio, apariencia y conflicto social que se mueve entre la seducción del lujo y la incomodidad de lo que hay detrás.
Un Madrid de privilegio
Sanz sitúa la novela en un Madrid muy concreto, el de las familias acomodadas, los colegios caros, las casas perfectas y las conversaciones sobre vacaciones, estética y estatus. La autora explicó que le interesaba retratar ese ecosistema porque detrás de la imagen de perfección se esconden relaciones de poder, clasismo y una fuerte conciencia de clase. “Gente bien” funciona, en su planteamiento, como un retrato de ese mundo y también como una radiografía de sus contradicciones.
Cuatro mujeres, cuatro mundos
La novela se articula en torno a cuatro protagonistas femeninas muy distintas entre sí. Una heredera de una gran empresa de la construcción, una médica que decide emprender en el negocio de la estética, una estrella de la televisión apartada de los focos y una abogada que renuncia a su carrera al casarse con un empresario mucho mayor. Sanz defiende que todas ellas representan distintas formas de privilegio, dependencia o ambición, y que cada una encierra una historia de poder y renuncia.
El dinero como hilo conductor
Durante la entrevista, la autora insistió en que su formación y su experiencia en información económica han influido de forma directa en la novela. Explicó que le interesa “buscar el rastro del dinero para explicar las historias” y que ese enfoque le ha permitido mezclar desigualdad, corrupción, poder y estatus dentro de la ficción. También reconoció que muchas de las tramas están inspiradas en realidades que ha seguido durante años en televisión y que la actualidad le sigue ofreciendo material para nuevas historias.
Sugar daddies y prostitución
Uno de los ejes más incómodos del libro es la relación entre poder, sexo y dinero, a través de la figura del sugar daddy. Sanz defendió que ese vínculo no responde solo a la sexualidad, sino al ejercicio de poder sobre el cuerpo de una mujer. También advirtió de la normalización de prácticas como el sugar dating o ciertas dinámicas de OnlyFans en redes sociales, que, a su juicio, “endulzan” o blanquean formas de prostitución y mercantilización del cuerpo femenino.
Una novela para cualquiera
La autora también se refirió a la etiqueta comercial de novela “para mujeres”, una clasificación con la que no se mostró conforme. Recordó que lleva toda la vida leyendo novelas protagonizadas por hombres sin que nadie las señalara como libros masculinos, y defendió que su historia tiene interés universal. Sanz explicó que inicialmente dudó de ese enfoque promocional, aunque acabó aceptando que el reclamo comercial podía ayudar a llegar a más lectores.
El trabajo de editar
En la entrevista, Sanz explicó que la novela tuvo un proceso de edición importante. Reconoció que escribía con la urgencia de la televisión y que su primera versión transcurría demasiado deprisa. Su editora le hizo ver que la historia necesitaba respirar más, y eso la obligó a ampliar tiempos, ajustar escenas y recolocar la cronología. “Estoy nueva en esto”, admitió, aunque también subrayó que lleva muchos años escribiendo y trabajando con información.
Las joyas de Zapatero
Ya en el tramo más político de la conversación, Rafa Latorre le preguntó por las informaciones sobre José Luis Rodríguez Zapatero y las joyas vinculadas a su entorno. Sanz respondió que la noticia le pareció “una película” y una situación “totalmente irreal”, aunque reconoció que las sospechas sobre el rescate de Plus Ultra venían de lejos. También señaló que el caso tiene un componente casi de relato ficticio por la cantidad y el valor de las piezas mencionadas.