La "despensa del fin del mundo" que puede salvar la alimentación global
El profesor de Biología de Organismos y Sistemas la Universidad de Oviedo, Borja Jiménez-Alfaro, explica la función estratégica del Banco Mundial de Semillas de Svalbard ante posibles catástrofes.
El Banco Mundial de Semillas de Svalbard, conocido como el "arca de Noé" vegetal, ha sido distinguido con el Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional 2026. Para entender la importancia de esta infraestructura clave para la seguridad alimentaria global, Rafa Latorre entrevistó en La Brújula a Borja Jiménez-Alfaro, profesor de la Universidad de Oviedo y director del Jardín Botánico Atlántico de Gijón.
Una "caja negra" para salvar la biodiversidad
Durante la conversación, Jiménez-Alfaro explicó que esta instalación, impulsada por el gobierno de Noruega, responde a la necesidad de preservar la diversidad genética de los cultivos frente a posibles crisis globales. El experto la definió como una gran reserva de seguridad, una especie de "caja negra" donde se almacenan copias de semillas procedentes de bancos de todo el mundo.
El profesor subrayó que, aunque el proyecto moderno arranca en el siglo XXI, la idea de conservar semillas tiene raíces históricas y científicas profundas. Según indicó, esta iniciativa se apoya en décadas de trabajo previo en bancos nacionales, que ya preservaban variedades agrícolas y especies en desuso.
El Ártico, el lugar perfecto
Jiménez-Alfaro destacó que la ubicación en el archipiélago de Svalbard no es casual. Las condiciones de frío extremo y baja humedad permiten una conservación óptima durante largos periodos de tiempo. En palabras del entrevistado, "las semillas para conservarse a largo plazo necesitan básicamente muy baja humedad y también baja temperatura".
El investigador comparó este sistema con métodos tradicionales de almacenamiento, como los hórreos asturianos, señalando que el principio es el mismo: reducir la humedad para prolongar la vida útil del grano. En este entorno, explicó, las semillas podrían conservarse "cientos o incluso miles de años".
La despensa del futuro
El entrevistado también incidió en el tipo de semillas que alberga esta bóveda. Se trata principalmente de variedades agrícolas destinadas a la alimentación, incluyendo muchas que han dejado de utilizarse. Esta diversidad genética resulta clave ante posibles plagas o crisis alimentarias.
Jiménez-Alfaro advirtió de la creciente homogeneización de los cultivos debido a la industrialización, lo que aumenta la vulnerabilidad del sistema alimentario. Por eso, el banco actúa como respaldo global: una "despensa del fin del mundo" capaz de garantizar recursos en caso de catástrofe.
España también aporta su reserva
Durante la entrevista, Latorre recordó que España cuenta con su propio banco de semillas. El profesor confirmó que el centro vinculado al CSIC ha enviado recientemente copias de seguridad a Svalbard, reforzando así esta red internacional de protección genética.
Según explicó, esta estrategia ya ha demostrado su utilidad en situaciones reales, cuando algunos países han necesitado recuperar variedades almacenadas para hacer frente a crisis agrícolas.