ENTREVISTAS EN LA BRÚJULA

Cómo el capitalismo y el comunismo batallaron durante décadas con la cultura como arma

Rafa Latorre entrevista junto a Jorge del Palacio en La Brújula al autor Ramón González Férriz sobre su libro 'La Otra Guerra Fría', quien subrayó que la confrontación tras la Segunda Guerra Mundial no se limitó a los ámbitos político y militar, sino que también fue "una disputa simbólica y cultural de enorme intensidad".

ondacero.es

Madrid |

La Guerra Fría no solo fue un enfrentamiento político, económico y militar entre el bloque capitalista y el comunista, sino también una batalla simbólica en la que ambos sistemas buscaron imponer sus valores y su visión del mundo a través de la cultura.

Esta es la tesis que desarrolla el periodista y ensayista Ramón González Férriz en su nuevo libro, 'La otra Guerra Fría', en el que explora cómo el arte, la música, la literatura o el cine se convirtieron en herramientas clave de la rivalidad ideológica entre Washington y Moscú.

La cultura como instrumento político

González Férriz explicó que "los gobiernos de Estados Unidos y la Unión Soviética gastaron sumas ingentes en promocionar cultura para cohesionar a sus sociedades y ganar adeptos". Según él, "era habitual que un gobierno financiase una ópera o un poema, convencido de que podía impactar en la política mundial".

A juicio del autor, esta lógica hoy "resulta impensable".​

Héroes, disidentes y propaganda cultural

Durante la entrevista, los periodistas plantearon cómo autores como Stravinsky y Nureyev, exiliados de la URSS, se convertían en símbolos del "triunfo capitalista". González Férriz afirmó que el escapismo de figuras del Bolshoi era celebrado en la prensa estadounidense más que una victoria diplomática, destacando el valor propagandístico de la cultura.

Del intelectual al cine y el pop

El autor detalló la transformación cultural: "En los años cincuenta, la literatura y la ópera tenían un peso ideológico fundamental y con los años ese protagonismo lo toman el pop, el cine comercial y figuras como James Bond". Añadió que "la cultura acaba vendiendo los sueños del capitalismo, incluso bajo el disfraz de rebeldía".​

El caso español: modernidad y ambigüedad

González Férriz relató cómo en España el franquismo oscilaba entre el recelo y la necesidad de apertura ante la cultura estadounidense: "En los 60, hasta el Dúo Dinámico se hizo más español para no parecer demasiado americano". La llegada del rock y el pop generó censura y ambigüedad en las elites franquistas, pero la modernidad se fue imponiendo poco a poco.

La rebeldía como producto

Jorge del Palacio destacó el papel de la "rebeldía cultural exportada desde Estados Unidos", y González Férriz sentenció: "La moda, la música y el movimiento juvenil acaban americanizándose, vendiéndose como rebelión y reforzando, muchas veces, los valores capitalistas".

Cultura de masas y sospecha desde la izquierda

El autor abordó la visión crítica hacia el pop y el rock: "Se piensa que perpetúan valores dominantes e individualistas, aunque representen rebeldía". Puso como ejemplo los conciertos de Bob Dylan y David Bowie en Berlín, que, según él, contribuyeron al derribo del Muro y evidenciaron el efecto simbólico de la música occidental.

De la alta cultura al infotainment

González Férriz reconoció que la "guerra cultural" actual ha perdido peso en literatura y música: "Hoy la batalla se juega principalmente en el infotainment y las redes sociales, y la dinámica del mercado prima sobre la del poder político".