Rafa Latorre, sobre la defensa de Sánchez al fiscal general: "Como si fuera un soldado caído en acto de servicio"
Reflexiona en La Brújula sobre las reacciones del Gobierno a la condena al fiscal general, el juicio a Jordi Pujol y el sorpasso de Aliança Catalana a Junts según el CIS catalán.
Madrid |
Miren, aquí sí que hay una crítica muy legítima que hacerle a la Justicia. ¿Tiene algún sentido ponerse a juzgar a un hombre de 95 años que apenas se tiene en pie? Porque lo cierto es que, pase lo que pase, toda la pena de Jordi Pujol será la molestia de asistir desde su casa a la vista que juzgará sus presuntos delitos y los de todo su clan. Tanto se ha demorado este juicio que ya casi le pilla en el otro barrio. Quienes sí pagarán, si tienen alguna responsabilidad, son los nietos del abuelo Florenci.
La Fiscalía sostiene que Pujol y su esposa, Marta Ferrusola , "dirigieron" una batería de "operaciones de ocultación y afloramiento" de las ganancias ilícitas que obtenían a través de pagos de empresarios. Ella murió hace un año y él tiene 95 años, así que los que tienen que preocuparse en este presunto clan de ladrones son sus hijos.
Según el escrito de acusación, dos de sus vástagos (Jordi y Josep) "gestionaron" parte de esos beneficios y el resto (Pere, Oleguer, Oriol, Mireia y Marta) se "beneficiaron directa y conscientemente", y "coadyuvaron a su ocultación". Por ello, el fiscal solicita 29 años de reclusión para el primogénito, Jordi Pujol Ferrusola, 14 años para Josep, y ocho años para los otros cinco hijos, que esto parece un cruce entre 'Padre no hay mas que uno' y 'Los Dalton'.
La duda es si Pujol atendería a este juicio, dado su estado físico y cognitivo. Recuerden que un informe forense encargado por la Audiencia Nacional, concluyó que Pujol no se encuentra "en condiciones físicas ni cognitivas" para "poder defenderse de manera autosuficiente" y para afrontar las largas sesiones. Ese documento médico determinó que presenta un "diagnóstico de trastorno neurocognitivo mayor mixto, de tipo Alzheimer y vascular", además de un "deterioro cognitivo moderado" que es "irreversible" y "evolutivo".
Le han preguntado hoy a Pujol en una videoconferencia mantenida con él antes de comenzar el juicio y ha dicho: "Estoy a su disposición para responder lo mejor que sepa, pero muy en forma no estoy".
Con Pujol parece que se extingue también un mundo, el del catalanismo conservador que consiguió engañar durante años a los españoles y al que le bastó un cambio generacional y una crisis financiera para mutar en independentismo secesionista.
Justo hoy, qué sarcasmo del destino, la encuesta de eso que llaman el CIS catalán confirma lo que ya veíamos como inexorable, que es el sorpasso de Silvia Orriols a Carles Puigdemont. Los de Aliança Catalana han multiplicado por diez sus posibilidades electorales y tendrían ya más de un 8%, entre 19-20 escaños, y como los de Junts se desploman caerían incluso por debajo en intención de voto.
A Orriols la ven más indepe, más ultra, más antiespañola, más xenófoba… y va más ligera por la vida sin tanta historia como el pujolismo o el ridículo del procés.
Para Junts ha llegado el momento crítico en que todas sus decisiones se explican por el miedo que le produce una fuerza que amenaza su hegemonía. Es un efecto aún más angustioso que el que afecta al PNV por la pujanza de Bildu. Precisamente este fin de semana, a los lectores del suplemento IDEAS de El País les esperaba una sorprendente tribuna de ese gran pensador llamado Carles Puigdemont. En el suplemento IDEAS. Lo peor de la carta es que en realidad Puigdemont solo le pide a Sánchez que sea coherente y que ya que casi está denunciando lo mismo que denunciaba antaño Junts, ahora se atreva a recetar el mismo tratamiento.
Sin demasiados rodeos le dice que su solución era la ruptura y el reconocimiento del derecho de autodeterminación y tal… En realidad, como el clima es el que es, se entiende que Puigdemont se vea cada vez más integrado en este Gobierno que ataca al Supremo, que denuncia lawfare y que cada vez habla más con la jerga del procés.
Como si fuera un soldado caído en acto de servicio, hasta el mismo presidente le ha dedicado unas palabras en la triste hora del adiós. La verdad es que si no querían que sospecháramos que Álvaro García Ortiz actuaba, no solo inspirado, sino coordinado con el Gobierno en la operación para acabar con Ayuso, esta mala conciencia que demuestra el Gobierno en pleno, con el presidente a la cabeza, solo refuerza la idea de que su implicación es algo más que afectiva.
Queríamos mucho a Álvaro, pero, hombre, esto no es amor es una confesión de connivencia. No olvidemos a Pilar Sánchez Acera.
Pronto habrá un sustituto sustituta para Álvaro García Ortiz, porque el buen Álvaro ha decidido no esperar en la interinidad a que se ejecute su sentencia y quede inhabilitado. Así que ha escrito una carta, la carta a la que se refería Pedro Sánchez, en la que se muestra convencido "de haber servido fielmente a la institución" y añade su respeto escrupuloso a la decisión de los jueces. Dice ahora que quiere proteger a la Fiscalía, lo cual se antoja casi tan tardío como el juicio a Pujol.
En cuanto al mecanismo para el nombramiento del nuevo fiscal general, lo fundamental es proponer un nombre para que pueda ponerse a funcionar. Por el momento, el Ejecutivo ha estado más ocupado en atacar a los jueces del Supremo que tomaron la decisión de condenar a Álvaro García Ortiz y cuyos argumentos conoceremos en los días próximos.
De una forma un tanto melancólica, Alberto Núñez Feijóo pide que se cambien los requisitos para la elección del Fiscal General del Estado. Digo melancólica porque si se modifican los criterios será precisamente en el sentido contrario al que prefiere Feijóo. Basta atender a la persistente propaganda oficialista, que pide un nombramiento epatante, que doble la apuesta y que garantice la misma perruna obediencia al gobierno que ya caracterizó, y condenó, a Álvaro García Ortiz.