Marta García Aller, después del accidente de Urda: "El duelo de las víctimas merece respuestas, aunque no sirva de consuelo"
La periodista de Onda Cero ha lamentado la tragedia ferroviaria que por el momento se ha cobrado la vida de 68 personas y ha provocado centenares de heridos y un número indeterminado de desaparecidos.
Déjame que te cuente que el dolor por la pérdida nos resulta un lugar desconocido hasta que llegamos a él. Anticipamos (lo sabemos) que alguien cercano a nosotros puede morir, pero no imaginamos más allá de los días o semanas inmediatamente posteriores a esa muerte imaginada. Incluso interpretamos erróneamente la naturaleza de esos pocos días y semanas.
Si la muerte es repentina, es posible que esperemos sentirnos conmocionados, pero no esperamos que la conmoción sea arrasadora, que trastorne a la vez el cuerpo y el espíritu. Es posible que esperemos sentirnos postrados, inconsolables, locos por la pérdida, pero no esperamos estar literalmente locos, personas enteras que creen que su marido está a punto de regresar y necesita sus zapatos.
Lo escribe Joan Didion en 'El año del pensamiento mágico'. Un libro que acompaña en el duelo y en la pérdida. Sobre la muerte repentina, la complejidad del dolor y la necesidad de seguir viviendo. 68 personas, al menos, subieron hoy a un tren sin saber que sería su último viaje. Hay 68 muertos, más de un centenar de heridos y un número indeterminado de desaparecidos. Y mucha, mucha incertidumbre.
A las 8.53 de la mañana en Urda (Toledo) un tren de pasajeros de Renfe colisionaba con un Iryo. Tres vagones han caído por un terraplén. Dos trenes de pasajeros han colisionado en la misma línea de alta velocidad en la que tuvo lugar hace 10 meses el accidente de Adamuz (Córdoba).
La pregunta de qué ha pasado, como siempre que hay una tragedia, va encontrando la respuesta más triste en los testimonios de las víctimas, de los familiares, de los servicios de emergencia que llevan todo el día atendiendo a los centenares de víctimas de este accidente ferroviario. Entendiéndolo, asimilándolo, a medida que escuchamos a las víctimas, a los supervivientes, a los que buscan a los desaparecidos. Lo primero son ellos.
La pregunta de qué ha pasado, como siempre que hay una tragedia, va encontrando la respuesta más triste en los testimonios de las víctimas
Y esta noche de incertidumbre, de angustia y duelo, de quienes todavía no tienen noticias de los suyos, es también la noche de las demás preguntas que necesitan respuestas. Los cómos y los porqués. ¿Por qué un ave con 397 pasajeros ha chocado brutalmente contra otro tren detenido en la misma vía con otros 147 pasajeros? ¿Cómo ha podido pasar? Otra vez. El duelo de las víctimas merece respuestas, aunque no sirva de consuelo.