ANAR alerta: las fugas de menores son “medidas desesperadas” ante violencia, acoso o problemas de salud mental
La directora de las Líneas de Ayuda de la Fundación ANAR, Diana Díaz, advierte en La Brújula de que la mayoría de desapariciones de menores no responden a rebeldía, sino a situaciones graves en su entorno.
La desaparición de un menor de 16 años en Roses (Girona) ha vuelto a poner el foco en un fenómeno que cada año deja miles de casos en España. Según los datos, más de la mitad de estas desapariciones son fugas, un término que, como advierte la Fundación ANAR, puede llevar a interpretaciones erróneas. En una entrevista en La Brújula con Rafa Latorre, Diana Díaz, directora de sus Líneas de Ayuda, desmonta esa idea y subraya el trasfondo de riesgo que hay detrás de estas situaciones.
“No son huidas voluntarias, son situaciones límite”
Díaz rechaza el concepto de “huida voluntaria” porque, según explica, transmite una imagen equivocada del menor. “Lo de voluntario da a pensar que es un problema de menor de edad que quiere escaparse porque a lo mejor tiene un problema de conducta o es rebelde”, señala.
Frente a esa idea, la realidad que detectan en el teléfono 116 000 es mucho más grave. La directora de ANAR explica que “en la mayoría de los casos la realidad es bien distinta” y responde a contextos de violencia o sufrimiento. En muchos casos, añade, se trata de “una medida desesperada, irracional”, vinculada a “malos tratos físicos, psicológicos, violencia de género o acoso escolar”.
En este sentido, subraya que los menores no huyen por aventura, sino que “se escapan de una situación para poner final a ese tormento”, aunque eso les expone a nuevos peligros.
Un problema con doble riesgo
La entrevista pone el acento en el riesgo añadido que implica la fuga. Díaz advierte de que los menores afrontan una doble amenaza: por un lado, el entorno del que escapan, y por otro, los peligros a los que se enfrentan fuera.
Aunque muchas llamadas al servicio las realizan los propios menores, también las familias recurren a esta línea en situaciones límite. La responsable de ANAR recuerda que la desaparición de un hijo es “una situación desesperada para la que nadie está preparado”, y destaca que el servicio funciona las 24 horas con atención psicológica, legal y social.
Las primeras horas son clave
Uno de los mensajes más contundentes de la entrevista tiene que ver con la actuación inmediata. Díaz desmonta la creencia de que hay que esperar antes de denunciar una desaparición: “Es un mito, no hay que esperar”.
Insiste en que “cuando desaparece un menor de edad es una situación siempre de alto riesgo” y que “las 24 primeras horas son claves”. Por eso, recomienda actuar de inmediato: “La investigación tiene que empezar cuanto antes y el plazo de tiempo empieza a correr, cada minuto cuenta”.
Salud mental y conducta suicida
La directora de ANAR también vincula directamente las fugas con problemas de salud mental. Según explica, detrás de muchas de estas situaciones hay “problemas muy severos” relacionados con ansiedad, depresión o ideación suicida.
De hecho, señala que la conducta suicida es el principal motivo de consulta en las líneas de ayuda. En ese contexto, las fugas pueden interpretarse como “intentos desesperados de huida y evitación del conflicto”.
“El menor de edad suele escapar de situaciones cuando no sabe qué hacer”, resume, en referencia a un escenario donde confluyen múltiples factores de riesgo.