Entrevista: El humor político
Javier García Vicuña, director de Vaya Semanita, Samuel Zapatero, director de Oregón Tv, y el director de Polinia, Roger Rubio, son entrevistados en el programa de Julia en la onda
Los responsables de los programas de sátira política más emblemáticos de la televisión autonómica —Vaya Semanita (EITB), Oregón Televisión (Aragón TV) y Polònia (TV3)— se reunieron en una entrevista para reflexionar sobre el papel del humor en la sociedad española, los límites de la sátira y los retos que enfrentan desde la periferia mediática.
Veinte años de humor y autocrítica
Javier García Vicuña, director de Vaya Semanita, recordó que el programa vasco lleva más de dos décadas en antena, aunque con algunas interrupciones. "Empezamos en 2003. Ha habido idas y venidas, pero ahí seguimos", señaló. Vicuña destacó el valor de abordar temas delicados, como la violencia de ETA, desde el humor, y cómo esto ayudó a "desengrasar la tensión política" y a que la sociedad vasca pudiera mirarse a sí misma con menos hostilidad y más distancia. "Contribuimos a relativizar, a ver las cosas con sentido del humor, que es lo que falta bastante hoy en día", afirmó.
La periferia como cuna de la sátira
Los tres directores coincidieron en que la sátira política más audaz se produce en la periferia: Euskadi, Aragón y Cataluña. Roger Rubio, director de Polònia, apuntó que "el humor político parece que se está haciendo más en la periferia que en la meseta". Samuel Zapatero, de Oregón Televisión, añadió que aunque en Aragón "pasan menos cosas políticamente", los referentes de Euskadi y Cataluña les inspiran y que el humor les permite abordar todo tipo de temas, aunque a veces con menos repercusión fuera de su territorio.
El reto de traspasar fronteras
La viralidad de algunos sketches en redes sociales ha permitido que el humor periférico llegue a toda España, especialmente cuando los temas trascienden las barreras lingüísticas. Rubio explicó que "cuando tocas a Sánchez o Ayuso, es como un talismán: el sketch se viraliza y aparece en medios estatales". Sin embargo, reconocen que la sátira política a nivel estatal no ha tenido el mismo éxito, y que los intentos de adaptar estos formatos en Madrid han resultado problemáticos, con polémicas recurrentes y menor tolerancia a la crítica.
Presiones, límites y el verdadero poder
Contrario a lo que podría pensarse, los directores coinciden en que han recibido más presiones de empresas privadas y del entorno futbolístico que de los propios políticos. "Hacer un banquero o un presidente de fútbol te cuesta más problemas que a un político", confesó Rubio. Vicuña añadió que en Euskadi "lo más sagrado es la excreción a los equipos de fútbol; lo demás la gente lo tolera". Además, señalaron que el verdadero poder que condiciona la sátira no es tanto el político como el de los patrocinadores y ciertos colectivos organizados, que pueden ejercer presión a través de amenazas de boicot o demandas.
La audiencia, el gran aval
Todos coinciden en que el respaldo de la audiencia es el mejor escudo frente a las presiones externas. "Lo que nos salva es la audiencia acumulada. ¿Quién va a cargarse un programa de éxito?", se preguntó la entrevistadora, recibiendo el asentimiento de los tres directores.
Cabrear a todos, la señal de que el humor funciona
Finalmente, los creadores de estos programas asumen que la sátira política debe incomodar a todos los sectores por igual. "Si ves que cabreas a fanáticos de uno y otro lado, es que lo estás haciendo medianamente bien", concluyó Rubio, resumiendo el espíritu de una generación de humoristas que, desde la periferia, han logrado que la sátira política sea un elemento indispensable del debate público en España.