En Villamanín, el silencio pesa casi tanto como los millones en disputa. Mientras una parte del pueblo apuesta por cerrar el conflicto del Gordo de la Lotería de Navidad aceptando una quita para que todos puedan cobrar, otra se resiste y va más allá del error humano.
Hablan abiertamente de posible estafa, de información oculta y de responsabilidades que, a su juicio, no recaen en los jóvenes de la comisión de fiestas, sino en los adultos que estaban detrás. Son vecinos que creen que no hubo un simple error, sino una maniobra deliberada en la que los jóvenes de la comisión de fiestas estarían siendo utilizados como cortafuegos.
Esta tesis se ha hecho visible en mensajes difundidos en grupos locales tras la tensa reunión vecinal, textos extensos y cargados de acusaciones en los que se apunta a los adultos que gestionaban la comisión. "Aquí hay mucho contando tonterías sin haber estado cinco horas en la reunión", arranca una de esas publicaciones, en la que se cuestiona abiertamente cómo pudieron equivocarse hasta cuatro adultos acostumbrados a manejar dinero, contar décimos y cuadrar cuentas.
Según esta versión, resulta inverosímil que el descuadre de papeletas se deba a un fallo inocente. Se insiste en que la famosa matriz de participaciones apareció días después de que se conociera el premio y se pregunta quién la encontró, por qué no se identifica a esa persona y por qué no se explica con claridad qué papeletas estaban realmente vendidas. "No fue un niño quien la encontró", subraya el mensaje, descartando cualquier responsabilidad de los jóvenes.
Los 'rebeldes' denuncian que se expuso a los chavales, que hubo llantos y escenas de ansiedad, mientras los verdaderos responsables, adultos con peso en la organización, permanecían en segundo plano. "Es muy fácil sacar a los niños al escenario para que se los coma la indignación", señalan.
La sospecha va más allá. Plantean la hipótesis de que algunas papeletas sobrantes se vendieran después de conocerse el premio, incluso a conocidos o familiares, para luego alegar un olvido en la entrega. También se cuestiona que no se muestre documentación que acredite dónde está el dinero ni qué números exactos faltan, algo que, a juicio de estos vecinos, alimenta la desconfianza.
"Si esto es un error, que lo demuestren", reclaman, insistiendo en que aceptar una quita solo tendría sentido con transparencia total. De lo contrario, consideran inaceptable perder ni un solo euro. Para este sector, la clave no está en repartir el sacrificio, sino en que aparezcan los dos millones que faltan y se señale a quienes, según creen, los tienen.