El primer guardia civil que llegó al Alvia una hora después del choque: "No había nadie. Estaban solos"
Arturo Carmona descubrió el "infierno" del Alvia poco después de llegar a la zona para ayudar con el Iryo. Tras esto, informó a Adif de que había muertos y heridos: "No sabían el alcance".
Madrid |
El agente de la Guardia Civil, Arturo Carmona, fue el primero en llegar al Alvia siniestrado y el primero en darse cuenta de la magnitud del accidente. Al principio, él y su compañero llegaron al Iryo donde comenzaron a ayudar a los viajeros afectados por lo que ellos pensaban había sido únicamente un descarrilamiento.
Pero la realidad le golpeó unos minutos después de llegar al Iryo. Según explica en una entrevista con el diario El Mundo, esa llegada se produjo a las 20:30: "Estábamos patrullando por Córdoba capital y escuchamos que enviaban allí una patrulla y dijimos: 'Uf, AVE, un domingo a estas horas...'. Fue un pálpito. Avisamos de que íbamos también. Hablaban de un solo tren, no de dos. Nos hablaban del Iryo solamente. Dijimos a central que íbamos y les pareció bien".
Al llegar, se encontraron a mucha gente deambulando con lesiones visibles, fracturas y heridas abiertas, dos dotaciones de bomberos y ambulancia y vecinos de Adamuz ayudando: "Nos dedicamos a los más graves y los acercábamos a las ambulancias".
El descubrimiento del Alvia: "El infierno"
Y fue ahí cuando algo no les empezó a cuadrar. ¿El motivo? Asegura que vieron en un determinado momento a unas 10 personas con linternas que se aproximaban desde una zona oscura: "Llevaríamos unos 10 minutos en el Iryo. A mí me extrañó: si el tren lo teníamos allí, ¿por qué venía la gente en sentido contrario? Aquello no tenía sentido".
Su compañero y él se acercaron al grupo de personas y les preguntaron de dónde venían: "Y nos dijo: 'Venimos del otro tren, hay otro tren con heridos y fallecidos'".
Según cuenta al citado medio, automáticamente se fueron corriendo por las vías en dirección al Alvia siniestrado y fue entonces cuando vieron lo que él llama "el infierno": "Cuando íbamos ya veíamos cuerpos de gente muerta por ahí esparcidos. Llegamos y había unas 40 ó 50 personas admirables, muy calmados, intentando organizarse. Y veo una niña de seis o siete años. Decía que sus padres estaban muertos. No lloraba, me dejó muy marcado. Como que no se daba cuenta de lo que había pasado".
En la entrevista que en aquel momento no había un solo sanitario ni un guardia ni "nadie" socorriendo al tren más siniestrado. "Estaban solos", asegura.
En ese momento, empezaron a ayudar: a las personas que se habían encontrado organizándose les dijeron que fueran hacia el otro tren para que les atendieran los servicios de emergencias, a los no heridos, que se quedaran pendientes de los heridos mientras ellos buscaban a más gente.
Al principio, llegaron a pensar incluso que el Alvia eran algunos vagones del Iryo que se habían despegado durante el accidente, pero según avanzaban a lo largo de tren se dieron cuenta de la magnitud: "Gritos de gente pidiendo auxilio que venían como de detrás de una valla metálica. Al saltarla como pudimos, nos encontramos con los dos vagones metidos en el talud. Había gente que había saltado por las ventanas y habían quedado encajados contra el talud, y no podían salir. Sacamos a dos o tres personas así, tirando".
Tuvo que informar a Adif de la magnitud del accidente: "No lo sabían"
Carmona explica que mientras estaban socorriendo como podían a la gente del Alvia, un hombre con un "chaleco amarillo" se le acercó identificándose como el maquinista de un tercer tren -el Avlo Madrid-Sevilla con 400 personas que se detuvo a unos dos kilómetros por detrás del Iryo. Desde Madrid le pidieron que caminase por las vías para enterarse de lo que había ocurrido.
"Me tiende un teléfono móvil y me dice que si puedo hablar por teléfono con la central de Atocha. Así que, claro, cojo el teléfono y me dicen: 'Mira, te llamo de Atocha, de la central. Oye, ¿qué está pasando ahí? ¿Nos lo puedes describir, por favor?'. Ellos no sabían cómo estaba aquello en ese momento, me dijeron".
Ahí pudo pasar perfectamente, una hora desde el choque entre ambos trenes.
El agente cuenta a El Mundo que su respuesta a la central de Atocha fue: "Les dije lo que había: un accidente de mucha gravedad, con muertos y heridos. No sabían el alcance". En ese momento, pidió que, por favor, "cortaran la electricidad alrededor" porque había cientos de personas allí y podía haber "más desgracia aún".
Cuenta El Mundo que cuando el maquinista tuvo que volver a su tren y se dio la vuelta, Arturo Carmona enfocó a la vía hacia él y vieron lo "terrible" del accidente: "Bastantes cuerpos tendidos por un lado y otro". Miró a los vagones del talud y sintió "impotencia": "Las manos no traspasan el metal".