¿Se podría hacer realidad 'Jurassic Word' y clonar dinosaurios? Esto dice la ciencia
Tras el estreno de esta nueva entrega de Parque Jurásico, la gran pregunta vuelve a resonar entre espectadores, científicos y curiosos: ¿es posible clonar un dinosaurio?
Madrid |
El pasado 4 de julio se estrenó Jurassic World Rebirth, la nueva entrega de la saga que convirtió a los dinosaurios en iconos culturales del siglo XXI. La película arrasó en taquilla durante el fin de semana, demostrando que el interés por estas criaturas prehistóricas sigue intacto.
El límite biológico, el gran problema
En primer lugar, hay que tener en cuenta que para poder traer a una especie que actualmente está extinta, es esencial tener acceso a su material genético. Y es justo ahí, cuando nos chocamos contra una muralla de millones de años. El ADN, que es la molécula clave para cualquier intento posible de clonación, solo es útil por un tiempo estimado de un millón de años.
Si sobrepasa ese tiempo, como en este caso los 66 millones de años que han pasado desde que desaparecieron los dinosaurios, ya entra directamente a un terreno casi imposible.
¿Por qué ocurre esto?
La razón de esto es muy simple, el ADN se degrada. Según diversos estudios, el tiempo de vida medio de este 521 años, lo que significa que se va rompiendo progresivamente hasta desaparecer por completo. En el mejor de los casos, unos 6,8 millones de años después de la muerte del organismo. Muy lejos de las cifras que manejan los fósiles jurásicos.
Ni mosquitos congelados, ni milagro científico
La idea que proporciono Spielberg de la extracción del ADN desde un mosquito fosilizado, suena genial como un argumento cinematográfico, sin embargo, esto aplicado en un laboratorio no funciona. La ciencia ha desmentido rotundamente esta teoría propuesta por Jurassic Park, ya que, ni los insectos atrapados en resina conservan ADN utilizables, ni contamos actualmente con la tecnología para reconstruir un genoma completo a partir de restos antiguos.
Además, hay que tener para clonar, necesitaríamos una especie viva genéticamente próxima que actúe como madre sustituta o portadora del embrión. En el caso del mamut, tenemos al elefante asiático. Para los dinosaurios, no hay equivalente directo.
¿Y si el pasado no estuviera tan muerto?
Es en este punto donde entra la polémica. Ya que, aunque el ADN no ha resistido el paso de los milenios, algunos estudios han encontrado indicios de proteínas fosilizadas que podrían sobrevivir más tiempo. Se han hallado secuencias de colágeno en fósiles de hace 68 millones de años, incluso pigmentos y moléculas en restos de dinosaurios emplumados como el Sinornithosaurus, que vivió hace 125 millones de años.
También se han podido detectar estructuras proteicas corrugadas en plumas fósiles muy similares a la beta-queratina, presente hoy en las aves. La conclusión de esto sería que aunque el ADN haya desaparecido, parte de la química molecular de los dinosaurios aún persiste en el tiempo.
La fosilización lo cambia todo
Entonces, ¿Por qué no podemos extraer ese material y clonarlos igualmente? Porque los dinosaurios no están conservados, están fosilizados. Lo que son sus huesos, no contienen ese tejido original, han sido mineralizados durante millones de años, convertidos en piedra a través del proceso conocido como permineralización. En este los minerales sustituyen las células poco a poco hasta que ya no queda nada biológico.
Pero aunque encontráramos fragmentos de ADN en un fósil, probablemente serían muy cortos y no nos darían información útil sobre una especia.
El sueño del Chickenosaurus
Sin embargo, hay quienes se niegan a aceptar un no por respuesta. Uno de los nombres clave es el paleontólogo Jack Horner, asesor científico de Jurassic Park, que lleva años intentando despertar los genes dormidos de los dinosaurios a través de sus descendientes vivos, que son las aves.
"Las aves son dinosaurios y llevan su mismo ADN", ha afirmado. Su idea no es clonar un T-Rex, sino manipular embriones de gallina para reactivar genes ancestrales que desarrollen dientes, garras y colas primitivas. En otras palabras, modificar una gallina para que se parezca a un pequeño dinosaurio. Aunque prometió en 2012 que lo lograría en cinco años, el proceso ha resultado más complejo de lo previsto. Hasta ahora, el dinosaurio de laboratorio no ha nacido.