CURIOSIDADES

El nombre que solo tienen 28 personas en toda España

Con el paso del tiempo evoluciona todo, incluso los nombres. Lo que antes resultaba llamativo o atractivo ahora puede parecer anticuado, pero no por ello menos real y original.

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Madrid |

Personas caminando por la calle en Madrid, España. | Pexels

La herramienta forma parte de la estadística de nombres y apellidos más frecuentes que el Instituto Nacional de Estadística (INE) elabora a partir de los datos del padrón. Permite consultar tanto nombres de pila como apellidos, y devuelve el número de personas que los llevan y su edad media. Basta con escribir el propio para tener un retrato bastante fiel de la generación a la que uno pertenece sin haber dado ningún otro dato.

Los nombres que se apagan

Un nombre con una edad media de ochenta y cuatro años no significa que sea antiguo. Significa que sus últimas portadoras nacieron hace más de ocho décadas y que desde entonces prácticamente nadie ha vuelto a elegirlo.

En esa lista aparecen nombres como Acracia, Crescenciana, Frumencio o Valerico, todos con medias de edad por encima de los ochenta. Son nombres que existieron, que fueron habituales en su momento y que ahora sobreviven en un puñado de personas mayores.

Pero hay algo casi arqueológico en esa estadística. Acracia, por ejemplo, remite a un momento político muy concreto de la España de principios del siglo XX; ahora solo 28 mujeres llevan este nombre. Los nombres registran la historia del país con la misma fidelidad que un archivo, solo que nadie los lee así.

Y los que ganaron por goleada

En el extremo opuesto están los nombres que se repitieron hasta la saciedad durante décadas. María del Carmen encabeza la lista femenina con más de 600.000 mujeres, seguida de Ana María, Laura, María Pilar, María Dolores e Isabel, todas por encima de las 200.000.

Entre los hombres, Antonio ocupa el primer puesto, con Manuel, José y Francisco pisándole los talones y cifras que van de los 400.000 a los 500.000.

Con los apellidos ocurre algo parecido, pero a mayor escala: detrás de García y Rodríguez aparecen González, Fernández, López, Martínez y Sánchez, todos ellos en torno al millón de personas o por encima de las ochocientas mil.

En este apartado aparece una capa más, y es la geográfica. La estadística del INE permite ver cómo se reparten por provincias, y el resultado es un mapa bastante elocuente de los movimientos de población del último siglo.

Hay apellidos que siguen concentrados casi por completo en su comarca de origen y otros que se han repartido por todo el país siguiendo las rutas del éxodo rural de los años cincuenta y sesenta. Un apellido gallego con presencia fuerte en Barcelona o en Bilbao no cuenta una historia distinta de la que cuentan los censos de emigración interior.

Para quien tenga curiosidad genealógica, ese cruce entre provincia de residencia y provincia de nacimiento es el punto de partida más barato que existe antes de meterse en archivos parroquiales.

Qué se puede hacer con eso

El uso evidente es buscarse a uno mismo, y es un pequeño vicio: pocos resisten la tentación de comprobar cuántos tocayos tienen y si su nombre está en ascenso o en retirada. Pero la herramienta da más juego del que parece: sirve para comprobar si un nombre que se está barajando para un recién nacido es tan original como se cree, o para entender por qué en una familia se repiten ciertos nombres cada dos generaciones.

La consulta es gratuita y no exige registrarse. Está disponible en la web del INE, dentro de la sección de apellidos y nombres más frecuentes.