ADICCIONES

Nitazenos, la nueva droga que ya es más letal que el fentanilo: "Es una trampa del diablo"

Lo más alarmante es que muchos usuarios ni siquiera están consumiéndolos.

Samuel de la Fuente

Madrid |

Nitazenos, la nueva droga que ya es más letal que el fentanilo: "Es una trampa del diablo" | Pexels

Lo que hace apenas unos años parecía impensable ya está ocurriendo: una droga aún más letal que el fentanilo se ha colado en los mercados de opioides de Europa y amenaza con provocar una crisis de salud pública sin precedentes. Se trata de los nitazenos, una clase de opioides sintéticos tan potentes que incluso cantidades microscópicas bastan para matar.

Una pandemia que ya ha comenzado

Aunque hasta ahora era Estados Unidos quien cargaba con el drama del fentanilo, Europa se enfrenta hoy a su propia pesadilla. Países como el Reino Unido, Estonia o Irlanda ya registran muertes masivas por sobredosis, y los datos son solo la punta del iceberg. En solo año y medio, 400 personas murieron en Reino Unido por consumo de nitazenos.

"Se trata probablemente de la mayor crisis de salud pública para las personas que consumen drogas en el Reino Unido desde la crisis del sida en los años 80", alerta Vicki Markiewicz, directora de Change Grow Live, una de las organizaciones clave en el tratamiento de adicciones.

Lo más alarmante es que muchos usuarios ni siquiera saben que están consumiéndolos. Aparecen camuflados en pastillas falsificadas, drogas recreativas o incluso en aerosoles nasales. Las autoridades reconocen que los informes toxicológicos apenas detectan estos compuestos, por lo que el número real de víctimas es, con toda seguridad, mucho más alto.

Una trampa del diablo

En marzo, 31 personas sufrieron sobredosis en pocos días en Camden, al norte de Londres. Tina Harris, de 41 años, fue una de ellas. Compró una bolsa por cinco libras pensando que era fentanilo. "Me dijo: ten cuidado porque es fuerte. Pensé que solo estaba vacilando". Al poco tiempo de fumarla, se desmayó. Sobrevivió gracias a un amigo que le administró naloxona mientras llegaba la ambulancia. Desde entonces, ha tenido que salvar la vida de otros dos amigos. "Es una trampa del diablo", resume.

Un dolor personal que se convierte en investigación

Pero hay casos aún más desgarradores. En verano de 2023, la policía llamó a la casa de Anne Jacques para comunicarle la muerte de su hijo Alex, un prometedor cantante de ópera de 23 años. Había tomado unas pastillas de Xanax que, según descubrió su madre meses después, estaban contaminadas con nitazenos. "Básicamente tuve que investigar la muerte de mi propio hijo", recuerda. "Te sientes como si hubieran asesinado a tu hijo".

El negocio detrás de la tragedia

Todo esto responde a una lógica perversa, los traficantes compran nitazenos baratos, los mezclan con cafeína o paracetamol y los venden como si fueran heroína o analgésicos, generando beneficios enormes con dosis ínfimas. "Compran nitazenos potentes a bajo precio y los mezclan con agentes de aumento de volumen como la cafeína y el paracetamol para reforzar el producto vendido y obtener importantes beneficios", explica Charles Yates, subdirector de la Agencia Nacional contra el Crimen del Reino Unido.

Detrás, los laboratorios clandestinos y los proveedores asiáticos, especialmente de China, venden estas sustancias en plataformas web sin ningún tipo de filtro. Algunas webs incluso utilizan imágenes de chicas jóvenes como perfil comercial y prometen a los compradores que los pedidos llegarán a Europa sin pasar por aduanas.

Lo peor está por venir

La comunidad científica teme que la expansión de los nitazenos solo esté empezando. El colapso del cultivo de amapola en Afganistán ha reducido la producción mundial de heroína, y eso podría provocar que muchas mafias internacionales llenen el vacío con nitazenos.

"Si grandes grupos criminales como las mafias albanesas, los grupos criminales turcos o los grupos italianos o mexicanos se dedican a suministrar nitazenos a Europa a gran escala, podemos prever una catástrofe masiva en la sanidad pública", advierte Vanda Felbab-Brown, de la Brookings Institution.