Hablar del tiempo solía ser inofensivo. Un tema para cambiar de tema, un lugar de encuentro. Ya no. Ahora hablar del tiempo es hablar de inundaciones, de carreteras cortadas, vientos fuertes y mala mar. De fenómenos climáticos cada vez más extremos. La última borrasca, Leonardo, ha dejado calles que parecen ríos y ríos que parecen mares. Hay miles de desalojados en Andalucía y una desaparecida.
Qué impresionantes las imágenes del agua saliendo a borbotones de las paredes en la sierra de Cádiz porque la tierra ya no puede absorber más. En las calles de Grazalema el agua les llegaba hasta las rodillas. Los vecinos dejaron de achicar con cubos y cepillos cuando vieron que no servía de nada. El agua no entraba en las casas brotaba de ellas.
Lo hablaba ayer con Roberto Brasero, que se pasó el día avisando del temporal en Antena3 y dando los consejos de Protección Civil para ponerse a salvo. Algo ha cambiado desde la tragedia de la dana de Valencia en octubre del 24. Tanto autoridades como población tomamos los avisos mucho más en serio. Nos va la vida en ello.
Y dar el tiempo ya no es solo ponerse frente un mapa a repartir nubes y soles. Es informar de fenómenos climáticos cada vez más extremos. A veces son lluvias, a veces sequías e incendios. Nos estamos tropicalizando. Hay 14 ríos andaluces en rojo, un riesgo extremo que se extiende a 10 embalses. Y seis comunidades en alerta naranja.
¿Y sabes qué les está pasando a los que nos informan del tiempo, de cómo ponernos a salvo y qué precauciones debemos tener? Pues cada vez reciben más amenazas y mensajes de odio por ello. Me lo contaban Brasero y el meteorólogo Martín Barreiro esta semana en Pausa. Explicar el cambio climático es suficiente para recibir amenazas de muerte en redes. El 25% de los mensajes en redes a la AEMET son hostiles. Y hay otro tanto de desinformación. Hasta dar el tiempo es difícil en estos tiempos.
Cuidado con el temporal
y con los que niegan el calentamiento global