El legado que deja Maricarmen a los jóvenes que luchan por una vivienda digna: "No les importamos; o nos organizamos, o cuando tengamos 87 años, nadie nos va a ayudar"
Miles de personas despedían entre gritos de indignación y cánticos a la mujer de 87 años que se ha convertido en símbolo de la crisis de la vivienda en España al ser desahuciada.
Maricarmen hubiera firmado esta semana el contrato que le hubiera permitido volver al piso en el que residió durante 70 años. Pero no volverá. El miércoles 23 de septiembre salió en camilla del que había sido su hogar y nunca volvió porque este miércoles 7 de abril (dos semanas después) falleció en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid, a 400 metros de un portal que ya es emblemático.
Gritos y cánticos de miles de personas, que han vivido su tragedia como propia, la despedían frente a su casa de siempre. Una casa a la que llegó de niña, en los años 50, a un edificio austero en un barrio de clase media baja, cerca del Parque del Retiro, que entonces estaba cerrado al público, no se podía atravesar y quedaba lejos del centro.
Siete décadas más tarde, a Maricarmen, de 87 años y con una discapacidad del 50%, la desalojaban sin miramientos después de que todo el sistema le fallara. Un fondo buitre que había comprado el edificio le exigía un alquiler más alto que su pensión y, después de un largo proceso, los tribunales ordenaban echarla.
Maricarmen, en junio: "Mi entorno me lo han matado"
No es la primera, ni la última, ni la única víctima de un sistema incapaz de una crueldad injusta aunque sea legal. Marina Martínez Vicens cuenta en Julia en la onda cómo habló con Maricarmen en junio, cuando peleaba contra su penúltimo intento de desalojo.
"No me puedo ir de la zona porque tengo el hospital y el centro de salud aquí. Me arrancan de mi vida. No me puedo ir a Alcalá de Henares, ni a Alcobendas porque mi entorno me lo han matado, no tengo a nadie que conozca, no tengo mis vecinos, ni las tiendas, no tengo nada, me arrancan mi vida", explicó.
La Comunidad de Madrid le había ofrecido una residencia en Alcalá de Henares, pero sus médicos estaban en el Hospital Gregorio Marañón; ella no quería vivir en una residencia y necesitaba tanto su hospital de referencia, como el que había sido su entorno desde la infancia. El temor, durante años, de perderlo todo, la angustiaba.
"Es una crueldad estar viviendo así en estas condiciones"
"Lo que estoy pasando, sufriendo, no se lo pido a nadie por mucho que le odie. Es una pelota que está en el aire. ¿Me puede golpear? Sí. ¿Que no me puede golpear tanto? Pues también. Pero es una espera que, sinceramente, es una crueldad. Estar viviendo así en estas condiciones, que no puedo dormir, que tomo pastillas. Es que no tengo vida. A mí, mi vida me la han matado", aseguró.
El desahucio de junio se paralizó; incluso la ONU le pidió a la jueza que lo suspendiera, pero tres meses más tarde, el lanzamiento se produjo. Y en ese tiempo, su salud se deterioró muchísimo. Pocas horas antes de salir para siempre de su casa, hablaba con laSexta con evidentes signos de agotamiento.
"Aunque yo no gane, sí gano. Ellos que continúen con su lucha para tratar de solucionar esta desagradable situación que tenemos en España todas las personas que no tenemos millones para comprarnos un piso", contó.
El legado que deja Maricarmen en los jóvenes que luchan por una vivienda digna
Ella perdía, pero la causa ganaba un símbolo, un acicate, un impulso para despertar. Maricarmen ahora tiene una calle, es un trozo de cartón con su nombre escrito en rotulador. Se la han puesto en la acampada que se estableció en la Puerta del Sol el 26 de septiembre, después de una manifestación multitudinaria por el derecho a la vivienda que se produjo gracias a su impulso.
Allí, en su calle, los jóvenes acampados explicaron qué significa para ellos Maricarmen y cuál es el legado que nos deja:
"Ella ha estado durante años y años peleando para llegar hasta aquí y que estemos todos unidos luchando por lo que es nuestro"; "Maricarmen lo que ha hecho es que nos demos cuenta de que a ellos no les va a importar quiénes seamos, la edad que tengamos, en qué estado de salud estemos. Tenemos que dejar de decir que es lo que hay porque no es lo que hay, porque podemos tener algo mejor y, si no nos escuchan, pues nos haremos escuchar"; "No hay que quedarse en casa. Hay que luchar por nuestros derechos, por lo que es nuestro"; "Sobre todo, por las personas más vulnerables que no pueden defenderse por sí mismas. O nos organizamos entre todos y todas, o llegado el momento cuando tengamos nosotros 87 años, o un tanto por ciento de discapacidad, nadie nos va a ayudar".
"O ponemos remedio o vamos a ir todos muy mal"
Maricarmen tenía claro que la solución tenía que ser colectiva, pidiendo entre todos las medidas para evitar que casos como el suyo se sigan repitiendo sin que a nadie le importe.
"En este país, o ponemos remedio al tema de la vivienda o vamos a ir todos muy mal. Que se hagan contratos indefinidos, que la gente no piense que le van a cortar el cuello cualquier día", explicó.