VIVIENDA

Los jóvenes señalan la vivienda como el origen de su mala salud mental: "No podemos responder con más psicólogas a un problema que tiene su raíz en el precio del alquiler"

El sobrecoste del alquiler, las dificultades para emanciparse y la incertidumbre residencial, causas principales del deterioro emocional de miles de jóvenes, que reclaman abordar las causas estructurales del problema y no limitar la respuesta a un refuerzo de la atención psicológica.

Toño López-Carrasco | Agencias

Madrid |

Imagen de la manifestación del 24 de mayo de 2026 a favor de regular el acceso a la vivienda. | Getty Images

La crisis de acceso a la vivienda se ha convertido en uno de los principales factores de deterioro de la salud mental entre la juventud española. "Habitar la incertidumbre: vivienda, juventud y malestar estructural", informe presentado este martes por el Consejo de la Juventud de España, Oxfam Intermón y Fad Juventud, establece una conexión directa entre el aumento del malestar psicológico en los jóvenes y las dificultades para emanciparse, la precariedad en términos de vivienda y el esfuerzo económico excesivo.

Según el estudio, el 49% de los jóvenes de entre 16 y 24 años y el 42% de quienes tienen entre 25 y 34 años y se ven afectados por la crisis de la vivienda califican su salud mental como regular o mala. Los datos muestran además que cuanto mayor es el esfuerzo económico destinado al alquiler, peor es el bienestar emocional. Entre quienes dedican más del 50% de sus ingresos a la vivienda, la incidencia de problemas de salud mental prácticamente duplica la registrada entre quienes destinan menos del 30%.

Un problema que afecta prácticamente a dos de cada tres jóvenes

Los autores del informe alertan de que el debate sobre la salud mental juvenil no puede desligarse de las condiciones materiales de vida. "No podemos responder con más psicólogas a un problema que tiene su raíz en el precio del alquiler", sostienen, que reclaman abordar las causas estructurales del malestar, entre ellas la precariedad laboral y la falta de vivienda asequible.

La investigación, basada en más de 4.102 entrevistas, revela que el 62,7% de los jóvenes se siente afectado por la crisis de la vivienda. La dificultad para acceder a un alquiler, la imposibilidad de ahorrar y el retraso en la emancipación generan incertidumbre y frustración, hasta el punto de que solo el 15,2% de los menores de 30 años vive fuera del hogar familiar, una de las tasas más bajas registradas a lo largo de la historia.

El informe también destaca que compartir piso o llegar con dificultades a final de mes agrava el impacto emocional. Entre los jóvenes que comparten vivienda, casi la mitad afirma tener una salud mental mala o regular, mientras que los problemas aumentan significativamente entre quienes no logran ahorrar o dedican una parte excesiva de su salario al alquiler.

La publicación llega en un contexto de fuerte tensión en el mercado residencial español. Diversos estudios recientes apuntan a que el precio del alquiler continúa creciendo por encima de los salarios y que la escasez de oferta está dificultando cada vez más el acceso de los jóvenes a una vivienda.

El informe alerta que la escasez de recursos no solo restringe el acceso a la vivienda, sino que también impacta en los aspectos sociales y emocionales de la vida. Por lo tanto, el 39,8% de los jóvenes con carencia material severa dice experimentar a menudo soledad no deseada, una cifra que se acerca al doble de la de aquellos que no enfrentan problemas económicos.

Asimismo, apunta a un "círculo vicioso" entre pobreza y salud mental: la falta de recursos dificulta el acceso a apoyo psicológico, lo que agrava los problemas emocionales. La salud mental de los individuos de 25 a 34 años se deterioró del 7% al 19,3% entre aquellos que dejaron de recibir atención psicológica por razones económicas.

Las organizaciones encargadas del informe reclaman que las políticas públicas de salud mental incorporen medidas de carácter social y económico. A su juicio, ampliar los recursos psicológicos es necesario, pero insuficiente si no se actúa sobre los factores que generan el malestar. La vivienda, concluyen, ha dejado de ser únicamente un problema económico para convertirse en un desafío de salud pública.