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Los trabajos de rescate continúan en Adamuz (Córdoba) mientras avanza, de forma paralela, la investigación para esclarecer las causas del descarrilamiento del tren de alta velocidad de Iryo que terminó invadiendo la vía contigua y colisionando con un Alvia con destino Huelva. Un accidente que ha dejado decenas de víctimas mortales y heridos.
Según fuentes del Ministerio de Transportes y de la propia investigación citadas por distintos medios nacionales, las primeras hipótesis descartan un error humano y también un exceso de velocidad. Los datos preliminares indican que ambos trenes circulaban por debajo del límite permitido en ese tramo, donde la vía admite hasta 250 kilómetros por hora. En el momento del accidente, uno de los convoyes viajaba a unos 210 km/h y el otro alrededor de 205 km/h. También se ha descartado, por ahora, un problema relacionado con el estado del material rodante, ya que los vagones eran prácticamente nuevos y habían superado las revisiones técnicas.
Con estos elementos descartados, el foco de la investigación se ha desplazado hacia la infraestructura. En concreto, los técnicos analizan el estado de la vía, y la principal hipótesis que va tomando forma es la de un posible fallo en la soldadura del carril. Un defecto que podría haber desencadenado un fallo en cadena, provocando el descarrilamiento de varios vagones del Iryo justo en el punto en el que se cruzaba con el Alvia por la vía paralela. El diario ABC señala que la rotura de una soldadura de la vía en el kilómetro 318,7, concretamente la L-10717 número 23117 fue la que causó el descarrilamiento.
En un primer momento, se barajó también un posible problema en un cambio de agujas, pero esta opción ha perdido peso a medida que avanzan las inspecciones. El accidente se produjo en una recta aparentemente franca, lo que refuerza la necesidad de examinar con detalle los puntos singulares de la infraestructura ferroviaria, como soldaduras y desvíos.
En este contexto, el presidente del Consejo General de Ingenieros Industriales, César Franco, ha subrayado que se trata de un caso "especialmente complejo". En declaraciones a Europa Press, ha recordado que en los accidentes ferroviarios graves "casi nunca hay una única causa", sino una cadena de factores que confluyen en un mismo punto. En este caso, ha señalado, no se trata solo de un descarrilamiento, sino de una secuencia de descarrilamiento, invasión de vía y colisión, lo que multiplica la gravedad del siniestro.
Franco ha explicado que, desde el punto de vista técnico, las principales líneas de análisis se centran en dos grandes áreas: la infraestructura, especialmente los desvíos y aparatos de vía, y el material rodante, en particular la interacción entre rueda y carril. Aunque el hecho de que ocurriera en una recta y en un tramo renovado reduce algunas probabilidades, no elimina el riesgo, ya que en alta velocidad los puntos más exigentes son precisamente aquellos donde la geometría de la vía es más crítica.
Mientras los peritos continúan recopilando datos y analizando el frenado de los trenes y el estado del trazado, las autoridades insisten en la prudencia. Todavía no hay conclusiones definitivas y todas las hipótesis se mantienen abiertas. Por ahora, la prioridad sigue siendo el rescate de los cuerpos que permanecen en los vagones siniestrados, la atención a los heridos y el acompañamiento a las familias que siguen esperando noticias de sus seres queridos.