VISITA DEL PAPA LEÓN XIV

La historia de Montse Benavente, la reclusa de Brians 1 que ha recibido el abrazo del papa León XIV: "En prisión volví a creer"

La interna ha protagonizado uno de los momentos más emotivos de la visita del pontífice a España a la cárcel catalana al relatar su experiencia reencontrándose con Dios tras la pérdida de su hijo.

El papa León XIV anima a la "reconciliación y cooperación" e invita a abandonar las "narrativas polarizantes"

María Baraza

Madrid |

ondacero.es | EFE/Alejandro García

El centro penitenciario Brians 1 de Barcelona, ha sido el escenario de uno de los encuentros más íntimos del papa León XIV en su segundo día en Cataluña. Esta visita ha tenido como objetivo que el papa entendiese las realidades más complejas de la sociedad y, además, escuchar en primera persona distintos testimonios de los reclusos. Entre estas intervenciones ha destacado la de Montse Benavente, ya que esta última confesó previamente a EFE su deseo de romper con el protocolo del Vaticano y darle un abrazo al pontífice.

El momento central de este acto ha sido cuando Montse ha tomado la palabra frente al Santo Padre y, durante su participación, la reclusa ha compartido una dura experiencia marcada por lo que ella misma ha calificado "el silencio de Dios". Este silencio, en palabras de Montse, fue para ella un bache existencial debido a tener que enfrentarse a la muerte de su propio hijo, ya que, además, le ha confesado al pontífice que no creía en Dios. La interna ha reconocido que le costó mucho tiempo comprender que Dios no era el culpable de sus tragedias y, mucho menos, del fallecimiento de su hijo. Aunque, ha afirmado que fueron los muros de la prisión los que le hicieron reconciliarse con la fe y, también, con la ayuda del padre Jesús Roy.

Un final de condena con un "regalazo"

Con una mirada atenta por parte del papa León XIV, la reclusa Montse Benavente ha detallado otra experiencia personal durante su estancia en Brians. Montse ha relatado que padecía insomnio y que los médicos no encontraban solución. La reclusa ha narrado cómo una noche, durmiendo con una cruz de madera, consiguió conciliar el sueño durante diez horas. Este hecho, para Montse, supuso la confirmación de que "fue Dios quien me ayudó".

"Ahora solo espero reencontrarme con mi hijo en el cielo y también quiero y espero la libertad. Confío en los planes de Dios", ha concluido emocionada para, posteriormente, fundirse en un abrazo con el Santo Padre. El papa ha obsequiado a Montse y a los reclusos que han intervenido con sus testimonios con un detalle de parte de la Santa Sede.