Madrid |
El veredicto de un tribunal de Los Ángeles puede marcar un punto de inflexión: por primera vez, un jurado ha condenado a dos gigantes tecnológicos —Meta y YouTube— a indemnizar con seis millones de dólares a una joven que desarrolló una dependencia severa desde la infancia. La sentencia de un juzgado de California acredita una adicción con consecuencias clínicas en la salud mental de una menor, ha vuelto a situar en el centro del debate la responsabilidad de las plataformas digitales.
El conocido como "caso Kaley" se ha juzgado en el Tribunal Superior de Los Ángeles tras la demanda presentada por una joven de 20 años que comenzó a consumir contenidos digitales a edades muy tempranas. Según su testimonio, empezó a ver vídeos en YouTube con seis años y a utilizar Instagram a los nueve. Con el paso del tiempo, esa exposición derivó en problemas de ansiedad, depresión y otros trastornos relacionados con la salud mental.
En este contexto, Carlos Alsina ha conversado con María Salmerón, pediatra y presidenta de la Sociedad Española de Medicina de la Adolescencia (SEMA), quien ha subrayado la importancia de abrir este debate. La especialista ha advertido de que el contenido digital está altamente personalizado y diseñado mediante patrones que dificultan la desconexión: "Están priorizando el derecho de la empresa a vender su producto frente al derecho de los ciudadanos a la salud y al neurodesarrollo, especialmente en el caso de los menores".
Están priorizando el derecho de la empresa a vender su producto
Salmerón ha cuestionado la eficacia de las medidas actuales para limitar el acceso de los menores, señalando que las plataformas suelen escudarse en que la adicción no está suficientemente probada. "Las medidas no son suficientes y tampoco las consecuencias para las plataformas si no las cumplen", ha afirmado. Como ejemplo, ha comparado estos controles con una discoteca que simplemente pregunta la edad sin verificarla de forma efectiva.
La experta ha insistido en que, al igual que ocurre con otros productos potencialmente dañinos, debería existir una mayor transparencia sobre sus riesgos: informar claramente de las consecuencias, advertir sobre su impacto en determinadas edades y garantizar mecanismos eficaces para restringir el acceso. En su opinión, los sistemas de diseño de estas plataformas comparten elementos con otras conductas adictivas, como la ludopatía, a través de técnicas de "seducción" o herramientas como el scroll infinito que fomentan la permanencia.
A la hora de identificar una posible adicción en menores, Salmerón ha apuntado al concepto de "uso problemático", que se produce cuando el tiempo dedicado a las redes desplaza actividades esenciales en el desarrollo del niño. "Estamos viendo que ese uso problemático está relacionado con depresión y ansiedad", ha explicado. En consulta, añade, cada vez es más frecuente detectar casos de menores que presentan un fuerte desapego de la realidad: "Estamos viendo niños y adolescentes que se están desconectando de la realidad".