CASO DIANA QUER

Diez años del secuestro de Diana Quer: 497 días de búsqueda y un crimen que sigue latente

Se cumplen diez años de la desaparición de la joven madrileña en A Pobra do Caramiñal. Una investigación, una enorme exposición mediática y la condena a prisión permanente revisable de José Enrique Abuín, 'El Chicle', convirtieron el caso en uno de los episodios criminales más recordados de la última década.

Rafa Sanz del Río

Madrid |

Imágenes de flores en el lugar en el que Diana Quer fue raptada hace diez años (A Pobra do Caramiñal, A Coruña). | Europa Press

Hay desapariciones que se convierten en noticia y otras que terminan formando parte de la memoria colectiva. La de Diana Quer pertenece a la segunda categoría. Durante casi 500 días, la pregunta sobre dónde estaba aquella joven de 18 años ocupó informativos, periódicos y programas de televisión. Su fotografía se hizo familiar para millones de españoles mientras la Guardia Civil buscaba una respuesta que tardaría más de un año en llegar.

Este sábado, 22 de agosto de 2026, se cumplen diez años desde aquella noche de agosto en A Pobra do Caramiñal, A Coruña. Diana salió a las fiestas de Os Pincheiros y emprendió de madrugada el camino de vuelta a la casa donde pasaba las vacaciones con su madre y su hermana. Nunca llegó.

Una década después, el caso ya no está en los titulares diarios. Pero Diana sigue presente en el lugar donde desapareció y en la memoria de su familia. En 2024, A Pobra inauguró una escultura en su recuerdo y en el de otras víctimas de la violencia machista. Mientras tanto, el hombre condenado por su asesinato continúa en prisión cumpliendo una pena de prisión permanente revisable.

Una joven de 18 años que no volvió a casa

Diana Quer tenía 18 años, estudiaba Bachillerato y residía en Pozuelo de Alarcón, en Madrid. Aquel verano se encontraba con su madre y su hermana en la vivienda familiar de Cabío. La noche del 21 de agosto de 2016 salió para acudir a las fiestas De madrugada comenzó el trayecto de regreso. En algún punto de ese recorrido se produjo el encuentro con su agresor.

La investigación posterior permitió reconstruir que el teléfono de Diana recorrió en pocos minutos una distancia que no podía haber hecho a pie. Su terminal dejó de emitir señal después de desplazarse desde A Pobra hacia la zona de Taragoña, en Rianxo.

En las horas posteriores comenzó una búsqueda que terminaría prolongándose durante 497 días.

El teléfono que apareció en la ría

Durante semanas, los investigadores rastrearon caminos, vehículos, cámaras de seguridad y comunicaciones telefónicas. Una de las piezas fundamentales apareció el 27 de octubre de 2016, cuando un mariscador encontró el teléfono móvil de Diana en las proximidades del viaducto de Taragoña.

El hallazgo permitió confirmar que la joven había sido trasladada en vehículo desde A Pobra. La investigación se apoyó entonces en una enorme cantidad de información telefónica para intentar localizar a la persona cuyo móvil hubiera realizado un recorrido compatible con el de Diana.

El nombre de José Enrique Abuín Gey, conocido como 'El Chicle', ya estaba sobre la mesa de los investigadores. Su presencia en la zona y sus antecedentes habían despertado sospechas. Sin embargo, los datos de telefonía introdujeron una contradicción que durante meses dificultó el avance del caso: aparentemente, el teléfono de Abuín había salido de A Pobra por un recorrido diferente al seguido por el móvil de Diana.

Además la mujer de este expresó que estuvo con ella esa noche, dando una coartada al investigado. En abril de 2017, el juzgado archivó provisionalmente la investigación al no existir entonces indicios suficientes para acusar a nadie. La Guardia Civil, sin embargo, no dejó de vigilar a Abuín.

497 días de incertidumbre

El caso avanzó durante meses entre hipótesis, búsquedas y una atención mediática extraordinaria. La imagen de Diana se convirtió en uno de los símbolos de las desapariciones de aquellos años.

La Guardia Civil mantuvo bajo vigilancia a Abuín y trató de comprobar si cometía algún error. El punto de inflexión llegó en diciembre de 2017, cuando "El Chicle" fue detenido por otro episodio: el intento de secuestro de una joven a la salida de una discoteca en Boiro.

La víctima consiguió conservar su teléfono y, accidentalmente, activar una grabación durante el ataque. Los investigadores reconocieron la voz de Abuín y aquella nueva causa permitió detener al principal sospechoso de la desaparición de Diana.

A partir de ese momento, la investigación se concentró en una pregunta decisiva: dónde estaba Diana.

El final de una búsqueda que duró casi 500 días

Abuín había ofrecido diferentes versiones sobre lo ocurrido y sobre el paradero del cuerpo. Tras ese segundo intento de secuestro, los agentes consiguieron sonsacar la verdad a la pareja de 'El Chicle', que cambió de versión y dejó al asesino sin excusa.

Finalmente, el 30 de diciembre de 2017 comunicó a los investigadores que podía indicarles dónde había ocultado a Diana.

Los condujo hasta una nave industrial abandonada en Asados, en Rianxo. Allí había un pozo de agua dulce cerrado con una arqueta.

Durante aquella madrugada, los especialistas de la Guardia Civil localizaron el cuerpo de Diana a varios metros de profundidad. El cadáver había sido lastrado para evitar que saliera a la superficie.

El 31 de diciembre de 2017, España conocía el desenlace de una desaparición que había durado casi 500 días.

La incertidumbre terminaba, pero comenzaba entonces otra etapa: la judicial.

Una condena de prisión permanente revisable

En diciembre de 2019, el Tribunal del Jurado de la Audiencia Provincial de A Coruña declaró culpable a Abuín. La sentencia estableció que había asesinado a Diana con alevosía para ocultar otro delito contra la libertad sexual.

La Audiencia Provincial le impuso prisión permanente revisable, además de otras penas y diez años de libertad vigilada.

El Tribunal Superior de Justicia de Galicia confirmó posteriormente la condena y, en noviembre de 2020, el Tribunal Supremo hizo lo propio. El Supremo consideró que la pena se correspondía con la gravedad de los hechos y confirmó la prisión permanente revisable por el asesinato de Diana.

La sentencia también fijó indemnizaciones para los padres y la hermana de Diana y estableció medidas de protección para ellos.

El caso que cambió la conversación sobre las desapariciones

El caso Diana Quer tuvo además una dimensión que trascendió el crimen concreto. La investigación se desarrolló prácticamente en tiempo real ante una audiencia nacional pendiente de cada nuevo dato.

La fotografía de la joven apareció durante meses en los medios. La investigación policial, las reconstrucciones de sus últimos movimientos y cada avance de las pesquisas se convirtieron en información de primera magnitud.

La desaparición también volvió a poner sobre la mesa la importancia de las primeras horas en una desaparición de alto riesgo y el papel que podían desempeñar las nuevas tecnologías en una investigación criminal. El análisis de los teléfonos móviles, las cámaras de seguridad y los datos de localización se convirtió en una de las claves de la investigación.

Pero el caso también dejó una huella más incómoda como lo hicieron otras investigaciones como las niña de Alcasser: la frontera entre el interés informativo y la exposición de una familia sometida durante meses a una incertidumbre insoportable.