SOCIEDAD

Las cosquillas no entienden de culturas: estas son las zonas del cuerpo dónde más se sienten

Los investigadores de la Universidad de Radboud, Países Bajos, analizaron las respuestas de personas de origen chino, neerlandés y griego y, aparte de la sensibilidad de cada una de las personas de distinta nacionalidad, determinaron en qué zonas del cuerpo se sienten más las cosquillas.

EFE | Paula Gómez Villagra

Madrid |

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Las cosquillas parecen seguir un patrón que no entiende de fronteras. Aunque la intensidad con la que cada persona las percibe puede variar, las zonas del cuerpo que desencadenan esta peculiar sensación se repiten de manera bastante similar entre personas de diferentes culturas.

Los investigadores Ziliang Xiong y Konstantina Kilteni, de la Universidad Radboud de Países Bajos, llegaron a esta conclusión tras analizar las respuestas de 448 adultos de entre 18 y 30 años procedentes de China, Países Bajos y Grecia. La mitad de los participantes eran mujeres y la otra mitad, hombres.

El objetivo era comprobar si la sensibilidad a las cosquillas respondía a un patrón corporal común o si, por el contrario, estaba condicionada por el entorno cultural. Los participantes tuvieron que describir sus experiencias con las cosquillas e indicar en qué partes del cuerpo las percibían.

Las zonas del cuerpo más sensibles: cuello, axilas, abdomen y plantas de los pies

Los resultados dibujaron un mapa corporal sorprendentemente parecido entre las personas de las tres nacionalidades. El cuello, las axilas, el abdomen y las plantas de los pies aparecieron entre las regiones en las que los participantes sentían más cosquillas.

La experiencia, además, parece estar muy extendida. El 98,4 % de los encuestados aseguró haber sido cosquilleado al menos una vez, mientras que el 95,8 % afirmó haber hecho cosquillas a otra persona. A la hora de valorar su propia sensibilidad, un 71 % se definió como moderadamente o muy cosquilloso.

También hubo coincidencias en la reacción. La risa fue la respuesta más habitual en los tres grupos, aunque reírse ante las cosquillas no implica necesariamente que la sensación sea placentera. En realidad, se trata de una respuesta corporal en la que intervienen tanto los estímulos físicos como factores emocionales y sociales.

No todas las cosquillas son iguales

La ciencia distingue entre dos tipos de cosquilleo. Por un lado está la knismesis, que consiste en una sensación ligera, similar a un hormigueo, que puede aparecer ante un roce suave sobre la piel. Por otro, la gargalesis, una reacción asociada a las cosquillas más intensas que pueden provocar una risa difícil de controlar. Esta última tiene además una particularidad, y es que resulta muy complicado provocársela a uno mismo. La explicación está en la capacidad del cerebro para anticipar las consecuencias de nuestros propios movimientos y atenuar la respuesta cuando el estímulo es predecible.

El estudio también apunta a que la sensibilidad podría estar relacionada con la frecuencia con la que una determinada zona del cuerpo entra en contacto con otros objetos o personas. Las regiones que se tocan menos habitualmente tienden a ser más sensibles a las cosquillas, un resultado que encaja con una hipótesis que Charles Darwin planteó hace más de un siglo sobre el posible significado de esta respuesta.

La diferencia entre el cosquilleo y otras sensaciones como el dolor o el placer

Uno de los aspectos más relevantes del estudio es que el mapa corporal de las cosquillas no coincide simplemente con el de otras sensaciones físicas. Los investigadores observaron diferencias sistemáticas entre las zonas relacionadas con las cosquillas y aquellas que los participantes asociaban con el tacto, el dolor o el placer. Esto sugiere que el cosquilleo podría constituir una experiencia somatosensorial específica, con características fisiológicas, neuronales y psicológicas propias.

En otras palabras, que una zona sea especialmente sensible al tacto o al dolor no significa necesariamente que lo sea también a las cosquillas. El cuerpo parece organizar estas sensaciones de una manera más compleja de lo que podría parecer a primera vista.

El misterio de por qué sentimos más cosquillas en ciertas partes del cuerpo

A pesar de identificar un patrón común entre las tres culturas analizadas, los investigadores señalaron que todavía no existe una explicación sobre por qué determinadas partes del cuerpo son mucho más sensibles a las cosquillas que otras.

Ahora bien, la respuesta podría estar en una combinación de factores sensoriales, fisiológicos y psicológicos. El funcionamiento del sistema nervioso, las características de cada región corporal y el contexto en el que se producen las cosquillas podrían contribuir conjuntamente a generar esta reacción.

El estudio plantea además que las cosquillas no pueden entenderse únicamente desde el punto de vista físico. La intención de quien las provoca, la relación entre las personas y el consentimiento pueden influir en cómo se experimenta la sensación, lo que abre la puerta a estudiar su dimensión social.

Los autores del experimento consideran necesario ampliar la investigación a otras culturas para comprobar hasta qué punto este mapa corporal se mantiene. Por ahora, los resultados obtenidos en participantes de origen chino, neerlandés y griego apuntan a que, pese a las diferencias culturales, existe un factor común que todos los seres humanos comparten: hay determinadas partes del cuerpo que están especialmente preparadas para hacernos cosquillas.