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Los campaneros recuperan con Carlos Alsina un lenguaje que todavía suena desde las torres

Las campanas todavía hablan. Lo hacen desde las torres de las iglesias y las catedrales, con un lenguaje que durante siglos comunica fiestas, incendios, funerales, tormentas o llamadas a la oración. En Alcalá de Henares y Mondoñedo, un grupo de campaneros mantiene vivo ese código y trabaja para que las nuevas generaciones vuelvan a escucharlo.

Rafa Sanz del Río

Madrid |

En lo alto de la torre de la Catedral de Alcalá de Henares, el sonido de las campanas convive con una tradición que todavía reúne a jóvenes y mayores. Luis Baldo tiene 29 años y explica que su relación con las campanas empezó cuando apenas era un niño. El sonido lo atrajo desde los primeros meses de vida y, con siete años, tocó su primera campana en Torre Cuadradillo, en la provincia de Guadalajara.

Después llegó Madrid. Luis empezó a tocar en Santa María del Silencio, continuó en la Torre de Santa Cruz y conoció al párroco de San Ildefonso. A partir de ahí, las redes sociales acercaron a más personas a esta afición y el grupo creció hasta convertirse en la Asociación de Campaneros de Madrid.

La asociación cuenta con alrededor de una docena de campaneros inscritos y reúne también a varias decenas de simpatizantes. Su actividad se extiende por distintos puntos de la Comunidad de Madrid, donde los campaneros se organizan por zonas y asumen responsabilidades en diferentes pueblos y ciudades.

Entre ellos está Iván, que tiene 19 años y descubrió las campanas todavía antes que Luis. Su afición empezó a los tres años, en Quintanar de la Orden, donde vive junto a las dos torres del municipio. El sonido de las campanas lo atrajo y, poco a poco, esa afición terminó en el toque manual.

Las campanas cuentan lo que sucede

Para Luis Baldo, las campanas no son únicamente instrumentos que marcan las horas. Son elementos litúrgicos y civiles que comunican mensajes a la población. Durante siglos, sus sonidos anuncian incendios, guerras, horas, misas, procesiones o funerales.

El campanero explica que recuperar ese lenguaje constituye una de las principales tareas de la asociación. Los toques actuales reproducen sonidos que se escuchan en otras épocas y que todavía quedan recogidos en documentos y tradiciones.

En la Catedral de Mondoñedo, Valentín Insua encontró alrededor de 40 toques diferentes en los libros de la catedral. Entre ellos aparecen llamadas relacionadas con nacimientos, fallecimientos, fiestas, tormentas o incendios. Cada situación cuenta con un sonido determinado.

"Hay una infinidad de toques que muchos se perdieron, pero la suerte que por lo menos aquí los tenemos todos recogidos", explica Valentín.

Ese lenguaje todavía conserva una utilidad que va más allá de la tradición. Valentín recuerda que las campanas también pueden servir cuando fallan otros sistemas de comunicación. Un apagón de telecomunicaciones deja a muchas personas sin información, pero las campanas continúan disponibles.

Por eso lanza una petición: "Cuando escuche campanas, que escuche, aunque no las comprenda, pero que intente comprenderlas".

Una tradición que encuentra relevo entre los jóvenes

El toque manual de campanas recibe además un impulso con su reconocimiento como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad en 2022. Valentín considera que esa declaración dio más fuerza a quienes mantienen la tradición.

En Galicia, cuenta, se creó una asociación de campaneros y allí encontró a numerosos jóvenes interesados en esta práctica. El propio Valentín se considera el mayor del grupo, pero destaca la presencia de nuevas generaciones.

"Yo creo que si el relevo está se va a aguantar", afirma.

Luis también forma parte de ese relevo. A sus 29 años, comenzó a tocar con siete. Iván, con 19, empezó con tres. Ambos muestran que la tradición no queda únicamente en manos de quienes llevan décadas subiendo a los campanarios.

En Mondoñedo, además, la tradición familiar continúa. Valentín explica que su familia mantiene el vínculo con las campanas desde el siglo XIX. Su madrina, Pili, tiene 85 años y todavía sube las escaleras del campanario.

Pili recuerda que su relación con las campanas comenzó desde niña. Su abuela inició la tradición, después siguieron sus padres y finalmente llegaron ella y sus hermanos. Durante años, subir al campanario formó parte de la rutina familiar.

"Subíamos pues por lo menos seis veces al día. Sin exagerar", cuenta.

El campanero ya no cobra por su trabajo

La tradición permanece, pero el oficio pierde una de sus características históricas: la remuneración. Luis explica que el campanero recibe actualmente muy pocas oportunidades de vivir de esta actividad. Según cuenta, el último caso que conoce de un campanero que todavía cobra en nómina está en la Catedral de Castelló, donde el Ayuntamiento paga por este trabajo.

Luis defiende la recuperación de la figura del campanero remunerado y considera que el sonido manual de las campanas merece recuperar también ese reconocimiento profesional.

La Asociación de Campaneros de Madrid no funciona como una empresa de mantenimiento. Sus integrantes conocen algunos mecanismos y pueden solucionar problemas puntuales cuando reciben autorización, pero no ofrecen garantías de un trabajo profesional de mantenimiento.

Trece campaneros para cientos de iglesias

El número de campaneros también muestra la dificultad de mantener esta tradición. La asociación cuenta con unos 12 o 13 miembros inscritos, mientras la Comunidad de Madrid reúne 179 municipios y todavía más iglesias.

La organización responde a esa situación mediante responsables por pueblos y ciudades. Cada uno asume una zona y, cuando llega una fiesta mayor o un acontecimiento especial, avisa al resto de campaneros para organizar los toques.

La labor exige además subir a torres y trabajar con mecanismos de gran tamaño. En Alcalá de Henares, la campana mayor, llamada María, pesa 1.522 kilos de bronce. Con el yugo, el conjunto se acerca a los 3.000 kilos.

El esfuerzo físico forma parte del oficio. Luis lo resume con humor: los campaneros no necesitan gimnasio porque las escaleras de las torres ya proporcionan el ejercicio.

Las campanas también pueden avisar de un incendio

Durante la conversación surge una propuesta concreta: recuperar códigos de campanas para avisar de emergencias.

Luis plantea diferenciar un toque de "prevenidos" de otro toque de "fuego". El primero serviría para avisar a la población de que el incendio se acerca y permitiría preparar equipaje, medicinas y otros elementos indispensables. El segundo marcaría la orden de desalojo.

La propuesta parte de una idea sencilla: las campanas todavía pueden llegar allí donde otros sistemas de comunicación fallan.

Valentín coincide con esa posibilidad y recuerda que existen campanas con siglos de historia que todavía funcionan. Su mensaje insiste en la necesidad de conservarlas y, sobre todo, de aprender a escucharlas.

El sonido que une Alcalá de Henares y Mondoñedo

El programa conecta dos catedrales separadas por cientos de kilómetros. En Alcalá de Henares, Luis, Iván y otros campaneros preparan las campanas. En Mondoñedo, Valentín, su madrina Pili y dos peregrinos del Camino de Santiago se preparan para tocar.

Los peregrinos Javier Berrocal y José Carlos López llegan desde Madrid y viven una experiencia que no esperan cuando comienzan el Camino. Javier resume la sorpresa con una palabra: "Maravilloso".

En Mondoñedo, Valentín explica a los peregrinos el funcionamiento de las campanas y los invita a participar en el toque manual. La experiencia, según cuenta, provoca emoción entre quienes pasan por la catedral.

"Lo que encontré aquí es mucha emoción en los peregrinos al poder tocar las campanas, algo que no esperaban y algo que es muy espiritual, realmente", explica.

La tradición también cambia según cada lugar. Valentín señala que cada territorio desarrolla una manera propia de tocar, aunque el significado de los mensajes mantiene elementos comunes. En Mondoñedo, el volteo ocupa un lugar fundamental y la campana conocida como la Pala concentra buena parte de esa identidad.

Para nosotros es nuestro alma

Una tradición que todavía tiene futuro

La escena final reúne a dos catedrales y a varias generaciones de campaneros. Las campanas suenan en Alcalá de Henares y Mondoñedo mientras quienes mantienen esta tradición muestran una actividad que combina memoria, técnica y transmisión familiar.

Luis empezó con siete años. Iván comenzó con tres. Valentín siguió una tradición familiar que llegó hasta él desde el siglo XIX. Pili, con 85 años, todavía sube al campanario.

El sonido que llega desde las torres no pertenece únicamente al pasado. Para los campaneros, forma parte de un lenguaje que todavía puede comunicar y de un patrimonio que necesita personas capaces de conservarlo.

Valentín lo resume en una petición dirigida a quienes escuchan las campanas: "Que escuche, aunque no las comprenda, pero que intente comprenderlas".

Y también deja claro cuál considera que es la responsabilidad de quienes mantienen vivo el oficio: "Nosotros los campaneros y sobre todo la gente joven que tienes ahí al lado, tenemos el deber de preservar este toque manual para la gente que venga atrás".