CUERPO HUMANO

Por qué después de morir el pelo y las uñas siguen creciendo

Para que algo crezca en nuestro cuerpo se necesitan células vivas. Esto significa que deben cumplir una serie de requisitos: que reciban oxígeno, obtengan energía (en forma de glucosa), estén reguladas por hormonas y se dividan de forma controlada.

José Miguel Robles Romero, Universidad de Huelva

Madrid |

Tumba | Pixabay

Es una pregunta muy habitual que aparece en libros, películas o conversaciones, pero la respuesta corta es tajante: el pelo y las uñas no siguen creciendo después de la muerte. Se trata de un simple efecto visual. Vamos a explicarlo paso a paso, como haría un científico… sin perder claridad.

¿Qué necesita una célula para crecer?

Para que algo crezca en nuestro cuerpo se necesitan células vivas. Esto significa que deben cumplir una serie de requisitos: que reciban oxígeno, obtengan energía (en forma de glucosa), estén reguladas por hormonas y se dividan de forma controlada.

Todo eso depende de algo fundamental: la circulación sanguínea. La sangre en movimiento actúa como medio de transporte imprescindible para estas funciones.

Cuando una persona muere, el corazón deja de latir, la sangre deja de circular y las células ya no reciben oxígeno ni energía. Sin estas condiciones, ninguna célula puede seguir creciendo.

¿Cómo crecen el pelo y las uñas?

Aquí está la clave. Mientras que el pelo crece en el folículo piloso, debajo de la piel, las uñas lo hacen en la matriz ungueal, también situada bajo la piel, en la base de la uña. Eso sí, la parte visible tanto del pelo como de la uña está formada por células muertas, llenas de queratina.

En ambos casos, el crecimiento ocurre desde dentro, gracias a células que se dividen constantemente. Cuando estamos vivos, esas células nuevas empujan a las antiguas hacia fuera. Pero cuando morimos, ese proceso se detiene por completo.

¿Por qué parece que siguen creciendo después de morir?

La confusión viene de un fenómeno físico muy sencillo: la deshidratación del cuerpo tras la muerte.

Debemos tener en cuenta que cuando el cuerpo deja de estar vivo suceden una serie de procesos que hacen que la piel pierda agua, se vuelva más seca y se contraiga. Por la misma razón, las encías se retraen y la piel alrededor de uñas y pelo se encoge.

Debido a esto, el pelo parece más largo, las uñas parecen sobresalir más e incluso la barba puede parecer que está “más crecida”.

Pero, en realidad, no ha crecido nada: lo que ha cambiado es la piel que las rodea.

Es como si llevaras una camiseta mojada y, al secarse, se encogiera: lo que está debajo parece más grande, aunque no lo sea.

¿Puede crecer algo del cuerpo después de morir?

En condiciones normales, no. El crecimiento requiere un metabolismo activo y, tras la muerte, dicho metabolismo se detiene.

¿Y justo después de morir? ¿Hay un “último crecimiento”? Algunos estudios han sugerido que, durante minutos u horas, ciertas células pueden seguir funcionando brevemente. Sin embargo, nunca será suficiente para producir crecimiento visible. Además, tampoco es un proceso organizado.

Y, desde luego, no ocurre con el pelo ni con las uñas. La ciencia se basa en mediciones, fisiología celular y biología, y todas ellas apuntan a la misma conclusión: el crecimiento de ambas cosas se detiene en el momento de la muerte.

¿Por qué este mito sigue tan extendido?

Seguramente, existan varias razones. Por ejemplo, es algo que hemos visto muchas veces en películas y series. Además, es visualmente convincente a causa del fenómeno de deshidratación de la piel que explicamos antes.

Por otro lado, se trata de un mito transmitido como “sabiduría popular” y que resulta difícil de desmontar, pues no solemos observar cuerpos en fases tempranas tras la muerte.

El camino del científico

Nuestra pregunta está respondida entonces: contra lo que solemos escuchar, el pelo y las uñas no crecen después de morir. Hemos visto que el crecimiento requiere células vivas y riego sanguíneo. Podría ser, en todo caso, un efecto visual, no biológico, debido a que la piel se deshidrata y se retrae tras la muerte.

Es un ejemplo, también, de cómo la ciencia, muchas veces, no desmonta ideas raras con respuestas complicadas, sino con explicaciones simples basadas en cómo funciona el cuerpo.

Preguntarse “¿qué necesita esto para ocurrir?” suele ser la mejor herramienta.

Y la pregunta que hemos contestado aquí es exactamente el tipo de interrogante que se hace un buen científico: una observación curiosa que parece lógica… hasta que se analiza con detalle.


El museo interactivo Parque de las Ciencias de Andalucía y su Unidad de Cultura Científica e Innovación colaboran en la sección The Conversation Júnior.


José Miguel Robles Romero, Profesor Doctor de la Facultad de Enfermería, Universidad de Huelva

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.