ÉBOLA UGANDA

La ONG española Babies Uganda brinda una segunda oportunidad a los niños ugandeses en pleno brote de ébola

Uganda atraviesa una grave crisis social y humanitaria, mientras el brote de la nueva cepa de ébola Bundibugyo se extiende a nueve casos y un fallecimiento.

Elena Rodríguez Hernández

Madrid |

Audio: Elena Rodríguez Hernández / Imagen: Babies Uganda

La nueva cepa de ébola agrava la situación en Uganda. Ante la falta de recursos y la necesidad de reforzar las medidas de higiene, el país ha tomado decisiones drásticas para la prevención. Se han cerrado las fronteras con República Democrática del Congo y se ha recomendado el uso de mascarillas en la capital, en Kampala.

Amador Gómez, experto en salud pública y brotes epidémicos en África, denuncia que los recortes de ayuda humanitaria por los conflictos afectan directamente a la población y que “el 30% de los centros de salud no cuentan con agua”. Además destaca que “las condiciones higiénicas son excesivamente malas, por lo tanto, las posibilidades de poner en práctica medidas de higiene y medidas de prevención son muy difíciles”. Así como brindar ayuda material o humana, que Florent Uzzeni -coordinador de emergencias de Médicos Sin Fronteras- asegura que “existen varios campamentos grandes para personas desplazadas donde el acceso al agua y a la atención médica es extremadamente limitado”.

Con más del 56% de la población menor de edad, el 25% de ellos sin escolarizar, y el 34% de las chicas forzadas a casarse antes de los 18, la infancia es la más perjudicada según la ONG Acción contra el Hambre. Pero existen proyectos como Babies Uganda que ayudan a los niños ugandeses más vulnerables a tener una segunda vida. Su presidenta, Monserrat Martínez, nos cuenta que los niños van al colegio, tienen sus rutinas, juegan, ayudan también en casa y son súper felices. Para ella son “una familia, un poco grande, pero una familia” con 32 hijos.

Una familia peculiar que se registró en 2012 cuando Monserrat Martínez viajó al país y conoció a una mujer llamada Remy. “Una mujer ugandesa que estaba en un hogar con más de 30 bebés y lo tenía que cerrar por falta de fondos. Le dije que se esperase y no cerrara y cuando volví a España, ese mes, mandé 750 euros”, explica Monserrat.

Desde entonces la ONG no ha parado de crecer y de crear diferentes proyectos como el hogar de acogida Kikaya House, donde Monserrat asegura que los niños viven en un entorno seguro y rodeados de mucho cariño, un centro para niños con discapacidad visual, varios colegios, un centro de arte, una clínica dental o una clínica de atención primaria.