Madrid |
Nepal se encuentra sumido en el caos después de varios días de violentas protestas protagonizadas por jóvenes de la autodenominada 'Generación Z'. La rabia contenida por el bloqueo de redes sociales y la frustración ante el nepotismo político estalló en ataques masivos, con el incendio del Parlamento en Katmandú como símbolo de la caída institucional.
La represión policial y la dimisión de KP Sharma Oli no han logrado frenar la escalada de violencia, que ya ha dejado al menos 25 muertos entre los que se encuentra la esposa del ex primer ministro, además de decenas de heridos, toque de queda indefinido y la evacuación de varios ministros de gobierno.
La jornada más convulsa tuvo lugar en la madrugada del 9 de septiembre, cuando cientos de personas irrumpieron en el Parlamento y prendieron fuego al edificio principal, mientras el Ejército permanecía en actitud pasiva. Simultáneamente, las residencias del primer ministro y de varios exdirigentes y ministros fueron incendiadas, y se confirmó la muerte de la esposa de un ex primer ministro tras quedar atrapada en su vivienda.
Rajyalaxmi Chitraka murió este martes tras sufrir graves quemaduras cuando manifestantes incendiaron su vivienda en Katmandú con ella dentro, según confirmaron fuentes hospitalarias. Chitrakar fue trasladada en estado crítico al Hospital de Quemados de Kirtipur, pero falleció a causa de sus heridas durante el tratamiento.
Las manifestaciones, lideradas principalmente por jóvenes, comenzaron como respuesta al reciente bloqueo de 26 redes sociales por parte del Gobierno, que pretendía frenar las denuncias de corrupción y nepotismo. El uso de munición real por parte de la policía y las numerosas víctimas incrementaron el nivel de la revuelta, con dimisiones en cadena dentro del Gabinete y una oleada de indignación extendida por todo el país.
Bajo consignas como "nepo babies", los manifestantes han denunciado públicamente el enriquecimiento y los privilegios de hijos y familiares de políticos. El cierre de redes sociales, como Facebook, X e Instagram, fue interpretado como intento de silenciar estas críticas, lo que terminó por unificar a distintos grupos en la protesta.
Diversos analistas locales señalan que "el sistema político está cerrado a los ciudadanos y dominado por las mismas familias desde hace décadas".
El Gobierno decretó toque de queda indefinido y cerró el aeropuerto internacional de Katmandú, pero los manifestantes han ignorado estas restricciones y continúan ocupando calles y edificios públicos. El número de muertos sigue creciendo en medio de enfrentamientos, mientras se extiende el temor por una desestabilización a largo plazo.